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GÉNERO y CONFLICTOS ARMADOS Informe General
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GÉNERO y CONFLICTOS ARMADOS
Informe General
Amani El Jack

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© Institute of Development Studies - Agosto de 2003
ISBN 1 85864 466 6
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Amani El Jack (autora) es candidata a la licenciatura en Estudios de la Mujer en la Universidad de York, Toronto,
Canadá. Sus áreas de especialización incluyen investigación sobre género y armas pequeñas y livianas (APL). Ha
participado activamente en el proyecto SALIGAD, que es coordinado por el Centro Internacional de Bonn para la
Conversión (BICC) y vigila la disponibilidad y circulación de APAL en los países del Cuerno de África que son parte
de la Autoridad Intergubernamental sobre el Desarrollo (IGAD). Como parte de este proyecto, El Jack condujo
trabajo de campo con mujeres de Sudán para determinar cómo las ideologías de género han afectado la
proliferación de APL en ese país. Entre sus otras áreas de especialización se encuentran las implicaciones de
género del desplazamiento inducido por el desarrollo (DID) y la seguridad humana.
Judy El-Bushra (consultora externa) ha trabajado en el campo del desarrollo comunitario en África durante 20
años, más recientemente especializándose en la investigación sobre género, conflicto y desarrollo. Sus intereses
incluyen el papel que juega la cultura, tal como el teatro, en el desarrollo y la transformación de conflictos.
Anteriormente fue directora del programa de investigación y políticas de la Agencia para la Cooperación y la
Investigación en el Desarrollo (ACORD) y ha escrito extensamente sobre género y conflicto para ACORD, Oxfam y
Alerta Internacional, entre otras organizaciones.
Lata Narayanaswamy (editora) es investigadora en el equipo de BRIDGE. Sus intereses de investigación incluyen
desigualdad de género y pobreza; estrategias de las organizaciones de base comunitaria para combatir las causas
fundamentales de la inequidad y la pobreza, así como el papel de los hombres dentro del paradigma de género y
desarrollo.
Emma Bell (editora) es oficial de investigación y comunicaciones en BRIDGE. Ha escrito y editado una serie de
publicaciones, incluidos informes sobre género y globalización; género y participación; Documentos de Estrategias
para la Reducción de la Pobreza (DERP); VIH/SIDA, y violencia contra las mujeres.
Laura E. Asturias (traductora) es editora de la revista electrónica Tertulia (www.la-tertulia.net) y coeditora de la
publicación feminista La Cuerda (www.geocities.com/lacuerda_gt) en Guatemala.
Nuestro reconocimiento a Susie Jolly, Hazel Reeves y Charlie Sever, integrantes del equipo de BRIDGE, por su
trabajo de edición y sus sustanciales aportes a este informe.
© Fotografías por Jenny Matthews. Jenny Matthews es una fotógrafa documentalista que trabaja con Network
Photographers. Desde 1982 ha estado trabajando en un proyecto mundial sobre las mujeres y la guerra. Muchas de
estas fotografías aparecen en su libro Women and War, publicado por Pluto Press en 2003, y fueron parte de una
exhibición fotográfica sobre el mismo tema en Londres, Reino Unido, con el co-patrocinio de ActionAid.
BRIDGE agradece el apoyo financiero brindado por las siguientes organizaciones: el Gobierno de Canadá a través
de la Agencia Canadiense para el Desarrollo Internacional (CIDA), el Departamento para el Desarrollo Internacional
(DFID) del Reino Unido, el Ministerio para la Cooperación Económica y el Desarrollo (BMZ) de Alemania a través de
la Cooperación Técnica Alemana (GTZ), la Agencia para el Desarrollo Internacional de Nueva Zelanda, la Agencia
Noruega de Cooperación para el Desarrollo (NORAD), el Ministerio de Relaciones Exteriores de Dinamarca, la
Agencia Sueca de Cooperación para el Desarrollo Internacional (Sida) y la Agencia Suiza para el Desarrollo y la
Cooperación (SDC).
BRIDGE fue fundado en 1992 como un servicio especializado de investigación e información sobre género y
desarrollo, dentro del Instituto de Estudios de Desarrollo (IDS) en el Reino Unido. BRIDGE apoya los esfuerzos de
transversalización de la perspectiva de género por parte de formuladores de políticas y practicantes, cerrando las
brechas entre la teoría, las políticas y la práctica con información accesible y diversa sobre género.
Otras publicaciones de la serie Canasta Básica:
Género y Presupuestos, 2003
Género y VIH/SIDA, 2002
Género y Cambio Cultural, 2002
Género y Participación, 2001
Estos paquetes, así como todas las demás publicaciones de BRIDGE, incluido En Breve, pueden ser descargadas
gratuitamente del sitio de BRIDGE: www.ids.ac.uk/bridge. Copias impresas están a la venta a través de la librería
virtual del IDS en www.ids.ac.uk/ids/bookshop/index.html, o disponibles por solicitud a ITDG, 103-105 Southampton
Row, Londres WC1B 4HH, Reino Unido (Tel. +44 20 7436 9761; Fax: +44 20 7436 2013; correo electrónico:
orders@itpubs.org.uk). Una cantidad limitada de copias estará disponible a solicitud para organizaciones basadas
en el Sur (contactar a BRIDGE para obtener más detalles: bridge@ids.ac.uk)

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Índice
Siglas ...........................................................................................................................................................2
Resumen Ejecutivo.....................................................................................................................................3
1. Introducción ............................................................................................................................................6
1.1 ¿Por qué estudiar el género y los conflictos armados? .....................................................................6
2. Comprendiendo el conflicto armado ....................................................................................................9
2.1 Causas del conflicto armado..............................................................................................................9
2.2 Tipos de conflicto armado ............................................................................................................... 10
2.3 Etapas del conflicto ......................................................................................................................... 10
3. Dinámicas de género del conflicto armado ...................................................................................... 12
3.1 Relaciones de género y conflicto .................................................................................................... 12
3.2 Mujeres y conflicto........................................................................................................................... 12
3.3 Hombres y conflicto......................................................................................................................... 13
4. Impactos de género del conflicto armado ........................................................................................ 15
4.1 Desplazamiento forzoso.................................................................................................................. 15
4.2 Violencia basada en género (VBG)................................................................................................. 17
5. Protección de los derechos humanos y promoción de la equidad de género ............................. 23
5.1 Derechos humanos versus seguridad humana............................................................................... 23
5.2 Leyes, resoluciones y convenciones internacionales ..................................................................... 25
5.3 ¿Por qué existen dificultades en la implementación y la aplicación? ............................................. 26
6. Género en las intervenciones relacionadas con el conflicto.......................................................... 29
6.1 Ayuda humanitaria .......................................................................................................................... 29
6.2 Desarme, desmovilización y reinserción (DDR).............................................................................. 32
6.3 Mantenimiento y construcción de la paz ......................................................................................... 34
7. Transversalización de la perspectiva de género y organización de las mujeres ......................... 37
7.1 ¿Qué es la transversalización de la perspectiva de género? ......................................................... 37
7.2 ¿Cómo se transversaliza la perspectiva de género en las intervenciones durante el conflicto y
post-conflicto? ....................................................................................................................................... 37
7.3 Ejemplos de la transversalización de la perspectiva de género en las estructuras post-conflicto . 39
7.4 Organización de las mujeres........................................................................................................... 41
8. Conclusiones y recomendaciones .................................................................................................... 46
8.1 Recomendaciones........................................................................................................................... 46
Referencias .............................................................................................................................................. 51

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Siglas
ACNUDH
Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos
ACNUR
Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados
ACORD
Agencia para la Cooperación y la Investigación en el Desarrollo
APL
Armas pequeñas y livianas
AWCPD
Comité Africano de Mujeres sobre la Paz y el Desarrollo
AWAG
Mujeres y Niñas Abusadas
AWID
Asociación para los Derechos de la Mujer y el Desarrollo
BICC
Centro Internacional de Bonn para la Conversión
CEDAW
Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la
Mujer
CIDA
Agencia Canadiense para el Desarrollo Internacional
CPI
Corte Penal Internacional
CSNU
Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas
DAC
Comité de Asistencia para el Desarrollo
DDR
Desarme, desmovilización y reinserción
DEVAW
Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer
DFID
Departamento para el Desarrollo Internacional, Reino Unido
DID
Desplazamiento inducido por el desarrollo
ECOSOC
Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas
FE
Fuerzas
Estabilizadoras
GTZ
Deutsche Gesellschaft für Technische Zusammensarbeit / Cooperación Técnica
Alemana
ITS
Infección de transmisión sexual
NAWOCOL
Comisión Nacional de Mujeres de Liberia
NRA
Ejército Nacional de la Resistencia
NURC
Comisión Nacional de Unidad y Reconciliación
OECD
Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos
OIT
Organización Internacional del Trabajo
OMS
Organización Mundial de la Salud
ONG
Organización No Gubernamental
ONU
Organización de las Naciones Unidas
PNUD
Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo
RAWA
Asociación Revolucionaria de Mujeres de Afganistán
UE
Unión
Europea
UNIFEM
Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer
UNMIK
Misión de Administración Provisional de las Naciones Unidas en Kosovo
UNTAET
Misión de Administración Provisional de las Naciones Unidas en Timor Oriental
USAID
Agencia para el Desarrollo Internacional, Estados Unidos
VBG
Violencia basada en género

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RESUMEN EJECUTIVO
Los conflictos armados afectan negativamente a las mujeres y los hombres; derivan en desventajas
específicas de género que no siempre son reconocidas o enfocadas por las percepciones comunes
sobre conflicto y reconstrucción que suelen ser ciegas al género. La inequidad de género refleja los
desequilibrios de poder en las estructuras sociales que existen en periodos previos a los conflictos y que
son exacerbados por el conflicto armado y sus secuelas. La aceptación de los estereotipos de género es
una de las principales razones de que persista dicha ceguera.
Percepciones estereotípicas de los roles
Las interpretaciones estereotípicas dan forma a los contextos sociales, políticos, económicos, culturales
y religiosos, siendo a la vez moldeadas por éstos. El conflicto armado alienta la expectativa de que los
hombres irán a pelear y las mujeres los apoyarán desde el ‘frente hogareño’. La percepción popular es
que los hombres son soldados o agresores y las mujeres son esposas, madres, enfermeras,
trabajadoras sociales y trabajadoras sexuales. Es un hecho que son primordialmente los hombres a
quienes se recluta y que mueren en las batallas, en tanto las mujeres conforman la mayoría de las bajas
civiles y sufren en su función de cuidadoras, debido al resquebrajamiento de las estructuras sociales
(Byrne, 1996). Sin embargo, las mujeres son además combatientes, como evidencian los casos de Sri
Lanka y Liberia, y los hombres también son víctimas. Estas realidades tienen, para las relaciones de
género, consecuencias que a menudo pasan inadvertidas y no son resueltas.
Impactos de género del conflicto armado
Los impactos del conflicto armado en las relaciones de género son significativos. El desplazamiento
forzoso y la violencia basada en género (VBG) constituyen dos ejemplos de impactos que no son
resultados inevitables del conflicto armado sino estrategias de guerra deliberadas que desestabilizan a
las familias y comunidades. La violencia física y sexual, en particular contra mujeres, niñas y niños,
ocurre con mucha más regularidad durante el conflicto armado y después de éste. Las mujeres sufren
violación y embarazos forzados, además de ser sujetas a trabajo y esclavitud sexuales forzosos,
frecuentemente a manos de los “mantenedores de la paz”, la policía o las fuerzas de ocupación, tal
como ocurrió en Bosnia. Aunque los hombres son los principales perpetradores de violencia contra
mujeres, niñas y niños, es importante señalar que también ellos son objeto de victimización y violencia,
incluida la violencia sexual.
Leyes e instituciones internacionales
Las diferencias de género están arraigadas en las instituciones públicas y privadas que intervienen para
poner fin a los conflictos armados y construir la paz (El-Bushra, 2000a; Kabeer, 1994). Las
organizaciones internacionales como las Naciones Unidas (ONU), los gobiernos y las organizaciones no
gubernamentales (ONG) varían en lo que se refiere a las mujeres: pueden ignorarlas o asumir un
enfoque neutral de género, o bien tratarlas de manera estereotípica. Otras más miran las mujeres sin
considerar su relativa desigualdad en el contexto de las relaciones de género.
Cuando se utiliza el término ‘género’, a menudo el enfoque tiende a estar sobre las mujeres y las niñas,

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sin tomar en cuenta las formas en que la inequidad de género y los desequilibrios de poder entre
mujeres y hombres exacerban las desventajas para ellas. Los impactos del conflicto armado, tales como
el desplazamiento forzoso y la VBG, no son percibidos como violaciones a los derechos humanos sino
como asuntos culturales o privados en los cuales es mejor no entrometerse. Adicionalmente, numerosos
gobiernos aún deben ratificar los compromisos internacionales diseñados para proteger los derechos
humanos de las mujeres y las niñas durante el conflicto armado y después de éste. La falta de
reconocimiento o de aplicación de las leyes impide cualquier avance hacia la equidad de género.
Transversalizando las preocupaciones de género en la resolución y las intervenciones de los
conflictos
Las intervenciones, tales como la ayuda humanitaria y los programas de desarme, desmovilización y
reinserción (DDR) para ex combatientes, exacerban la inequidad de género cuando son administradas
en formas que no consideran el género. La transversalización de la conciencia de género en las
estructuras que rigen el conflicto armado y la reconstrucción post-conflicto requiere de una mejor
cooperación entre las instituciones internacionales, los Estados y las ONG. Si hemos de construir
sociedades más igualitarias tras los conflictos, es particularmente importante involucrar a las
organizaciones de mujeres en los niveles de toma de decisiones en la formación de estructuras políticas
y legales.
De hecho, las abrumadoras revueltas ocasionadas por los conflictos armados crean el potencial para
redefinir las relaciones de género en el periodo post-conflicto en formas más equitativas al género. Pero
sin un mayor apoyo de parte de las organizaciones e intervenciones que promueven la equidad de
género en todos los sectores, existe el grave riesgo de que los perdurables patrones de la opresión sean
reestablecidos.
Recomendaciones
El informe presenta una serie de recomendaciones:
Asumir el liderazgo desde el plano local: Las intervenciones deben basarse en evidencias del contexto
específico sobre lo que las mujeres y los hombres están haciendo y no en interpretaciones
estereotípicas de roles y relaciones de género que presumen conocer lo que deberían estar haciendo.
Las intervenciones deben involucrar a las organizaciones locales – en particular a los grupos de mujeres
– en capacidades de toma de decisiones. La divulgación y el apoyo diseñados para ayudar a las familias
y las comunidades a adaptarse a los cambiantes roles y relaciones de género deberían ser evaluados a
nivel local a fin de asegurar que sean apropiados a la comunidad o región particular. Los programas de
los Estados y las organizaciones internacionales también deben reflejar las preocupaciones y
prioridades expresadas por las poblaciones locales.
Mejorar la implementación de las leyes internacionales existentes por parte de las instituciones
internacionales y los Estados, particularmente en lo relativo al reconocimiento de los impactos del
conflicto armado, entre éstos el desplazamiento forzoso, el empobrecimiento y la VBG, como violaciones
a los derechos humanos y no como asuntos privados o culturales que son resultados inevitables de la

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guerra. La implementación y aplicación de la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de la ONU
representarían un avance significativo.
Incrementar el financiamiento para servicios especializados que atiendan las distintas necesidades de
mujeres y hombres que sufren los impactos violentos del conflicto armado, tales como violación y
tortura. En el caso de las mujeres, los servicios especializados deben incluir consejería y educación para
manejar los aspectos ginecológicos y de salud reproductiva relacionados con la violación, el embarazo
forzado y el trabajo sexual forzoso. También deberían estar disponibles más servicios de salud y
consejería para aquellos hombres que se apartan de los roles de género masculinos y estereotípicos o
se resisten a la violencia y el combate y, como resultado de ello, se convierten en víctimas de violencia
física y sexual.
Involucrar a las mujeres y brindar capacitación en género: El involucramiento de las mujeres es
necesario, pero no garantiza, por sí mismo, que los asuntos de género serán enfocados o que ellas
automáticamente adquirirán conciencia de género. La capacitación en la identificación y en el enfoque
de las preocupaciones de género es importante para todas las personas involucradas en la
reconstrucción post-conflicto. Los mantenedores de la paz, en particular, deben recibir una capacitación
en género diseñada específicamente, a fin de generar confianza en las comunidades y minimizar la
amenaza de violencia sexual y física proveniente de ellos mismos.
Si carecemos de una comprensión adecuada acerca de cómo están cambiando los roles y las relaciones
de género, ponemos en riesgo la meta de lograr una sociedad sostenible y pacífica tras los conflictos.
Se necesita una mayor cooperación entre todos los actores involucrados en el conflicto y en la
reconstrucción post-conflicto para enfocar los desequilibrios de poder que conducen a la inequidad de
género. Sin pasos sustanciales hacia la equidad de género, no puede existir una paz real o significativa.
Resumen Ejecutivo elaborado por Lata Narayanaswamy
‘Hacia la estación del ferrocarril – el único centro de actividad – en medio de la desolación, la surrealista
escena de 326 mujeres reconstruyendo una estación que carece de trenes ... Son viudas en su mayoría;
los esposos de algunas de ellas han sido llevados a los campos de filtración. Cuando se les pregunta
por qué lo están haciendo, responden que es para que la ciudad exista de nuevo.’
Grozny, Chechnya, 7 de junio de 2000 © Jenny Matthews (Matthews 2003: 178).

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1. Introducción
___________________________________________________________________________________
1.1 ¿Por qué estudiar el género y los conflictos armados?
Los conflictos armados exacerban las desigualdades en las relaciones de género que existían en el
periodo previo al conflicto. El presente estudio explora el impacto de los conflictos armados en las
relaciones de género, analizando las distintas formas en que el conflicto afecta tanto a las mujeres como
a los hombres. Resalta las desventajas específicas de género experimentadas por mujeres y hombres
que son negadas por las interpretaciones convencionales sobre conflicto armado y procesos de
reconstrucción post-conflicto.
Las intervenciones deben dar cuenta de las diversas realidades de las mujeres y los hombres, quienes
pueden simultáneamente jugar los papeles de activistas y madres/padres, soldados y víctimas.
Reconocer y enfocar esta diversidad es vital para el establecimiento de sociedades más sostenibles y
equitativas tras el conflicto. Aunque las mujeres experimentan desventajas en el curso del conflicto
armado, los hombres no necesariamente son siempre los perpetradores y, por tanto, los vencedores, ni
las mujeres siempre perdedoras. Este informe muestra que tanto mujeres como hombres experimentan
el conflicto armado en distintas formas que pueden, a su vez, alterar las relaciones de género.
En todas las sociedades, la desigualdad que las mujeres experimentan durante un conflicto armado y
después de éste se deriva de las interpretaciones dominantes acerca de los roles de género. El ‘género’
se refiere a las percepciones sobre las conductas, la apariencia y las actitudes que se consideran
apropiadas para mujeres y hombres, las cuales surgen de expectativas sociales y culturales. En el
contexto de un conflicto armado, persiste la percepción sobre las mujeres como esposas, madres y
cuidadoras, en tanto de los hombres se espera que sean agresores y soldados. Aunque mujeres y
hombres a menudo sí asumen estas funciones tradicionales, existe en la literatura popular una
tendencia a exagerar el grado al cual desempeñan los roles estereotípicos de género en un conflicto
armado. La realidad es que las mujeres también son activas como soldados y agresoras, mientras que
los hombres pueden ser tanto víctimas como combatientes.
Las relaciones de género, entonces, se refieren a las maneras en que las mujeres y los hombres
interactúan. Un enfoque clave de este informe consiste en explorar el impacto del conflicto armado en
las relaciones de género en términos de cómo son afectadas las dinámicas de poder entre mujeres y
hombres por los distintos tipos de desventajas que el conflicto armado impone. Los análisis existentes
sobre el conflicto armado y la resolución post-conflicto son débiles en varios aspectos – algunos ignoran
a las mujeres, en tanto otros asumen un enfoque que no considera el género, o bien definen el rol de las
mujeres en formas estereotípicas. Otros más miran a las mujeres sin tomar en cuenta las relaciones de
género.

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Cuando el término ‘género’ aparece, su uso a menudo implica que las mujeres (y las niñas) son
predominantemente ‘víctimas’ que atraviesan por circunstancias ‘especiales’ y tienen necesidades
‘especiales’, mientras que los hombres son presentados como los ‘perpetradores’. Sin embargo, el
término ‘género’ no debería ser utilizado de una manera tan limitada. Por el contrario, tendría que
permitirnos comprender que las mujeres y los hombres desempeñan una variedad de roles –
estereotípicos y otros – y examinar cómo los cambios en estas funciones afectan las relaciones de
género.
La desestabilización de las relaciones de género que frecuentemente acompaña a los conflictos
armados y a sus secuelas también abre oportunidades potenciales. Tras las revueltas de una guerra, se
cuenta con una hoja en blanco para empezar de nuevo y plantear preguntas fundamentales acerca del
tipo de sociedad que deseamos y cómo funcionarán en ésta las relaciones de género. Dicho de otra
forma, es un momento en que ‘la revuelta social puede abrir una puerta a los cambios que esperamos’
(Cockburn y Zarkov, 2002: 11). La realidad, sin embargo, es que algunas veces dichos cambios no
llegan, como veremos más adelante en este informe.
A fin de que la revuelta social conduzca a relaciones más equitativas entre mujeres y hombres, es
aconsejable elaborar primero un análisis de género. Esto nos permite identificar la naturaleza de las
relaciones de poder existentes entre hombres y mujeres en una sociedad particular y comprender cómo
el conflicto y sus secuelas afectan esas relaciones. El análisis también resalta el hecho de que los
grupos marginados que no se apegan fácilmente a los estereotipos femeninos y masculinos, tales como
los hombres pacifistas o las mujeres en el ejército, experimentan los conflictos en diversas formas.
Una madre podría ser la proveedora familiar y activista, y este desempeño de roles tanto estereotípicos
como no estereotípicos tiene consecuencias para las relaciones de género en su hogar. Las
intervenciones diseñadas para ayudarla que no sean sensibles al género podrían suponer, por ejemplo,
que sus necesidades se limitan a las de una madre. Este tipo de interpretación niega que las personas,
y las mujeres en particular, asumen múltiples roles y responsabilidades, experimentando una amplia
gama de impactos negativos en tiempos de revueltas sociales.
El análisis de género permite una comprensión más minuciosa de cómo el hecho de que las mujeres
desempeñen múltiples roles simultáneamente afecta las relaciones de género en el hogar y en la
sociedad. El lenguaje de género se aleja de las interpretaciones estereotípicas de lo que las mujeres y
los hombres deberían hacer y lo que deberían necesitar, para aceptar y apoyar lo que están haciendo y
lo que, de hecho, necesitan.
Este informe enfoca las siguientes cuestiones:
Intersecciones de género y conflicto armado. La Sección 2 ofrece una mirada general a los tipos y
etapas del conflicto armado. El análisis continúa en la Sección 3, que cubre las dinámicas de género
del conflicto armado. En la Sección 4 analizamos los impactos de género del conflicto armado,
ilustrados con los ejemplos de la violencia basada en género (VBG) y el desplazamiento forzoso.

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Herramientas para transversalizar la perspectiva de género. La Sección 5 presenta y critica los
marcos teóricos, las leyes internacionales y otras guías utilizadas actualmente para implementar
enfoques al conflicto armado que sean más sensibles al género.
Defensa de enfoques sensibles al género. Mediante el uso de críticas de los capítulos anteriores, la
Sección 6 examina las consecuencias, para las relaciones de género, de la ayuda humanitaria, el
desarme, la desmovilización y la reinserción (DDR) y el mantenimiento y construcción de la paz,
instando a un enfoque más sensible al género en todos los aspectos del conflicto y en la resolución
y construcción de la paz post-conflicto.
Estrategias para el mejoramiento. La Sección 7 brinda una mirada a algunas de las herramientas
prácticas disponibles para transversalizar la perspectiva de género en las instituciones que rigen los
conflictos armados y sus secuelas. Tres ejemplos de programas exitosos de dicha transversalización
ilustran cómo la misma puede ser lograda en la práctica. Finalmente, esta sección analiza las formas
en que las organizaciones de mujeres han respondido a la falta de atención a las dimensiones de
género del conflicto armado. La Sección 8 ofrece conclusiones y recomendaciones para la acción.

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2. Comprendiendo el conflicto armado
___________________________________________________________________________________
2.1 Causas del conflicto armado
Las causas del conflicto armado frecuentemente se vinculan a los intentos por controlar los recursos
económicos tales como petróleo, metales, diamantes, drogas o límites territoriales disputados. En países
como Colombia y Sudán, por ejemplo, la exploración petrolera ha ocasionado e intensificado el
empobrecimiento de mujeres y hombres. Comunidades enteras han sido puestas en la mira y
asesinadas, desplazadas y/o marginadas en aras del desarrollo petrolero. El control de los recursos, al
igual que el ejercicio del poder, está marcado por el género. Quienes carecen de poder o recursos –
grupos desproporcionadamente conformados por mujeres, aunque en absoluto de manera exclusiva –
por lo general no inician las guerras.
Las luchas irresueltas por los recursos, combinadas con el severo impacto del desplazamiento, la
pauperización y una incrementada militarización en las zonas de conflicto, contribuyen a prolongar los
conflictos armados existentes. Más aún, el conflicto tiende a provocar y/o perpetuar las desigualdades
entre grupos étnicos y la discriminación de grupos marginados de mujeres y hombres, propiciando de
esta forma el brote de futuros conflictos.
Conforme el mundo ingresa al siglo XXI, los conflictos armados se tornan más complejos. A nivel
internacional se ha profundizado la desigualdad en la distribución del poder y de los recursos. Tal
disparidad, sumada a las desigualdades estructurales entre las Naciones-Estados y dentro de éstas, ha
conducido a más conflictos regionales, así como a una escalada de los conflictos armados
internacionales. Adicionalmente, la naturaleza misma de las guerras ha cambiado en forma dramática
debido al desarrollo de una tecnología armamentista cada vez más sofisticada. Las naciones han puesto
un mayor énfasis en el incremento y/o refuerzo de la potencia militar. Ello empeora las restricciones
existentes a los derechos de las mujeres, lo que a su vez exacerba las desigualdades en las relaciones
de género.
Al mismo tiempo, conforme una mayor militarización ha limitado aún más los derechos de las mujeres al
interior de los países, la equidad de género ha sido cooptada a nivel internacional para justificar la
intervención militar contra naciones soberanas. La liberación de las mujeres en el opresivo régimen
talibán, por ejemplo, constituyó una de las justificaciones para la invasión contra Afganistán por parte de
los Estados Unidos de América en el año 2001. Sin embargo, en los cinco años previos a la invasión,
hubo una constante falta de consideración hacia la causa de las mujeres, a pesar de los intentos por
parte de organizaciones no gubernamentales tanto locales como internacionales de dirigir la atención a
la violación de los derechos humanos de las mujeres afganas.
En realidad, las intervenciones militares NUNCA son la respuesta para resolver las desigualdades de
género. Los conflictos armados y sus secuelas provocan inequidad de género o bien exacerban las

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desigualdades existentes, que son aún más profundizadas por las divisiones basadas en raza, clase,
casta, sexualidad, religión o edad.
Guerra y justicia para las mujeres... como agua y aceite
La guerra exacerba el sufrimiento de las mujeres. En sus roles como madres, sustentadoras y
cuidadoras, las mujeres invariablemente conforman una gran proporción de las bajas civiles. Las
mujeres en Afganistán, por ejemplo, han constituido la mayoría de personas civiles que resultaron
lastimadas o asesinadas como resultado del mal dirigido bombardeo a viviendas, hospitales y otros
edificios civiles (Malakunas, 2001). La destrucción de los recursos y el envenenamiento de las granjas
han puesto en peligro las vidas de todas las personas civiles (Edwards, 2001). Adicionalmente, aunque
las mujeres asumen roles no estereotípicos como combatientes, formuladoras de políticas y/o jefas de
hogares, los intentos por hacer escuchar sus voces en procesos oficiales son a menudo ignorados.
Pocos recursos se hacen disponibles para enfocar y prevenir las violaciones específicas de género tales
como la violación y el matrimonio forzado.
2.2 Tipos de conflicto armado
Distinciones entre conflictos internacionales/interestatales y nacionales/civiles han sido elaboradas por
varias personas académicas (Byrne, 1996). Recientes reflexiones sugieren, sin embargo, que la
contextualización de estas distinciones es crítica para asegurar que los impactos de género sean
considerados plenamente. Es importante reconocer que la naturaleza de los conflictos nacionales/civiles
no sólo es interna sino también transnacional, toda vez que éstos tienen lugar dentro de un contexto
internacional particular.
Indiferentemente de cuál sea el tipo de conflicto, el concepto de que los hombres van a pelear al ‘frente’
y las mujeres permanecen seguras en el hogar con sus hijas, hijos y personas mayores no refleja la
realidad de la guerra. De hecho, la distinción entre zonas de ‘conflicto’ y zonas ‘seguras’, en la que el
hogar y el lugar de trabajo son vistos como seguros, es un antiguo mito y ha sido problematizado por
feministas desde hace algún tiempo (Byrne, 1996; Cockburn, 1998; El Jack, 2002; Giles y Hyndman, en
prensa). En zonas de conflicto, la guerra les llega a las mujeres mientras trabajan en su tierra. La guerra
pone sus hogares en la mira – secuestrándolas, desplazándolas y/o asesinándolas junto a sus hijas e
hijos (El Jack, 2002).
2.3 Etapas del conflicto
Tal como Byrne (1996: 8) asevera, puede decirse que el conflicto tiene las siguientes etapas:
1. Periodo previo al conflicto (pre-conflicto)
2. El conflicto en sí
3. El proceso de paz (o resolución del conflicto)
4. Reconstrucción y reinserción (o post-conflicto)
Los tipos de desigualdades de género y las respuestas apropiadas a necesidades particulares
específicas de género difieren dependiendo de la etapa del conflicto armado. Este desglose nos permite
elaborar hipótesis sobre los probables impactos en una etapa determinada y diseñar una intervención

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que tome en cuenta la dimensión de género. El potencial para diseñar respuestas detalladas y a la
medida de la situación, sin embargo, se ve limitado por los cambiantes límites del conflicto armado en sí.
Tal como nos dicen Cockburn y Zarkov (2002: 10):
...ciertamente nunca puede decirse que la guerra empiece y termine en un momento claramente
definido. Por el contrario, parece ser parte de un continuo de conflictos que se manifiestan ahora
en la fuerza armada, o bien en sanciones económicas o presiones políticas. Un tiempo de
supuesta paz puede después llegar a ser denominado ‘el periodo pre-guerra’. Mientras se libra la
guerra, sin ser advertidos por los soldados que pelean en tierra, los procesos de paz a menudo ya
se están gestando. Un tiempo de reconstrucción post-guerra podría, más adelante, ser
redesignado como un inter bellum – una mera pausa entre guerras.
Una preocupación adicional en este desglose es que la tendencia a considerar el conflicto y la
reconstrucción post-conflicto como etapas reales, identificables y autónomas crea una división
conceptual. Lo que constituye la paz desde una perspectiva feminista puede diferir de las percepciones
populares porque para muchas personas, en particular las mujeres, la paz no significa simplemente el fin
de un conflicto armado sino un tiempo para enfocar los desequilibrios de poder estructurales que, para
empezar, ocasionaron el conflicto. Lo que se requiere, entonces, es una interpretación más minuciosa
de estas etapas, en la cual las intervenciones que enfocan la inequidad de género en los conflictos
armados reflejen el hecho de que los eventos ocurren simultáneamente y las etapas se traslapan.

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3. Dinámicas de género del conflicto armado
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3.1 Relaciones de género y conflicto
Las relaciones de género se caracterizan típicamente por un acceso desigual al poder o una distribución
desigual de éste. Dado que es tan diseminada, la discriminación de género influye en otras dinámicas
del conflicto armado. Más específicamente, el análisis de género en el conflicto armado resalta las
diferencias entre mujeres y hombres en lo que se refiere a sus actividades de género, sus necesidades,
su adquisición de recursos y control sobre éstos, así como su acceso a procesos de toma de decisiones
en situaciones post-conflicto (PNUD, 2002).
Los hombres en edad para combatir son frecuentemente a quienes se recluta y, por lo tanto, resultan
asesinados o lastimados durante las batallas. Las mujeres, sin embargo, son las principales víctimas de
la guerra. Lo son de manera directa como fatalidades o bajas, o bien indirectamente a través del
resquebrajamiento de las estructuras familiares y comunitarias (Byrne, 1996).
3.2 Mujeres y conflicto
Las mujeres en las zonas de guerra pueden enfrentar demandas contradictorias por parte del gobierno y
de la sociedad. Por un lado, la nación exhorta a las mujeres a participar en luchas nacionalistas en su
calidad de miembras del colectivo nacional. En varias zonas de guerra, las mujeres han sido movilizadas
en el conflicto armado porque su apoyo, su trabajo y sus servicios han sido requeridos. Al mismo tiempo,
la construcción de las mujeres como ‘madres’ y ‘guardianas de la cultura’ dentro de los movimientos
nacionalistas de liberación a menudo ha restringido su activismo en los procesos de conflicto y de
reconstrucción post-conflicto (Stasiulis, 1999).
La construcción de las identidades de las mujeres en sus roles de género como ‘madres’ y ‘guardianas
de la cultura’ implica que ellas son ‘víctimas’, justificando así el uso intensificado de poder y violencia
para ‘protegerlas’. A menudo existe la percepción de que esta ‘protección’ ha fallado, como ocurre
cuando tienen lugar actos públicos de violencia física y sexual, tales como la violación. Los crímenes
sexuales, que afectan desproporcionadamente a las mujeres, pueden ser perpetrados a plena vista de la
familia y la comunidad, convirtiendo de esta forma a las víctimas en personas ‘manchadas’ e
inmerecedoras de protección (Bennett et al, 1995).
¡Nada de sexo, por favor, estamos peleando!
Una notable excepción a la exclusión y discriminación de las mujeres combatientes ocurrió en Tigray,
una provincia de Etiopía. El Frente de Liberación del Pueblo de Tigray (TPLF) fue formado en 1975 para
pelear por un Estado etíope democrático. El Frente alentó activamente a las mujeres a unirse a la lucha.
Se les proveyó educación, además de cuidado infantil para facilitar su participación. Las relaciones
sexuales fueron prohibidas con el propósito de concentrar las energías en la lucha. Más tarde se
hicieron excepciones para permitir el matrimonio y los nacimientos. Una mujer relata: ‘La ley de no-

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matrimonio tuvo una función positiva: entre hombres y mujeres había conversaciones, no actividad
sexual. Un hombre miraba a una mujer en relación con el trabajo de ella, no en relación a con quién
estaba esa mujer’. (Adaptado de Bennett et al, 1995: 9)
Ejemplos de iniciativas de mujeres para alcanzar la paz son frecuentemente citados como evidencia de
que ellas son naturalmente sustentadoras en comparación con los hombres, a quienes se les caracteriza
como innatamente agresivos y guerreros. Sin embargo, las investigaciones realizadas por feministas en
el Norte y el Sur han desafiado la supuesta naturaleza pacífica de las mujeres al examinar su
involucramiento en las luchas de liberación nacional, su apoyo directo y/o indirecto a los conflictos
armados y sus contribuciones a la guerra y al militarismo en general (Babiker, 1999; Byrne, 1996;
Cockburn, 2002; El-Bushra, 2000; Moser y Clark, 2001; Kelly, 2000).
Mujeres como agresoras
El estereotipo de las mujeres como sustentadoras natas no siempre refleja la experiencia en el campo.
Los abundantes ejemplos de mujeres como combatientes activas o apoyando a los Estados ‘opresores’
muestran que las suposiciones acerca del comportamiento de mujeres y hombres pueden ser miopes o
ingenuas:
Las mujeres se hicieron miembras del partido Nazi en grandes cantidades y sirvieron en los campos
de exterminio.
El régimen de Pinochet en Chile en los años setenta recibió el apoyo de mujeres de clase media.
Mujeres protestantes y católicas de la clase trabajadora han estado presentes en las turbas en
Irlanda del Norte.
Las mujeres han servido en el ejército de los Estados Unidos y manifestado a favor de éste.
Existen casos en que las mujeres han aprobado el uso de la violación contra ‘enemigas’ y contra
aquéllas percibidas como ‘mujeres impropias’. (Adaptado de Jacobs, Jacobson y Marchbank, 2000:
12-13)
Ya sea en su capacidad tradicional y tal vez estereotípica como esposas y madres, o en sus roles como
agresoras y simpatizantes de un conflicto, las mujeres continúan experimentando discriminación, debido
a las desiguales estructuras de poder que rigen sus relaciones con los hombres.
3.3 Hombres y conflicto
Mujeres y hombres experimentan violencia de manera diferente durante el conflicto y después de éste,
en sus capacidades ya sea como ‘víctimas’ o como ‘perpetradores’ (Moser y Clark, 2001: 7). La violencia
sexual es sufrida en gran medida por las mujeres, pero los hombres y los niños también son violados
durante los conflictos armados a través de una forma de violencia diseñada para destruir el poder
masculino. Sin embargo, aun cuando ha habido documentación de las experiencias de los hombres
como víctimas de abuso en el campo de batalla, ellos continúan siendo descritos como ‘héroes
masculinos’ (Moser y Clark, 2001: 3). Zarkov (2001) sostiene que, en el caso de la ex Yugoslavia, la
negativa a identificar a los hombres como víctimas de violencia sexual a lo largo del conflicto armado fue
racionalizada en términos de las relaciones de poder durante la guerra así como en el subsiguiente
proceso de construcción de la nación, que dictó quiénes podían ser catalogadas como víctimas de

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abuso sexual. En otras palabras, una mujer puede ser una víctima, pero un hombre nunca lo es, lo cual
constituye una negación de una de las realidades de género del conflicto armado.
Los hombres sufren no sólo en lo que se refiere a la violencia sexual. También experimentan abusos a
sus derechos humanos que son diferentes pero igualmente injustos que aquéllos que afligen a las
mujeres, ya sea como prisioneros de guerra, como soldados o como individuos que se resisten a las
normas de género (por ejemplo, homosexuales, hombres pacifistas). Ellos también son puestos
directamente en la mira en los conflictos armados y pueden conformar la mayoría de las bajas
provocadas por las armas pequeñas y livianas (APL). La creciente cantidad de hogares encabezados
por mujeres en zonas de conflicto es una ilustración de la vulnerabilidad específica de los hombres (El
Jack, 2002).
Masculinidad y conflicto armado: ¿Van de la mano?
La conexión entre ‘masculinidad’, militarización y conflicto armado es significativa. Los análisis
feministas identifican las estructuras militares como patriarcales, instituciones militares dirigidas por y
para hombres, basadas no en ‘las características biológicas de los hombres sino ... en las
construcciones culturales de la hombría’ (Turshen y Twagiramariya, 1998: 5). En muchos contextos
culturales, ser un ‘verdadero hombre’ también se define por la habilidad en el uso de un arma (Jacobs et
al, 2000: 11).
¿Significa esto que los hombres son inherentemente violentos? NO – la violencia masculina dirigida a
otros hombres, a mujeres o a niñas y niños es un reflejo de las ‘expectativas masculinas’ impuestas por
las sociedades y reforzadas por Estados dados a manipular tales expectativas para sus propios fines
políticos (Cockburn y Zarkov, 2002; Dolan, 2002; Jacobs et al, 2000). Los hombres que sienten no ser
capaces de desempeñar sus roles ‘masculinos’ como protectores o agresores pueden descargar sus
frustraciones sobre sus familias. Esto conduce a más violencia, así como a una falta de comprensión de
las necesidades personales y las necesidades de las mujeres, y de cómo éstas cambian a la luz de un
conflicto.
El hecho de que la guerra sea usualmente perpetrada por hombres no es una prueba de que ellos sean
inherentemente violentos. La guerra es iniciada por aquéllos que tienen poder, y los hombres suelen
encontrarse en las posiciones más poderosas. Ha habido también casos de lideresas en el poder, como
Margaret Thatcher e Indira Gandhi, que han involucrado en conflictos a sus países.

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4. Impactos de género del conflicto armado
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Las desigualdades de género son exacerbadas durante periodos de conflicto armado y continúan a lo
largo de la reconstrucción post-conflicto. Tanto las mujeres como los hombres sufren los abusos y
traumas de la guerra, las revueltas y la pérdida de recursos. El impacto de estas pérdidas es
experimentado en formas diferentes y las mujeres a menudo son afectadas de manera
desproporcionada.
Los Estados y las organizaciones son persistentemente incapaces de aplicar las leyes y convenciones
internacionales diseñadas para proteger los derechos de las mujeres y promover la equidad de género.
Los proveedores de asistencia, sean gubernamentales, no gubernamentales o multilaterales, han sido
lentos en hacerle frente a la escalada de abusos contra los derechos humanos de las mujeres, en
particular durante los conflictos armados y después de éstos. Algunas veces los tomadores de
decisiones desalientan y hasta obstaculizan el desarrollo de iniciativas sensibles al género.
Una razón por la cual las iniciativas con enfoque de género carecen de apoyo es la división en el
pensamiento entre apoyo técnico y social. El apoyo social se refiere a la ayuda para necesidades
inmediatas tales como el reestablecimiento del abastecimiento de agua, de los sistemas de
alcantarillados, centros de salud o suministro de energía eléctrica. El apoyo social, en contraste, se
refiere a la ayuda para asuntos a más largo plazo que son difíciles de afrontar, con menos resultados
cuantificables y que son, por tanto, considerados menos prioritarios, tales como la prestación de
servicios de escolaridad, capacitación y sociales. Ambos tipos de apoyo, sin embargo, sacan a luz las
prácticas sociales, culturales y religiosas. Sin embargo, durante los periodos de conflicto se considera
inapropiado enfocar las relaciones de género. El resultado es que el efecto de las intervenciones
técnicas – como los proyectos de saneamiento a gran escala – en las dinámicas entre hombres y
mujeres no es analizado (Williams, 2002).
Indiferentemente del contexto geográfico, económico, político o social, el conflicto armado dificulta el
acceso a alimentos, salud y educación, así como a otros bienes y servicios básicos. Esta sección
analiza dos impactos específicos del conflicto armado – la violencia basada en género (VBG) y el
desplazamiento forzoso. Al explorar estos asuntos, también persigue demostrar cómo la guerra
exacerba las condiciones pre-conflicto caracterizadas por la desigualdad y la falta de acceso a los
recursos.
4.1 Desplazamiento forzoso
‘El desplazamiento forzoso es la violación más clara de los derechos humanos, económicos, políticos y
sociales, y de la incapacidad de cumplir con el derecho internacional humanitario’ (Moser y Clark, 2001:
32). Las personas han sido a menudo desarraigadas de sus tierras natales debido a persecución
política, religiosa, cultural y/o étnica durante el conflicto. Cualquiera sea la causa, el desplazamiento es

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una fuente de violaciones a los derechos humanos y deriva en distintos tipos de desventajas tanto para
mujeres como para hombres.
Las personas desplazadas internamente no son protegidas por las leyes internacionales
El desplazamiento no necesariamente significa que las personas se vayan de sus hogares o sean
removidas a la fuerza hacia destinos lejanos a los mismos durante el conflicto armado y después de
éste. Durante los conflictos armados en los años noventa, hubo millones de personas que se
desplazaron internamente o que continuaron viviendo dentro de las fronteras de sus países. La
Convención de las Naciones Unidas sobre Refugiados de 1951 protege a las personas refugiadas fuera
de sus fronteras nativas, pero no cubre a aquéllas desplazadas internamente. La comunidad
internacional cuenta con opciones limitadas para proteger a las personas desplazadas dentro de sus
propias fronteras si su país natal no está dispuesto a cooperar. La situación legal de las personas
desplazadas internamente continúa siendo una seria preocupación. (Adaptado de la Organización
Mundial de la Salud, 2001: 23).
El desplazamiento a menudo es visto como un fenómeno temporal o transitorio. Sin embargo, la
experiencia en países tales como Perú, Sri Lanka, Somalia y Sudán muestra que se trata, en realidad,
de un prolongado proceso. A nivel mundial, numerosas generaciones han sido desplazadas como
consecuencia del conflicto armado; una importante cantidad de las personas afectadas ha tenido que
desplazarse más de una vez y por periodos de tiempo significativos. (Indra, 1999).
El desplazamiento coloca a las mujeres en una desventaja desproporcionada, pues tiene como
resultado un limitado acceso a los recursos necesarios para hacer frente a las responsabilidades del
hogar, así como un mayor grado de violencia física y emocional (El Jack, 2002). El desplazamiento
también implica exclusión social y pobreza – condiciones que por sí mismas pueden prolongar el
conflicto.
El desplazamiento forzoso frecuentemente es utilizado como una estrategia de guerra orientada a las
relaciones de género a través de la desintegración familiar y la desestabilización social. El
desplazamiento a menudo conduce a transformaciones en los roles de género y en las
responsabilidades tanto para mujeres como para hombres. Los cambios demográficos debidos al
conflicto han llevado a más mujeres a asumir la jefatura de los hogares. Esto ha contribuido a cambios
en la división del trabajo que han creado nuevas oportunidades para ellas, pero en algunos aspectos
marginaron aún más su lugar en la sociedad.
El desplazamiento no afecta a todas las mujeres de la misma manera. En Sudán, por ejemplo, grupos
étnicos tales como los Dinka, Nuer y Nuba, además de otros grupos en el sur y en las Montañas Nuba,
son marginados debido a su condición de minorías. Las mujeres de estos grupos conforman un
creciente número de fatalidades y bajas de guerra. Además de ello, las responsabilidades adicionales
que las mujeres tienen en el trabajo productivo, reproductivo y comunitario son a menudo transferidas a
niñas y niños más jóvenes dentro de la familia. En particular, las jóvenes deben asumir una mayor

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cantidad de responsabilidades, tales como el cuidado de niñas y niños, de personas mayores y
enfermas, a lo que se suma encargarse de las pesadas tareas domésticas. Este cambio de
responsabilidad tiene impactos en el bienestar y el futuro de las mujeres en los hogares (íbid).
A pesar de las experiencias de vulnerabilidad y trauma durante el proceso del desplazamiento, algunas
mujeres se benefician de éste. Es posible que se les dé prioridad en los programas de capacitación y
desarrollo en salud y educación, así como en actividades generadoras de ingresos. Las habilidades que
ellas adquieren les permiten asumir nuevos roles en sus hogares, convertirse en las proveedoras de la
familia cuando los hombres han sido asesinados o tienen problemas para encontrar un empleo luego de
haber sido removidos de sus viviendas y comunidades. Este cambio en las responsabilidades
representa alejarse de los roles ‘masculinos’ y ‘femeninos’ estereotípicos. Los hombres, sin embargo,
pueden reaccionar a estos cambios con depresión, alcoholismo y un aumento de la violencia contra las
mujeres en público y en privado (De Alwis y Hyndman, 2002).
Una mayor autonomía no necesariamente se traduce en equidad de género
Estudios de caso realizados por la Agencia para la Cooperación y la Investigación en el Desarrollo
(ACORD) en Angola, Sudán, Somalia y Uganda muestran que si bien los conflictos han ampliado los
roles económicos de las mujeres y les han brindado más autonomía, ello raras veces ha conducido a
una mayor influencia política o a más equidad de género. Las relaciones cotidianas dentro del hogar
fueron prácticamente el único ámbito en que se observaron cambios, pero sería demasiado pronto decir
si esto perdurará a largo plazo (El-Bushra, El-Karib y Hadjipateras, 2002: 5).
Los logros relativamente pequeños que las mujeres obtienen durante el desplazamiento no
necesariamente se traducen en relaciones de género más equitativas. El avance de ‘los intereses de las
mujeres a un nivel superficial centrado en las mujeres, que no desafía los paradigmas generales de las
diferencias de género, deja a las mujeres con nuevos roles que desempeñar pero sin fuerza institucional
para llevarlos a cabo de manera efectiva’ (El-Bushra, 2000b: 6). Además, existe la preocupación de que
las leyes y resoluciones internacionales existentes utilicen el término ‘género’ pero, de hecho, se
enfoquen de manera específica y exclusiva en las mujeres. Aunque esto es importante, en realidad tales
instrumentos no proveen las herramientas para comprender los impactos de género, minimizando así el
potencial para fomentar relaciones de género más equitativas.
4.2 Violencia basada en género (VBG)
La violencia física y sexual, en particular aquélla perpetrada contra las mujeres, continúa siendo
un aspecto bien documentado del conflicto armado. Este informe entiende que la VBG es
violencia, sexual o de otro tipo, que se apoya en las normas y exclusiones de género para
desmoralizar física y psicológicamente a las personas. Aunque los blancos de la VBG son más a
menudo las mujeres, tanto ellas como los hombres pueden ser víctimas y objeto de violación; de
una mayor tasa de infección por VIH y otras infecciones de transmisión sexual (ITS); de daños a
su salud física y psicológica; de vidas desbaratadas, así como de la pérdida de confianza personal
y autoestima.

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Violencia contra las mujeres
El conflicto empeora los patrones existentes de violencia sexual contra las mujeres en dos principales
maneras. En primer lugar, los actos de violencia ‘cotidiana’, particularmente la doméstica, aumentan
conforme las comunidades se desintegran durante los conflictos y después de éstos (ONU, 2003). En
segundo lugar, la violencia ‘cotidiana’ se incrementa en el contexto de situaciones de conflicto masculino
y militarizado. El establecimiento de campos de violación y la prestación de servicios sexuales a las
fuerzas armadas de ocupación a cambio de recursos, tales como alimentos y protección, son dos
ejemplos de la VBG durante el conflicto y después de éste. El conflicto alimenta distintos tipos de
relaciones y desequilibrios de poder. En el contexto del conflicto, por ejemplo, la violencia contra las
mujeres es más que el ejercicio de poder sobre las mujeres. Al violar a las mujeres, que representan la
pureza y la cultura de la nación, los ejércitos invasores también están violando simbólicamente a la
nación misma.
Algunos tipos de VBG son experimentados enteramente por mujeres y niñas durante el conflicto y
después de éste, tales como la prostitución y el trabajo sexual forzados, aumento del tráfico con fines de
esclavitud sexual o de otros tipos y embarazo forzoso. Asimismo, el impacto de la VBG tiene distintas
consecuencias para las mujeres y las niñas, que incluyen mutilación genital, esterilidad, problemas
crónicos de salud reproductiva o ginecológica, además de ser marginadas de la familia y la comunidad
debido al estigma asociado al abuso sexual (ONU, 2002).
En zonas de conflicto, la violencia sexual se ha convertido en un arma de ‘limpieza social’, como se
observó en Bosnia-Herzegovina y en Kosovo, donde la violación fue utilizada por la policía serbia y las
fuerzas paramilitares para castigar a las mujeres que pertenecían al Ejército de Liberación de Kosovo
(Human Rights Watch, 2000). Dado que la violación había sido utilizada en Bosnia, ésta se convirtió en
un factor causal en el desplazamiento relacionado con el conflicto en Kosovo.
La violación como arma de guerra
‘Las mujeres relataron a Human Rights Watch su temor de que ellas y sus hijas serían violadas. Los
rumores de violación circularon profusamente mientras las familias intentaban huir de sus hogares. Las
mujeres mayores a menudo vestían a sus hijas con ropas flojas y les cubrían la cabeza con pañuelos en
un intento por disfrazar a las jóvenes como abuelas. Otras madres untaban suciedad y fango en las
caras de sus hijas para que no lucieran atractivas. Tal como una madre dijo a Human Rights Watch, ‘mi
mayor miedo era por mi[s] hija[s]. Bajé 18 kilos durante la guerra porque temía que mis hijas pudieran
ser violadas’. En palabras de otra mujer, ‘Las niñas le tenían miedo a la policía y se ponían chalinas. Los
policías les quitaban las chalinas, pellizcaban sus mejillas y les decían que no actuaran como viejas. Las
niñas estaban gritando’. De acuerdo a un médico en Prístina, ‘La violación era nuestro mayor temor.
Nuestro principal objetivo era sacar a nuestras hijas – de 25, 21, 14 y 10 años de edad – fuera del país’
(Vandenberg, 2000).
Gracias a los esfuerzos de cabildeo de las organizaciones de mujeres, el Estatuto de Roma de la Corte
Penal Internacional (CPI) ahora reconoce y persigue la violencia sexual y de género como crímenes de
guerra y crímenes de lesa humanidad. Según el Estatuto, estas ofensas criminales incluyen ‘violación,

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esclavitud sexual (incluido el tráfico de mujeres), prostitución forzada, embarazo forzado, esterilización
forzosa, otras formas de violencia sexual grave y persecución por motivos de género’ (Human Rights
Watch, 2002).
Tras los actos de violencia sexual, las mujeres frecuentemente son rechazadas por su familia o la
comunidad. A pesar de la conmiseración por el trauma que las víctimas han sufrido, la sociedad las
señala como ‘mercancía defectuosa’ (Bennett et al, 1995: 9). Las mujeres también tienen necesidades
particulares de cuidados de salud derivadas de estas violaciones. Por ejemplo, requieren apoyo
nutricional y de salud adicional si están embarazadas o amamantando. La escasez de alimentos y las
desigualdades en la distribución de éstos son exacerbadas durante los periodos de conflicto armado,
haciendo a las mujeres y las niñas más susceptibles a la desnutrición (ONU, 2002). El incremento en la
tasa de infección por VIH en zonas de conflicto también es una tendencia preocupante – las mujeres
enfrentan un mayor riesgo y, por lo tanto, necesitan un especial apoyo psicológico, de salud y social.
VIH/SIDA: Una creciente epidemia en medio del conflicto armado
La infección por VIH está aumentando en áreas de conflicto o post-conflicto. Numerosos conflictos están
ocurriendo en lugares donde la tasa de infección por VIH ya es muy elevada (Smith, 2002: 1). Las
revueltas y el desplazamiento ocasionados por el conflicto pueden conducir a cambios en la conducta
sexual, a un incremento en la tasa de abusos sexuales (por ejemplo, por parte de las fuerzas armadas) y
a un menor acceso a los centros de pruebas de sangre (íbid). Estudios realizados en Ruanda y Sierra
Leona hallaron que a menudo se exigía favores sexuales a cambio de alimentos, lo cual condujo a un
aumento en el número de parejas sexuales de las mujeres (Benjamin, 2001).
La infección por VIH es a menudo considerada primordialmente como un asunto médico que no
constituye una prioridad en el conflicto. Sus penetrantes vínculos con inestables circunstancias sociales,
económicas y políticas son ignorados (Smith, 2002: 2). Dado el grado del estigma que persiste contra
las personas infectadas por el VIH, no es probable que mujeres ni hombres hablen abiertamente sobre
sus preocupaciones. Como consecuencia de ello, existe una necesidad aún mayor de llegar a las
personas afectadas. Éste es, en particular, el caso de las mujeres, quienes típicamente no pueden
acceder a los servicios médicos.
Hombres como blancos directos e indirectos
Aunque en los conflictos armados los hombres son más frecuentemente los perpetradores de violación
sexual y violencia, mientras que las mujeres son las víctimas, los hombres mismos también pueden ser
objeto de abusos físicos y sexuales. El abuso sexual, la tortura y la mutilación pueden dirigirse a
hombres, ya sea como detenidos o prisioneros de guerra (ONU, 2002). En el norte de Uganda, una
investigación conducida a principios de los años noventa reveló una mayor prevalencia de infecciones
de transmisión sexual (ITS) entre hombres, ‘supuestamente debido a la indiscriminada violación de
hombres’ por parte del Ejército Nacional de la Resistencia (NRA) (Dolan, 2002: 74).
La experiencia de ACORD en impartir talleres sobre violencia sexual confirma la dificultad de cuantificar
el alcance de la violación contra hombres, debido a que las víctimas se rehúsan a hablar de ello (Dolan,

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2002). Dolan afirma que ‘el nivel de estigma vinculado [a la violación contra hombres] es aún mayor que
el asociado a la violación de mujeres’, y que ‘socavar el sentido de masculinidad de los hombres se
convierte en una manera clave para que ellos ejerzan poder sobre otros hombres’ (2002: 75). En este
respecto, la violación o el abuso sexual violento como demostración de ‘masculinidad’ o de poder es un
arma potencial que puede victimizar tanto a mujeres como a hombres en las zonas de conflicto.
Los hombres también son blancos indirectos de la violencia contra las mujeres. La violación de mujeres
ha sido durante mucho tiempo considerada un acto público de agresión, en el que violarlas y
‘deshonrarlas’ es una forma de ‘violar y desmoralizar a los hombres’ (Bennett et al, 1995: 8). Las