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tierra), aumentar el ingreso o el consumo del hogar (transferencias constantes de dinero,
alimentos, servicios, etc.) o construir una red de seguridad. Estas últimas actúan como seguros
que reducen la vulnerabilidad y previenen o superan problemas irreversibles, tales como
descapitalización de los activos productivos, las respuestas irreversibles a situaciones de shock y
la potencial pérdida de activos en caso de crisis macroeconómicas o localizadas. Una última
opción es simplemente la emigración a otras áreas urbanas o rurales en busca de mayores
oportunidades. En muchos países de América Latina la reducción de la pobreza rural se ha debido
a que la migración desplaza la pobreza hacia los sectores urbanos. A pesar de su importancia, se
han implementado pocas políticas para optimizar su impacto económico y social. (Köbrich,
Villanueva y Dirven, 2003)
Una visión de esta naturaleza permite afirmar que, la inexistencia de activos en la
cantidad o la calidad (productividad) adecuada, o incluso bajo un control no adecuado, conduce a
una incapacidad de generar ingresos que permitan superar la línea de pobreza. El reconocimiento
de la multiplicidad de activos implica, necesariamente, que los programas consideren sus
particularidades de forma de poder atacar la pobreza desde la perspectiva adecuada. (Köbrich,
Villanueva y Dirven, 2003)
b) Los activos por género
Desde un enfoque de género, se requiere no sólo identificar el comportamiento de los hogares
rurales sino también mirar lo que sucede a su interior y analizar como los activos ya mencionados
y las estrategias de generación de ingresos se distribuyen entre sus miembros, y cuales son las
posibilidades diferenciales de género de acceso, uso y control sobre esos activos de modo de
formular políticas públicas que aseguren un desarrollo más equitativo. En este sentido, hay que
considerar las relaciones de poder, conflicto y negociación que se establecen en los hogares ya
sean de género o generacionales.
i)
El capital humano
Los miembros del hogar
El hogar es una importante unidad de toma de decisiones. Es especialmente así en los hogares
agrícolas, ya que parte de lo producido y el tiempo de los integrantes del hogar (utilizado en
trabajo dentro o fuera de la finca o en esparcimiento) es también consumido por el hogar. En
principio, la producción y el consumo son perfectamente separables y el hogar tratará de
maximizar primero la producción y luego el consumo. Sin embargo, a menudo no es tan así.
Esto pasa cuando el hogar considera que los bienes vendidos o comprados en le mercado son
sustitutos imperfectos del bien producido y utilizado en la finca (un ejemplo de ello son
algunas variedades de maíz en México), y/o el hogar enfrenta brechas importantes entre el
precio de compra y el precio de venta (debido a los costos de transacción). Así, en Honduras
y en El Salvador los hogares parecen asignar primero la mano de obra familiar para cubrir la
producción de productos básicos para el autoconsumo y solo en segunda instancia utilizar la
mano de obra “supernumeraria” en empleo fuera de la finca. En especial, se trata a menudo
de mujeres adultas, con mayor educación que el promedio del hogar y que salen a trabajar en
actividades no agrícolas. Sin embargo, manteniendo las demás características iguales, las
mujeres suelen ganar menos que los hombres. En el Salvador, la diferencia es de 29% menos.
(Lanjouw, 2001)