Formar parte de un ejército, en el caso de las mujeres excombatientes
pertenecer a la guerrilla; a pesar de que las experiencias vividas
individualmente están atravesadas por factores como la condición étnica y
los niveles socioeconómico y educativo, los contextos históricos y
culturales propios de cada ejército y/u organización armada, por las
diferencias en los escenarios regionales rural/ urbano, en todos los casos
significó para éstas penetrar en un mundo masculino, con el consiguiente
proceso de adaptación que llevó a las mujeres a modificar sus referentes de
identidad para desempeñarse exitosamente y sobrevivir en un mundo de
varones, dirigido casi exclusivamente por varones; aceptar los retos de
competir con ellos en su propio terreno, ser valoradas por cualidades
concebidas como propias de la masculinidad: el coraje, la audacia, la
dureza, el don de mando y la fortaleza física, aceptar con rebeldía o
sumisión, muchas inequidades de género a su interior, en función de la
lucha y del gran ideal revolucionario, pues con el triunfo de la revolución
quedarían resueltas todas las inequidades sociales.
En la cotidianidad de la guerra y en los roles asignados a las mujeres se
experimenta un forcejeo entre lo tradicional y lo emergente, es decir las
mujeres combaten como los varones, hacen guardia, van de comisión,
asumen tareas de riesgo y de responsabilidad, algunas con mando sobre
tropas, pero se tiende a reforzar los roles femeninos y maternales, por ello
las mujeres se destacan en tareas de comunicación, educación, salud,
manejo y distribución de alimento y escasamente acceden a las instancias
en las cuales se toman decisiones políticas y táctico-militares de
importancia. No obstante en esa misma cotidianidad colectivizada, se
alteran los roles y las funciones tradicionales asignadas a las mujeres en la
pareja y la familia, cambian las concepciones sobre el amor y las relaciones
de pareja, no como eje central en la vida, sino como complemento de la
lucha revolucionaria, razón por la cual le resta importancia a los proyectos
de pareja y, simultáneamente, las formas en que ellas asumen la sexualidad
y la maternidad (muchas de ellas con renuncias totales de su ejercicio,
asumiendo el aborto y/o cediendo la crianza de los (as) hijos (as) a manos de
terceros).
Sin ahondar en el análisis, podría afirmarse que en términos globales la
experiencia de vida de las mujeres excombatientes, aunque implicó