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61.
Merecen especial apoyo las instituciones educativas de zonas que son escenario de
disensiones civiles, como las de comunidades urbanas multiculturales o las de sociedades
desgarradas por la guerra. Ese apoyo, junto al fortalecimiento de iniciativas educativas ya
existentes, debería hacer posible una educación de calidad, y contribuir al mismo tiempo a la
gestación de una cultura de paz en el entorno comunitario inmediato, a través de un proceso
participativo de formación en la mediación y la resolución de conflictos que involucrara a
estudiantes, profesores, representantes de las instituciones educativas y a las propias
comunidades involucradas. Para que tales experiencias tengan repercusiones mundiales es
necesario realizar investigaciones y evaluaciones participativas y establecer una red que
vincule entre sí a las instituciones educativas interesadas.
62.
Una función primordial incumbe a las instituciones de enseñanza superior, entre ellas,
aunque no exclusivamente, las de formación de profesores y de otros tipos de educadores. La
cultura de paz debe reflejarse en los planes de estudios, los programas de becas, las bibliotecas
universitarias y la formación profesional. Creando vínculos con actividades locales en pro de
una cultura de paz, por un lado, y con otras instituciones educativas de todo el mundo por el
otro, dichas instituciones de enseñanza superior pueden contribuir a crear un movimiento de
dimensión mundial. Las Cátedras UNESCO de cultura de paz y las redes UNITWIN de
universidades participan ya en este proceso que, según cabe esperar, será apoyado y ampliado
en 1998 durante la Conferencia mundial sobre la enseñanza superior. Las Cátedras podrán
reunirse en el año 2000 en la Universidad de las Naciones Unidas para un simposio sobre una
cultura de paz. La formulación de un nuevo paradigma de docencia e investigación que tenga
en cuenta la cultura de paz puede desempeñar también un papel en la renovación de la
Universidad de la Paz (Costa Rica).
63.
La enseñanza de las aptitudes necesarias para solucionar los litigios por medio de la
negociación, la mediación, el arbitraje, el proceso judicial, la mediación de colegas, el
ejercicio de la tolerancia, la solución de conflictos y otras técnicas alternativas de solución de
controversias, como por ejemplo el pleno uso de métodos y procedimientos tradicionales, es
un factor clave para el fomento de una cultura de paz y, por tanto, se examina de modo
detallado en las secciones siguientes de este programa de acción.
64.
Se deberían crear en todo el mundo, en el marco de las oficinas existentes de las
Naciones Unidas, centros locales y regionales para la transformación de conflictos, donde se
dispensaría formación sobre los procesos de transformación de conflictos y de búsqueda de
consenso, instrumento necesario para que los gobiernos locales y nacionales, las
organizaciones no gubernamentales y las asociaciones ciudadanas sean capaces de guiar a sus
comunidades en el proceso de construcción de la paz. Esos centros estarían en condiciones de
ofrecer mediadores capacitados a petición de todas las comunidades presas de tensiones,
conflictos o sentimientos de injusticia a nivel tanto intracomunitario como transfronterizo o
interétnico. Esos centros reforzarían y mantendrían vínculos con programas afines de
transformación de conflictos, de carácter intergubernamental, gubernamental o no
gubernamental que ya existen, como la red de Mediadores en cuestiones de Derechos
Humanos en América Latina, el Mecanismo para la prevención, gestión y solución de
conflictos que está creando la Organización de la Unidad Africana, y los voluntarios de las
Naciones Unidas que son promotores de la paz en programas de desarrollo. A este respecto, la
Universidad de las Naciones Unidas y su Academia Internacional de Dirigentes pueden
desempeñar una función importante en la formación de personas para el establecimiento y/o el
mantenimiento de centros de búsqueda de la paz en regiones en conflicto.