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Proteger un derecho fundamental: la integridad física

Hasta la fecha, Women’s Link Worldwide se ha centrado en un aspecto fundamental de los derechos humanos de la mujer, el derecho a la integridad física. La integridad física está protegida por leyes nacionales e internacionales y engloba distintos aspectos, entre los que se incluyen la violencia contra la mujer en todas sus formas y los derechos sexuales y reproductivos.

La violencia es una de las manifestaciones más tangibles de la injusticia económica, social, política y cultural que sufre la mujer. La violencia contra la mujer adopta multitud de formas, públicas y privadas, y se produce durante todas las etapas de su vida. Existe en el seno de la familia y en el trabajo, así como en instituciones públicas como escuelas, centros de asistencia sanitaria y prisiones. Durante la infancia, las niñas pueden padecer abusos sexuales, una alimentación y una atención sanitaria deficientes y la mutilación genital. Durante la adolescencia siguen sometidas a abusos sexuales, violaciones, explotación sexual y matrimonios forzosos. Las mujeres adultas y mayores siguen enfrentándose al abuso sexual y emocional, a la violación en el seno del matrimonio, al abuso físico durante el embarazo y al confinamiento en sus hogares. Ya sea violencia física o abuso emocional en forma de amenazas e insultos, la violencia contra la mujer provoca graves daños físicos y psicológicos.

El derecho a vivir sin violencia es una de las piedras angulares de los derechos sexuales y reproductivos. La violencia, y en especial la violencia sexual, viola el derecho de la mujer a tener el control sobre su sexualidad y su reproducción, privando a ésta de su derecho a disfrutar de una vida sexual sana y satisfactoria, una parte esencial del bienestar y de las relaciones personales sanas. La violencia sexual, cuando fuerza a las mujeres hacia embarazos no deseados, priva también a éstas de su derecho a una maternidad voluntaria. Además de la violencia, las mujeres se enfrentan a otras muchas amenazas relacionadas con su integridad física y sexual. Las violaciones de los derechos de la mujer en materia sexual y reproductiva van desde la esterilización forzosa, el tráfico de mujeres para su explotación sexual o la mutilación genital a la falta de acceso a una atención sanitaria de calidad, a la educación sexual o a distintas formas de anticoncepción y aborto.

En términos generales, derechos sexuales y reproductivos es una expresión que se refiere al derecho de las mujeres y los hombres a decidir libre y responsablemente sobre las cuestiones relacionadas con su sexualidad y su salud reproductiva. Los derechos reproductivos abarcan asimismo el derecho a decidir sobre el número de hijos y el espaciamiento entre ellos, así como a disponer de los recursos necesarios para ello; el derecho a una asistencia sanitaria de calidad y el derecho a tomar decisiones respecto a su reproducción sin que exista discriminación, coerción o violencia.

Si bien algunos derechos en materia reproductiva están reconocidos a nivel nacional, las leyes internacionales sobre derechos humanos establecen un marco adicional y más desarrollado para hacer frente a las violaciones de estos derechos fundamentales. Por ejemplo, el derecho a la salud es a menudo un derecho constitucional y protegido por las legislaciones nacionales. Aunque las constituciones europeas modernas suelen reconocer, con carácter general, el derecho a la salud, no contienen una mención específica a la salud sexual y reproductiva. Además, las leyes nacionales a menudo garantizan derechos a sus ciudadanos, pero dejan al margen grupos enteros de personas, como son los refugiados o los inmigrantes. Por último, y lo que con frecuencia es la razón más importante para utilizar el derecho internacional: los gobiernos no siempre cumplen con las obligaciones derivadas de la legislación nacional. Por estas razones, el derecho internacional en materia de derechos humanos es cada vez más relevante, incluso crucial, para garantizar la protección de estos derechos fundamentales.