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Capítulo Un diagnóstico del mercado laboral en América Latina
Page 1
Capítulo
1
Un diagnóstico del mercado
laboral en América Latina
Todos los días miles de personas van a trabajar y
muchas empresas contratan personal. Algunas fir-
mas quiebran, otras se redimensionan y surgen
empresas nuevas. Asimismo, muchos trabajadores
ingresan o se retiran del mercado laboral, o cam-
bian de empleo. Las decisiones y el quehacer de
miles de trabajadores y firmas, y la forma en que se
relacionan con las instituciones y reaccionan ante
medidas de política, conforman el mercado laboral.
Al igual que muchos mercados, el mercado laboral
debe asignar constantemente recursos a los usos
más productivos. La magnitud de esta actividad es
asombrosa. En promedio, cada año se crea o des-
aparece hasta uno de cada cuatro empleos. Un alto
porcentaje de trabajadores se desplaza de un
empleo a otro, pasa de una situación de empleo a
una de desempleo o a la inactividad. Esta rotación
continua es característica de muchos mercados. No
obstante, el mercado laboral es un caso especial
porque trata con los bienes más complejos de
todos: el esfuerzo y la destreza de las personas.
El intercambio diario de trabajo por salario
proporciona la principal fuente de ingreso para los
trabajadores y los hogares. En América Latina y el
Caribe, entre la mitad y dos tercios del ingreso total
se asignan en el mercado laboral, y más de 70% de
los hogares de la región dependen exclusivamente
del ingreso generado por el trabajo.
1
Más aun, el
mercado laboral crea muchos riesgos económicos
que afectan el bienestar de los trabajadores y sus
familias: aunque pueden perder sus empleos invo-
luntariamente, menos de la mitad de los trabajado-
res están protegidos contra ese riesgo y, por lo
tanto, una gran proporción de la fuerza laboral no
está asegurada frente a los trastornos y padeci-
mientos que ocasiona la pérdida de ingresos.
Lo que sucede en el mercado laboral afecta
radicalmente a los individuos y a los hogares. Por lo
tanto, los fracasos de este mercado y de las institu-
ciones que lo respaldan significan mucho más que
pérdidas en el producto o una baja tasa de creci-
miento económico: se convierten, además, en gra-
ves problemas sociales. En todos los países los bajos
salarios, las escasas o poco equitativas oportunida-
des de progreso laboral, el alto desempleo y la baja
tasa de creación de empleo suelen relacionarse con
la pobreza, la desigualdad, la marginación de los
jóvenes y la delincuencia.
Por lo tanto, parecería que este mercado es
demasiado importante como para fracasar. Con
todo, los latinoamericanos sostienen que el merca-
do laboral de la región presenta graves fallas. Según
Latinobarómetro –una encuesta de opinión pública
1
Promedio simple de la fracción del ingreso nacional que reciben
los trabajadores en 10 países de la región (Bernanke y Gurkaynak,
2001). La proporción de hogares que depende totalmente del ingre-
so laboral procede de las encuestas de hogares disponibles más
recientes (1999 o 2000). La cifra indicada corresponde al prome-
dio simple de 11 países.

Page 2
14
Capítulo
1
que desde 1996 se realiza en 17 países de la
región–, los problemas directamente relacionados
con el mercado laboral han ocupado año tras año el
primer lugar en la lista de las inquietudes del
público. Aun más, la importancia asignada a estos
problemas ha ido aumentando. En 2001 en prome-
dio más de 20% de los encuestados señalaron que
el desempleo era el problema más apremiante de la
región, más grave que la corrupción, la delincuen-
cia u otros complejos problemas sociales (gráfico
1.1). Asimismo, más de 40% de los encuestados
señalaron que los bajos salarios, la inestabilidad del
empleo y el desempleo eran los problemas más
acuciantes de la región. En Argentina, Chile, Nica-
ragua, Perú y Uruguay, este porcentaje fue mayor:
alrededor de 50% (gráfico 1.2). Es evidente que la
situación del mercado laboral es la principal preo-
cupación de los ciudadanos de la región.
Este capítulo analiza el desempeño de los
mercados laborales de América Latina durante los
últimos años, a fin de comprender si están en con-
diciones de ejercer su importante función. Se com-
paran parámetros críticos de los mercados
regionales con los de países que no pertenecen a la
región para identificar las áreas que requieren
mejoras y se recopilan indicadores de desempeño
que califican a los mercados laborales de la región
en función de la eficiencia, la equidad del ingreso y
la cobertura de los seguros contra riesgos.
Del examen de los mercados laborales de la
región, surgen las siguientes conclusiones:
• Los mercados laborales tienen cada vez más
dificultad para asignar trabajadores a los puestos de
trabajo, aunque con diferencias entre los países de
la región.
• Los salarios han aumentado lentamente y
uno de cada dos trabajadores recibe una remunera-
ción que lo coloca en el umbral de pobreza. Sin
embargo, esto no se debe tanto al excesivo poder de
negociación de los empleadores respecto de los tra-
bajadores, sino a la baja y estancada productividad
del trabajo.
• Aunque la región padece un alto nivel de
desigualdad salarial, el mercado laboral –más que
crearla– la refleja. Sin embargo, la proporción de
desigualdad atribuible a este mercado aumentó
durante los años noventa.
• Las relaciones laborales se caracterizan por
conflictos y desconfianzas que pueden entorpecer
el crecimiento de la productividad laboral en la
región.
• Más de la mitad de los trabajadores no reci-
ben la protección que confiere la legislación laboral
y, por lo tanto, muchos de ellos corren el riesgo de
perder sus ingresos como consecuencia del desem-
pleo, la enfermedad o la vejez. Más aun, la cober-
tura disminuyó en los años noventa. Si bien la
Gráfico 1.1 Problemas más importantes
para los latinoamericanos
(En porcentaje de respuestas)
Nota: Promedio de respuestas en 17 países de América Latina.
0
5
10
15
20
25
Corrupción
Desempleo
Discriminación racial
Problemas en el medio ambiente
Transporte
Problemas de vivienda
Narcotráfico
Problemas de salud
Violación de los DD.HH.
Consumo de drogas
Falta de oportunidades para jóvenes
Inflación
Baja calidad de la educación
Terrorismo/violencia política/guerrilla
Bajos salarios
Inestabilidad en el empleo
Pobreza
Delincuencia/Inseguridad
Fuente: Latinobarómetro (2001).
Gráfico 1.2 Problemas más importantes por país, 2001
(En porcentaje de respuestas)
Fuente: Latinobarómetro (2001).
0
10
20
30
40
50
60
70
Desempleo
Bajos salarios
Inestabilidad laboral
México
Honduras
Paraguay
El Salvador
Costa Rica
Brasil
Venezuela
Guatemala
Ecuador
Colombia
Bolivia
Panamá
Argentina
Nicaragua
Perú
Chile
Uruguay

Page 3
política laboral debería esforzarse por mejorar la
asignación de los recursos y ampliar la cobertura
contra riesgos, parece haber un conflicto entre esas
dimensiones. Mantener en funcionamiento el
mecanismo de asignación y al mismo tiempo ofre-
cer un seguro adecuado a los trabajadores constitu-
ye uno de los principales retos para la política
laboral de la región.
D
IMENSIONES DEL DESEMPEÑO
DEL MERCADO LABORAL
El desempeño del mercado laboral suele resumirse
en las tasas de desempleo. Sin embargo, también
deben considerarse muchas otras dimensiones del
desempeño. En este capítulo se evalúan los resul-
tados de los mercados laborales de América Latina
sobre la base del modo en que realizan sus tareas
clave: distribuir recursos, ingresos y riesgos entre
trabajadores y empresas. Asimismo, se analiza la
calidad de las relaciones laborales, es decir, la cali-
dad de la especial relación que se establece entre
empleadores, trabajadores y sindicatos para deter-
minar si contribuye a mejorar las condiciones de
trabajo y a elevar la tasa de productividad o –por el
contrario– a fomentar el conflicto y la desconfian-
za. Para cada país se calculan los indicadores en
tres dimensiones –eficiencia, cobertura del seguro
social y equidad– y se examina si existen conflictos
entre ellas.
En el recuadro 1.1 se describen las dificulta-
des que surgen al recopilar datos sobre el mercado
laboral. En general, solo se contó con datos para los
años noventa y por lo tanto, el análisis no ofrece
una evaluación de largo plazo de la evolución del
mercado laboral. En vista de esa limitación, la aten-
ción se centra en las diferencias entre un país y
otro, por medio de la comparación de los valores
promedio de todas las variables de cada país duran-
te los años noventa. La evolución de muchas varia-
bles se estudia tanto para el conjunto de la región
Un diagnóstico del mercado laboral en América Latina
15
Recuadro 1.1 Datos del mercado laboral
La escasez y falta de comparabilidad de la información
sobre las variables del mercado laboral en América Latina
sigue siendo un gran obstáculo para el análisis. La base de
datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT)
ofrece estadísticas sobre un número notable de países y años
y sobre una serie de indicadores; sin embargo, esa infor-
mación no siempre permite comparar los países o los distin-
tos años entre sí. Por ejemplo, la definición de los
indicadores difiere de un país a otro y las zonas geográficas
y el rango de edades utilizados para calcular el valor de
esos indicadores para cada país no coinciden. Asimismo,
las fuentes y la cobertura de la muestra varían a lo largo del
tiempo. La OIT enfrenta grandes dificultades porque depen-
de de la capacidad de los países para proporcionar datos.
Sin embargo, la calidad de la información está mejorando
sustancialmente y la organización se está empeñando en
divulgar datos comparables.
A fin de resolver algunos de estos problemas, el pre-
sente estudio se apoya en un gran número de encuestas de
hogares, y presta especial atención a los problemas de com-
parabilidad de las series cronológicas y de los datos de los
países. Si bien los datos del Banco Interamericano de Desa-
rrollo (BID) ofrecen una visión de corte transversal útil para
evaluar a muchos países, la dimensión de las series crono-
lógicas no es siempre lo suficientemente amplia como para
describir cabalmente los cambios que se han producido con
el tiempo.
La colección de encuestas armonizadas del BID no es
exhaustiva. En particular, los países del Caribe no están
cubiertos debido a problemas en la disponibilidad de los
estudios y a la falta de comparabilidad de las encuestas del
Caribe con las de otros países. El BID está en vías de exten-
der la información disponible para estos países.
Dadas estas limitaciones, en este capítulo –y en térmi-
nos generales, en todo este informe– se emplean diversas
fuentes de datos, según la dimensión que se desea analizar.
En general, se utilizan los datos del BID para comparar los
datos de los países y analizar la dinámica del mercado
laboral, en tanto que el análisis de las series cronológicas se
basa en datos del BID y de fuentes publicadas, como los que
divulga la OIT y la Comisión Económica para América Lati-
na y el Caribe (CEPAL). Además, sólo se cuenta con datos de
panel sobre empresas, plantas y trabajadores para un redu-
cido número de países. Por lo tanto, el análisis de la diná-
mica del mercado laboral se limita a unos pocos países
(capítulo 2).

Page 4
como para cada uno de los países sobre los cuales
se dispone de datos.
A
SIGNACIÓN DE LOS RECURSOS
Una de las tareas clave de los mercados laborales es
asignar continuamente trabajadores a las tareas en
que sean más productivos. Como se indica en el
capítulo 2, un mercado de trabajo que ejecuta bien
esta tarea no se limita a asignar correctamente tra-
bajadores a puestos de trabajo: es además una
importante fuente de crecimiento económico. Se
considera que el mercado laboral asigna eficiente-
mente los recursos disponibles si toda persona dis-
puesta a trabajar encuentra empleo, no quedan
puestos de trabajo vacantes y se logra el empareja-
miento adecuado entre trabajadores y empleos. Es
evidente, por ejemplo, que un mercado laboral que
registra regularmente un alto nivel de desempleo
no está asignando los recursos acertadamente. No
obstante, aunque una tasa de desempleo persisten-
temente elevada es señal de problemas en el mer-
cado laboral, una baja tasa de desempleo no indica
necesariamente que la situación del mercado labo-
ral sea favorable. Es posible que la tasa de desem-
pleo sea baja porque los trabajadores se han
resignado a no buscar empleo –el efecto del “traba-
jador desalentado”– o porque no cuentan con los
medios para buscar el empleo más ventajoso y, por
lo tanto, se contentan con aceptar el primero que
se les ofrece. En este último caso, los trabajadores
consiguen empleo, pero el emparejamiento traba-
jador-puesto de trabajo podría ser deficiente. (En el
recuadro 1.2 se definen el desempleo y otras varia-
bles del mercado laboral.)
Un problema conexo que surge al evaluar la
forma en que el mercado laboral empareja trabaja-
dores y puestos de trabajo es que, si bien la asigna-
ción de los recursos es un concepto dinámico, la
16
Capítulo
1
Recuadro 1.2 Indicadores del mercado laboral
Tasa de participación de la fuerza laboral. Número de per-
sonas de la fuerza laboral como porcentaje de la población
en edad de trabajar. La fuerza laboral es la suma de las per-
sonas empleadas y no empleadas. La población en edad de
trabajar se define como el número de personas dentro de
cierto rango de edad. Aunque varía de un país a otro, en
todas las variables calculadas por el BID, ese rango com-
prende a las personas de 15 a 64 años.
Tasa de empleo. Número de personas con empleo como
proporción de la población en edad de trabajar. El número
de personas con empleo incluye a todas las personas que
durante el período de referencia especificado, ya sea una
semana o un día, trabajaron al menos una hora, con fines
de lucro o para colaborar con sus familias, y recibieron una
remuneración –en efectivo o en especie– en el marco de un
empleo remunerado, un empleo por cuenta propia, o en
calidad de contribuyentes al ingreso familiar (también deno-
minados trabajadores familiares no remunerados).
Tasa de desempleo. Número de personas sin empleo como
proporción de la fuerza laboral. Las personas sin empleo
son todas las personas que durante el período de referencia:
no tenían empleo, es decir, no trabajaban; estaban disponi-
bles para trabajar en forma remunerada o por cuenta pro-
pia, y buscaban trabajo, es decir, habían tomado medidas
para obtener empleo, remunerado o por cuenta propia.
Tasa de subempleo. Número de personas que trabajan
menos horas que una jornada laboral completa como pro-
porción del empleo total. A los fines de este estudio, si el
número de horas de trabajo semanal es menor o igual a 30
no representa una jornada completa.
Subempleo voluntario. Proporción de personas que traba-
jan menos de 30 horas semanales y que no desean trabajar
más horas.
Subempleo involuntario. Proporción de personas que traba-
jan menos de 30 horas semanales y que desean trabajar
más horas.
Tasa de cobertura. Proporción de empleados asalariados o
del total de los empleados inscritos en un programa de pres-
taciones de seguridad social con derecho a recibir esas pres-
taciones. (El sistema de seguridad social ofrece cobertura en
caso de desempleo, enfermedad, discapacidad, vejez y
fallecimiento.) Se supone que los trabajadores no inscritos en
el sistema de seguridad social no tienen derecho a las demás
prestaciones que prescribe la legislación laboral.

Page 5
mayoría de las estadísticas laborales captan con-
ceptos estáticos. Por consiguiente, si bien lo que
interesa es determinar si los desempleados tienen
dificultades para encontrar puestos acordes con sus
calificaciones, si los trabajadores desplazados se
ven obligados a aceptar grandes recortes salariales
o si los trabajadores con seguro de desempleo son
los que obtienen mejores trabajos, las estadísticas
del mercado laboral se limitan a determinar el
número de personas empleadas o desempleadas,
por ocupaciones y sectores. Son muy pocos los
casos en que los datos disponibles permiten anali-
zar la situación del trabajador y del empleo a lo
largo del tiempo. En consecuencia, aunque puede
establecerse si los trabajadores son asignados a un
puesto de trabajo, se sabe muy poco sobre si esa
asignación es correcta.
En el capítulo 2 se analiza la dinámica del
mercado laboral de un grupo de países para los cua-
les se cuenta con datos longitudinales sobre los tra-
bajadores y las empresas. Este capítulo utiliza la
información recopilada en encuestas de hogares y
de empleo para llegar a una visión aproximada,
pero de mayor alcance en cuanto al número de paí-
ses, sobre la forma en que los mercados laborales
asignan los recursos en América Latina. Se anali-
zan las tasas de desempleo, la duración del desem-
pleo y las diferencias entre el desempleo de las
distintas categorías de trabajadores a través del
tiempo y de los distintos países de la región. Mien-
tras que la tasa de desempleo mide el número de
personas que desean trabajar y que buscan activa-
mente un empleo, la duración del desempleo
indica en qué medida la masa de personas desem-
pleadas permanece estancada. Las brechas en el
desempleo permiten saber si la desocupación se
concentra en una categoría específica de trabajado-
res. Además, ya que puede sostenerse que la tasa
de desempleo oculta el verdadero grado de desocu-
pación, se examinan otros indicadores, como el
nivel y la evolución de la proporción de personas
que trabajan por cuenta propia o que están subem-
pleadas, para complementar el panorama de la
asignación de trabajadores a los puestos de trabajo
en los mercados laborales de América Latina.
Lamentablemente, es muy poco lo que puede afir-
marse sobre el modo en que se ocupan los puestos
de trabajo porque la mayoría de los países no cuen-
tan con datos sobre puestos vacantes.
Aumento del desempleo
El desempleo se ha transformado en un problema
significativo en América Latina. A fines de los años
noventa la región registraba tasas de desempleo
mucho más altas que al principio de la década (grá-
fico 1.3). En el Caribe, en cambio, la tasa de des-
empleo ha disminuido constantemente desde 1993
(gráfico 1.4). Cabe señalar, sin embargo, que en
América Latina gran parte del aumento del desem-
pleo se produjo después de 1994 y nuevamente
después de 1998, coincidiendo con períodos de bajo
crecimiento económico. De hecho, como se ve en
el gráfico 1.3, durante los años ochenta y noventa,
los períodos de bajo crecimiento económico gene-
ralmente trajeron consigo un aumento del desem-
pleo. No obstante, en 2000 la tasa mediana de
desempleo fue superior a 10%, nivel equivalente a
las tasas que la región alcanzó en los peores
momentos de la crisis de la deuda (1983-1985), a
pesar de que la contracción de la actividad econó-
mica a fines de los años noventa fue mucho menos
pronunciada que en los años ochenta. Esto parece
indicar que la tasa de desempleo reacciona mucho
más enérgicamente a las fluctuaciones de la activi-
dad económica que en períodos anteriores. Asimis-
mo, es evidente que el desempleo no es sólo un
problema de los países ricos; a principios de esta
década, las tasas promedio de desempleo en Amé-
rica Latina eran considerablemente más altas que
las de Europa Continental y del Este, dos regiones
que suelen distinguirse por sus altas tasas de des-
empleo (gráfico 1.5).
Aunque la tasa regional de desempleo de
América Latina ha aumentado, cada país registró
su propia trayectoria y algunos lograron reducir sus
tasas de desocupación. Si se comparan las tasas pro-
medio de los años ochenta y noventa se observa
que algunos países –sobre todo México y los países
de Centroamérica– registraron tasas de desempleo
más bajas en los años noventa que durante los
ochenta. En otros países, la tasa de desempleo pro-
medio aumentó, aunque en la mayoría de los casos
la diferencia fue pequeña (gráfico 1.6). Si en cam-
Un diagnóstico del mercado laboral en América Latina
17

Page 6
bio se examina la variación anual de la tasa de des-
empleo en los años noventa, se comprueba que en
México, Bolivia y Panamá se redujeron las tasas de
desempleo. Por el contrario, los países del Cono Sur
–Argentina, Brasil, Chile y Uruguay– registraron en
promedio considerables aumentos anuales del des-
empleo. Lo mismo sucedió en Colombia y Vene-
zuela.
Más allá de las diferencias en cuanto a trayec-
torias, hay grandes y persistentes disparidades en
la tasa promedio de desempleo entre un país y otro.
Algunos se caracterizan por sus altos niveles de
desempleo, mientras que otros registran tasas per-
sistentemente bajas. En los años ochenta, de los 19
países que se incluyen en el gráfico 1.6, ocho regis-
traron, en promedio, tasas de desempleo urbano de
más de 10% y otros seis, tasas de menos de 6%. Con
excepción de las tasas de desempleo de los países
del Caribe y Panamá –que no pueden compararse
directamente con las tasas de los otros países por-
que se calculan a partir de diferentes metodologí-
as– las discrepancias en las definiciones de
desempleo no explican por qué se registraron dife-
rencias tan persistentes en esas tasas. Así, con
pocas excepciones, los países que padecieron altas
tasas de desempleo en los años ochenta también
registraron altas tasas de desempleo en los noven-
ta, lo que indicaría que las diferencias en los nive-
les de desempleo entre un país y otro se deben a
factores estructurales.
En la mayoría de los países, el aumento de las
tasas de desempleo no guardó relación con una dis-
minución de las oportunidades de empleo (al
menos en cuanto al número de puestos de trabajo).
Prácticamente en todos los países incluidos en el
gráfico 1.7 la proporción de la población empleada
creció durante los años noventa. La proporción de
la población total con empleo disminuyó única-
mente en Brasil, Argentina y Colombia.
18
Capítulo
1
Gráfico 1.5 Tasa de desempleo promedio por región, 2001
(En porcentaje)
Fuente: OIT (LABORSTA y Panorama Laboral) y estadísticas de la OCDE.
0
2
4
6
8
10
12
Estados Unidos
Asia del Este
Países desarrollados
angloparlantes
Europa
Continental
Europa del Este
América Latina
Gráfico 1.3 Tasa de desempleo urbano y crecimiento del PIB
en América Latina
Tasa de desempleo (porcentaje)
Crecimiento del PIB (porcentaje)
Crecimiento del PIB (media)
Desempleo (media)
Nota: El gráfico incluye datos para Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia,
Costa Rica, Ecuador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Perú,
Paraguay, Uruguay y Venezuela.
Fuente: Tasa de desempleo de la CEPAL; PIB (precios constantes, moneda local) del FMI.
1980
1981
1982
1983
1984
1985
1986
1987
1988
1989
1990
1991
1992
1993
1994
1995
1996
1997
1998
1999
2000
2001
5
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7
8
9
10
11
-4
-3
-2
-1
0
1
2
3
4
5
6
Gráfico 1.4 Tasa de desempleo urbano en el Caribe
(En porcentaje)
Nota: El gráfico incluye datos de Barbados, Jamaica y Trinidad y Tobago.
Fuente: OIT.
1980
1981
1982
1983
1984
1985
1986
1987
1988
1989
1990
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1999
2000
2001
10
12
14
16
18
20
22

Page 7
El aumento del empleo y de las tasas de par-
ticipación laboral es consecuencia del trabajo de la
mujer. Si bien en promedio las tasas de participa-
ción masculina en la fuerza laboral se mantuvieron
constantes, en los años noventa la participación de
las mujeres se incrementó a una tasa anual de 0,7
puntos porcentuales (cuadro 1.1). Más aún, al
menos en cuatro países las tasas de participación
femenina aumentaron como mínimo nueve puntos
porcentuales durante la década. Estas tasas supe-
ran por un amplio margen el aumento de las tasas
de participación femenina en la fuerza laboral en
otras regiones del mundo durante los años noven-
ta, lo que indicaría que aunque la tasa de participa-
ción femenina de la región es todavía baja –sobre
todo en Chile, Costa Rica y México– en compara-
ción con los países desarrollados o los de Asia del
Este se observa una convergencia hacia los niveles
internacionales. Esto sugiere que la tasa de partici-
pación femenina podría seguir subiendo considera-
blemente en el futuro. Las tasas de participación
masculina, en cambio, se sitúan dentro del rango
observado en otras regiones del mundo.
Duración del desempleo
En los años noventa no varió significativamente la
incidencia regional del desempleo de largo plazo,
definida como la proporción de desempleados que
pasaron un año o más en búsqueda de empleo.
Algunos países registraron un aumento de la dura-
ción, pero en otros disminuyó el porcentaje de
desempleados de largo plazo. La incidencia del des-
empleo de largo plazo en la región es baja, al
menos cuando se compara con las tasas de los paí-
ses de Europa del Este y otros países desarrollados
(cuadro 1.2). Sin embargo, en la mitad de los países
para los cuales se dispone de datos, la incidencia
del desempleo de largo plazo durante los años
noventa fue mayor que en Estados Unidos. Algo
bastante sorprendente porque la proporción de tra-
bajadores con derecho a seguro de desempleo o a
indemnizaciones por despido es relativamente
pequeña y ha ido disminuyendo. Por lo tanto, para
muchos trabajadores es difícil dedicar mucho tiem-
po a buscar trabajo. Aun así, a fines de los años
noventa más de 50% del desempleo en Uruguay, y
más de 40% en Colombia, era de largo plazo.
En el otro extremo de la distribución del des-
empleo, el cuadro 1.2 muestra que hasta 36% de los
desocupados estuvo desempleado un mes o menos
en América Latina, frente a 8% en Europa del Este,
11% en Europa Continental y 17% en otros países
angloparlantes desarrollados (excluido Estados Uni-
dos). Esto sugiere que, en promedio, el mercado
laboral de América Latina reasignó trabajadores
desempleados hacia puestos de trabajo más rápida-
mente que regiones más ricas, pero a un ritmo más
Un diagnóstico del mercado laboral en América Latina
19
Gráfico 1.6 Tasa de desempleo urbano, 1980-89 vs. 1990-2001
0
5
10
15
20
25
0
5
10
15
20
25
Desempleo promedio 1980-89
Desempleo promedio 1990-2001
Nota: Las tasas de desempleo en el Caribe no son comparables con las del
continente por diferencias metodológicas.
Fuente: CEPAL y OIT.
El Caribe
Trinidad
y Tobago
Jamaica
Barbados
Venezuela
Uruguay
Perú
Paraguay
Panamá
Nicaragua
México
Honduras
Guatemala
Ecuador
Costa Rica
Colombia
Chile
Brasil
Bolivia
Argentina
América Latina
Gráfico 1.7 Cambio anual en las tasas de empleo y desempleo,
1990-2001
(En porcentaje)
Nota: Datos nacionales excepto para Argentina, México y Uruguay, que son urbanos.
Fuente: Encuestas de hogares del BID.
-0,6
-0,4
-0,2
0,0
0,2
0,4
0,6
0,8
1,0
-0,4
-0,2
0,0
0,2
0,4
0,6
0,8
1,0
1,2
Cambio anual en la tasa de desempleo
Cambio anual en la tasa de empleo
Colombia
Venezuela
Uruguay
Perú
Panamá
México
Honduras
Costa Rica
Chile
Brasil
Bolivia
Argentina
América Latina

Page 8
lento que Estados Unidos. En algunos países, al
menos 50% de los desempleados estuvieron des-
ocupados un mes o menos. Estas cifras podrían
indicar que el mercado laboral reasignó los trabaja-
dores con una eficiencia extraordinaria o, por el
contrario, que los trabajadores enfrentaron graves
limitaciones en su búsqueda de empleos bien
remunerados.
Grandes brechas en el desempleo
En los años noventa las tasas de desempleo de las
mujeres y de los jóvenes de América Latina fueron
extraordinariamente altas en relación con las tasas
de desempleo de los hombres y de los trabajadores
adultos. Sin embargo, estas brechas no variaron
demasiado durante la década (cuadro 1.3). La razón
entre las tasas de desempleo de hombres y mujeres
fue mucho más alta en América Latina que en otras
20
Capítulo
1
Cuadro 1.1 Participación de la fuerza laboral por género, 1990-2001
(En porcentaje)
Hombres
Mujeres
Número de
Cambio
Cambio
País
observaciones Promedio
anual
Promedio
anual
América Latina
77
83,3
0,04
47,6
0,73*
Argentina
10
81,7
–0,23*
50,0
0,72*
Bolivia
6
75,6
–0,29*
50,9
0,32
Brasil
7
86,4
–0,48*
53,2
0,43*
Chile
5
79,4
0,02
38,8
0,90*
Colombia
6
85,0
–0,38*
48,8
0,84*
Costa Rica
6
85,5
0,00
38,3
0,62*
Ecuador (1998)
89,8
58,4
El Salvador (1999)
79,9
47,2
Guatemala (1998)
89,5
47,0
Honduras
5
88,4
0,42*
42,4
1,28*
México
12
79,2
0,07
39,1
0,51*
Nicaragua (2001)
82,4
45,1
Panamá
6
79,4
0,49
40,3
0,66*
Paraguay (1999)
86,1
50,3
Perú
4
81,2
0,89*
55,5
1,20*
República Dominicana (1998)
83,4
49,1
Uruguay
5
84,9
–0,15
58,7
0,72*
Venezuela
5
82,4
0,47*
43,5
1,79*
Asia del Este
38
80,1
–0,14*
51,7
0,07
Europa Continental
112
80,0
–0,08*
61,0
0,46*
Europa del Este
30
74,3
–0,25*
59,5
–0,40*
Estados Unidos
11
85,6
–0,18*
70,4
0,33*
Otros países desarrollados
59
82,8
–0,05
62,7
0,57*
angloparlantes
* Significativo al 15%.
Nota: La participación de la fuerza laboral masculina (femenina) se expresa como porcentaje de la población masculina (femenina) de edad laboral (15 a 64 años).
Para Asia del Este, el grupo de edad varía según el país. Debido a que se calcularon el promedio y la tendencia sobre la base de datos que abarcan tres períodos
–inicio (1990–93), mitad (1994–97) y final (1998–2001)– de tres años o más, no se dispone de datos completos. Los países que están incluidos en las regiones a
continuación son los siguientes: Asia del Este: Indonesia, Corea, Malasia, Filipinas y Tailandia; Europa Continental: Alemania, Dinamarca, España, Francia, Grecia,
Italia, Noruega, Holanda, Portugal y Suecia; Europa del Este: República Checa, Hungría y Polonia; otros países desarrollados angloparlantes: Australia, Canadá,
Irlanda, Nueva Zelanda y Reino Unido. Las tendencias por país se obtuvieron por medio de regresiones de los datos disponibles sobre una tendencia temporal. Las
tendencias regionales se obtuvieron por medio de regresiones de datos disponibles sobre una tendencia temporal y un conjunto de efectos fijos por países.
Fuente: América Latina y el Caribe: cálculos del BID basados en encuestas de hogares. Datos nacionales excepto para Argentina, Bolivia, México y Uruguay, que son
urbanos. Asia del Este: LABORSTA y datos nacionales. OCDE: Bases de datos online para datos de la fuerza laboral.

Page 9
regiones del mundo, con excepción de Europa Con-
tinental. De hecho, en algunos países, entre otros
Brasil, Chile, Colombia y Uruguay, las brechas en el
desempleo atribuibles al género fueron incluso más
pronunciadas que en Europa Continental. Las tasas
de desempleo de los trabajadores jóvenes respecto
de las de los trabajadores adultos también fueron
altas en relación con otras regiones, con excepción
de Estados Unidos. En algunos países la tasa de des-
empleo de los jóvenes triplicó la de los adultos.
Estas grandes diferencias indican que existen
problemas sustanciales e inquietantes en el merca-
do laboral; sin embargo, la causa de esos problemas
es incierta porque son diversos los fenómenos que
pueden originar grandes brechas en el desempleo.
Estas pueden ser resultado de barreras, regulacio-
nes o prácticas de discriminación que siguen vigen-
tes y que dificultan el ingreso de mujeres y
personas jóvenes al mercado laboral. Por otra parte,
también pueden deberse a que, en promedio, las
mujeres y los jóvenes pueden dedicar más tiempo
a la búsqueda de empleo que los hombres y los
adultos, ya que estos en muchos casos generan la
mayor parte del ingreso familiar y, por lo tanto, se
ven obligados a aceptar cualquier puesto de traba-
jo. En el primer caso, el problema se concentra en
Un diagnóstico del mercado laboral en América Latina
21
Cuadro 1.2 Duración del desempleo, 1990-2001
(En porcentaje)
De corto plazo
De largo plazo
Hasta un mes
Un año o más
Número de
Cambio
Cambio
País
observaciones Promedio
anual
Promedio
anual
América Latina
50
36,14
–0,17
11,18
0,47
Argentina
10
27,05
–0,03
9,22
0,83*
Bolivia (1997)
15,22
22,60
Chile (1996)
49,16
2,74
Colombia
6
20,06
–2,56*
33,72
0,76
Costa Rica
6
37,26
–0,80
10,57
0,66*
Ecuador (1998)
57,35
5,20
Guatemala (1998)
52,24
0,08
Honduras
5
46,01
2,25
4,01
–1,24*
México
12
49,66
0,51*
0,78
0,08*
Nicaragua (2001)
65,37
1,16
Panamá
6
13,20
0,62*
24,63
–1,35*
Paraguay (1999)
9,25
21,61
Perú (2000)
52,00
1,10
República Dominicana (1996)
44,55
3,30
Uruguay
5
19,92
–2,67*
23,48
4,52
Venezuela (1999)
19,91
14,75
Europa Continental
a
104
11,36
0,48*
42,04
0,20
Europa del Este
29
8,28
–0,60*
41,52
1,93*
Estados Unidos
12
39,65
0,33
7,35
–0,19
Otros países desarrollados
48
17,32
0,70*
32,51
–0,46*
angloparlantes
b
** Significativo al 15%.
a
Hay 115 observaciones para el desempleo de largo plazo.
b
Hay 57 observaciones para el desempleo de largo plazo.
Nota: Debido a que se calcularon el promedio y la tendencia sobre la base de datos que abarcan tres períodos –inicio (1990–93), mitad (1994–97) y final
(1998–2001)– de tres años o más, no se dispone de datos completos. Para los países incluidos en las regiones, véase la nota del cuadro 1.1. El desempleo de corto
plazo no incluye ni Irlanda ni Portugal. Las tendencias por país se obtuvieron por medio de regresiones de los datos disponibles sobre una tendencia temporal. Las
tendencias regionales se obtuvieron por medio de regresiones de datos disponibles sobre una tendencia temporal y un conjunto de efectos fijos por países.
Fuente: América Latina y el Caribe: cálculos del BID basados en encuestas de hogares, y datos nacionales excepto para Argentina, Bolivia, México y Uruguay, que
son urbanos. OCDE: Bases de datos online de la OCDE.

Page 10
las mujeres y los jóvenes del mercado laboral; en el
segundo, se relaciona con los adultos. La explica-
ción basada en la imposibilidad de buscar trabajo es
aplicable a países como México, donde la tasa de
desempleo de adultos y varones es sumamente
baja. La interpretación de que existen barreras para
la inserción laboral es más probable para países
donde las tasas de desempleo de hombres y adultos
no son bajas. En este segundo grupo de países, las
tasas de desempleo de los jóvenes –muy superiores
a las tasas de la población adulta– están alcanzando
niveles altos en términos absolutos. Esta tendencia
22
Capítulo
1
Cuadro 1.3 Brechas de desempleo por género, edad y área, 1990-2001
(Razón de la tasa de desempleo)
Hombres
Mujeres/hombres
jóvenes/adultos
a
Urbana/rural
Número de
Cambio
Cambio
Cambio
País
observaciones
Promedio
anual
Promedio
anual
Promedio
anual
América Latina
b
77
1,30
0,00
2,65
–0,05
4,31
–0,72*
Argentina
10
1,24
–0,02
2,55
–0,10*
Bolivia
c
6
1,16
0,02
2,23
0,09
13,27
Brasil
7
1,57
0,02*
2,56
0,04*
3,54
–0,16*
Chile
5
1,45
–0,01
2,82
–0,03
1,40
–0,04
Colombia
6
1,94
–0,07*
2,74
–0,08
2,06
–0,08*
Costa Rica
6
1,56
0,03
3,31
–0,05
1,08
–0,01
Ecuador (1998)
1,03
1,88
4,47
El Salvador (1999)
0,62
1,93
1,20
Guatemala (1998)
0,52
1,97
2,59
Honduras
5
0,95
–0,01
1,80
0,13
3,30
–0,07
México
12
1,23
–0,01
3,20
–0,01
Nicaragua (2001)
1,10
1,39
2,55
Panamá
6
1,39
0,01
2,75
0,06*
2,00
–0,06
Paraguay (1999)
1,36
2,83
3,32
Perú
4
1,11
–0,01
3,45
–0,44
20,67
–4,45
República Dominicana (1998)
2,75
3,64
1,47
Uruguay
5
1,63
–0,01*
4,62
–0,24*
Venezuela
d
5
0,85
0,02
1,99
–0,08*
1,72
Asia del Este
35
1,04
–0,03*
Europa Continental
e
185
1,43
–0,005*
2,42
0,01
Europa del Este
f
31
1,19
0,00
2,46
0,00
Estados Unidos
g
11
1,00
0,01*
2,825
0,10*
Otros países desarrollados
60
0,90
0,00
2,16
0,05*
angloparlantes
h
* Significativo al 15%.
a
El grupo total de edad laboral es de 15 a 64 años, el grupo joven es de 15 a 24 años, y el grupo adulto es de 25 a 49 años.
b
Basado en 39 observaciones para la brecha urbana/rural.
c
Los datos para la brecha urbana/rural corresponden a 1999.
d
Los datos para la brecha urbana/rural corresponden a 1995.
e
Basado en 118 observaciones para la brecha de hombres jóvenes/adultos.
f
Basado en 29 observaciones para la brecha de hombres jóvenes/adultos.
g
Basado en 12 observaciones para la brecha de hombres jóvenes/adultos.
h
Basado en 55 observaciones para la brecha de hombres jóvenes/adultos.
Nota: El desempleo representa la proporción de la fuerza laboral (15 a 64 años) que está desempleada. Para Asia del Este, el grupo de edad varía según el país.
Debido a que se calcularon el promedio y la tendencia sobre la base de datos que abarcan tres períodos –inicio (1990–93), mitad (1994–97) y final (1998–2001)–
de tres años o más, no se dispone de datos completos. Para los países incluidos en las regiones, véase nota del cuadro 1.1 (excepto para Noruega, que solo se inclu-
ye para la brecha de hombres jóvenes/adultos). Las tendencias por país se obtuvieron por medio de regresiones de los datos disponibles sobre una tendencia tem-
poral. Las tendencias regionales se obtuvieron por medio de regresiones de datos disponibles sobre una tendencia temporal y un conjunto de efectos fijos por países.
Fuente: América Latina y el Caribe: cálculos del BID basados en encuestas de hogares, y datos nacionales excepto para Argentina, Bolivia, México y Uruguay, que
son urbanos. Asia del Este: LABORSTA. OCDE: Bases de datos online de la OCDE.

Page 11
inquietante limita las oportunidades económicas
de este grupo de trabajadores y es posible que
tenga consecuencias significativas e indeseables en
términos de marginalidad, violencia y delincuencia
juvenil.
Aunque las brechas entre el desempleo urba-
no y rural también fueron pronunciadas, en térmi-
nos relativos disminuyeron durante los años
noventa. En promedio, las tasas de desempleo de
las ciudades fueron más de cuatro veces más altas
que las tasas de zonas rurales (cuadro 1.3). Entre
las excepciones se encuentra Perú, donde la razón
fue igual a 20 y Bolivia cuya razón fue 13. Estas
cifras indican que hay todavía grandes diferencias
entre las estructuras del mercado laboral de zonas
rurales y urbanas. Es posible que los trabajadores
rurales tengan una capacidad mucho más limitada
para buscar trabajo que los trabajadores urbanos.
Muchos analistas sostienen que hay una cre-
ciente demanda de trabajadores calificados. ¿Hay
pruebas de que el desempleo se esté concentrando
cada vez más en los trabajadores no calificados?
¿Pueden atribuirse los aumentos de la tasa de des-
empleo a cambios en la demanda de mano de obra
calificada? Aunque parezca razonable, es escasa la
evidencia que apoya esta hipótesis. Si bien la tasa
de desempleo de trabajadores con escolaridad
secundaria tiende a ser más alta que la de trabaja-
dores con escolaridad primaria o con estudios uni-
versitarios (cuadro 1.4), no hay indicios de que el
desempleo se esté concentrando entre los trabaja-
dores no calificados. En cambio, parece verificarse
lo contrario: en promedio, un trabajador con for-
mación terciaria tiene cada vez más probabilidades
de estar desempleado en relación con sus pares
menos calificados (cuadro 1.4).
¿Es posible que los trabajadores no calificados
se hayan retirado de la fuerza laboral desalentados
porque no consiguieron empleo? Según Murphy y
Topel (1997), en Estados Unidos el desempleo ha
dejado de ser un buen indicador de las cambiantes
oportunidades de los trabajadores no calificados. La
razón es que, cada vez más, estos trabajadores se
retiran de la fuerza laboral al enfrentarse con opor-
tunidades económicas poco favorables. No obstan-
te, en general no hay evidencia de que los
trabajadores no calificados se están retirando de la
fuerza laboral en América Latina, ya que las tasas
de empleo de los trabajadores calificados de la
región no variaron respecto de los trabajadores no
calificados (cuadro 1.4). La ausencia de una ten-
dencia global oculta las diferencias entre un país y
otro. En Bolivia, Colombia y Costa Rica las oportu-
nidades de empleo favorecen a los trabajadores
más calificados; en Chile y Perú, las tasas de
empleo de trabajadores con escolaridad secundaria
aumentaron más rápidamente que las de los traba-
jadores con estudios universitarios.
Otros indicadores
Se ha sostenido que las tasas de desempleo no
miden el grado real de desocupación porque
muchos trabajadores, sobre todo los no calificados,
no cuentan con los medios necesarios para perma-
necer en situación de desempleo, como se des-
prende de las bajas tasas de desempleo de
trabajadores con escolaridad primaria en relación
con las de trabajadores que han completado sus
estudios secundarios (cuadro 1.4). En consecuen-
cia, muchos analistas han definido variables para
captar la proporción de trabajadores con empleos
precarios, de baja calidad, usualmente denomina-
dos “empleos informales”. La OIT, por ejemplo, cla-
sifica como trabajadores informales a los que
trabajan por cuenta propia, en empresas familiares
sin cobrar salario, como empleados domésticos o
en empresas de no más de cinco empleados.
2
Si se tienen en cuenta estas categorías, es posi-
ble que la tasa de desempleo no refleje el deterioro
de las condiciones del mercado laboral en Bolivia,
México o Panamá. En el gráfico 1.8 se muestra la
variación anual del desempleo en relación con la
variación de la proporción de trabajadores por cuen-
ta propia, de trabajadores no remunerados o que
trabajaban en empresas de no más de cinco emple-
ados en los años noventa. En todos los casos la pro-
porción de trabajadores de cada categoría aumentó
en México y Bolivia, aunque en promedio las tasas
de desempleo siguieron una tendencia negativa.
Un diagnóstico del mercado laboral en América Latina
23
2
Véase Panorama laboral, publicación de la oficina de la Organi-
zación Internacional del Trabajo en Lima, Perú.

Page 12
En otros países no se distinguió una tendencia
clara respecto de los trabajadores no remunerados
y los que trabajan por cuenta propia, pese al
aumento generalizado de las tasas de desempleo.
La proporción de trabajadores no remunerados,
que en los años noventa representaban en prome-
dio 6,8% del empleo, disminuyó en siete de los 11
países y aumentó en los cuatro restantes (gráfico
1.8b). En cuanto al empleo por cuenta propia, la
tasa de variación media fue positiva pero no esta-
dísticamente diferente de cero (gráfico 1.8a), debi-
do a que los resultados variaron de un país a otro
pero en muchos el desempleo aumentó. La propor-
ción de trabajadores por cuenta propia, que en el
conjunto de la región representaban 27% del
empleo, aumentó en seis de los 11 países y dismi-
nuyó en cinco. En algunos países, los fuertes
aumentos del desempleo trajeron consigo un incre-
mento de la proporción de trabajadores por cuenta
propia. En otros casos, el desempleo aumentó sus-
tancialmente y la proporción de trabajadores por
cuenta propia se redujo. En cambio, la proporción
de trabajadores empleados en empresas muy
pequeñas (no más de cinco empleados) aumentó
en todos los países para los cuales se dispone de
datos en los años noventa, con excepción de Chile
(gráfico 1.8c).
A juzgar por la evolución de estas categorías
24
Capítulo
1
Cuadro 1.4 Brechas de empleo y desempleo por nivel de escolaridad, 1990-2001
Tasa de desempleo
Tasa de empleo
Alguna terciaria/Alguna terciaria/
Secundaria/primaria
secundaria
Secundaria/primaria
secundaria
Número de
Cambio
Cambio
Cambio
Cambio
País
observaciones
Promedio
anual
Promedio
anual
Promedio
anual
Promedio
anual
América Latina
a
77
1,68
–0,01
0,67
0,01*
1,07
0,000
1,07
0,00
Argentina
10
0,81
0,01
0,71
–0,01*
1,17
0,005
1,08
0,00
Bolivia
6
2,43
0,15*
0,77
0,01
0,86
–0,006*
1,04
0,01*
Brasil
7
1,28
0,00
0,55
0,00
1,15
0,002
1,12
0,00
Chile
b
5
1,22
–0,03
0,67
0,01
1,23
0,007*
1,01
–0,01*
Colombia
6
1,82
–0,05*
0,60
0,00
1,05
–0,007
1,12
0,01*
Costa Rica
6
0,95
0,00
0,59
0,00
1,06
–0,001
1,12
0,01*
Ecuador (1998)
2,88
0,55
0,91
1,13
El Salvador (1999)
1,79
0,68
1,14
0,89
Guatemala (1998)
2,53
0,39
1,08
1,02
Honduras
5
1,22
0,00
0,71
0,04*
1,11
–0,003
0,97
–0,01
México
12
1,39
0,02*
0,88
0,04*
1,07
–0,004*
1,15
0,00
Nicaragua (2001)
1,36
1,00
1,06
1,02
Panamá
6
2,16
–0,12*
0,60
0,00
1,04
0,008*
1,16
0,00
Paraguay (1999)
1,78
0,40
1,06
1,15
Perú
4
3,33
–0,17
0,90
0,03*
0,90
–0,002
1,06
–0,01*
Rep. Dominicana (1998)
1,27
0,68
1,11
1,15
Uruguay
5
0,92
–0,03*
0,68
0,01
1,16
–0,003
1,07
0,01
Venezuela
5
1,12
0,01
0,73
–0,01
1,03
0,004*
1,06
0,00
Estados Unidos
0,56
0,80
* Significativo al 15%.
a
Hay 78 observaciones para la tasa de empleo.
b
Hay 6 observaciones para la tasa de empleo.
Nota: Las tasas de empleo y desempleo se expresan como porcentaje de la población de edad laboral (15 a 64 años) en la fuerza laboral. Debido a que se calcu-
laron el promedio y la tendencia sobre la base de datos que abarcan tres períodos –inicio (1990–93), mitad (1994–97) y final (1998–2001)– de tres años o más,
no se dispone de datos completos. Las definiciones de nivel de escolaridad varían en cierta medida de un país a otro. Las tendencias por país se obtuvieron por medio
de regresiones de los datos disponibles sobre una tendencia temporal. Las tendencias regionales se obtuvieron por medio de regresiones de datos disponibles sobre
una tendencia temporal y un conjunto de efectos fijos por países.
Fuente: Cálculos del BID basados en encuestas de hogares, y datos nacionales excepto para Argentina, Bolivia, México y Uruguay, que son urbanos. Los datos para
Estados Unidos provienen de la US Bureau of Labor Statistics.

Page 13
de empleo, incluso en países donde la tasa de des-
empleo no aumentó en los años noventa, las con-
diciones del mercado laboral se deterioraron. Sin
embargo, el problema fundamental de estos indica-
dores es que no está claro qué fenómeno miden
realmente. Por ejemplo, si bien la tendencia hacia
una mayor proporción de trabajadores empleados
en empresas muy pequeñas podría interpretarse
como una consecuencia del deterioro de la capaci-
dad del mercado laboral para asignar trabajadores a
empleos de buena calidad, también es posible que
esa tendencia se deba a la aparición de empresas
exitosas de reciente creación, generalmente peque-
ñas. Análogamente, un aumento de la proporción
de personas que trabajan por cuenta propia no
necesariamente implica que se haya deteriorado el
mercado laboral; también puede ser reflejo de nue-
vas oportunidades para actividades a pequeña esca-
la y trabajadores autónomos. (En el recuadro 1.3 se
analizan en mayor profundidad los problemas rela-
cionados con los indicadores del sector informal.)
Finalmente, otro indicador de la medida en
que el mercado laboral asigna todos los recursos
disponibles es el número trabajadores que declaran
que preferirían trabajar un mayor número de
horas. Este indicador capta el porcentaje de la fuer-
za laboral que está subempleado contra su volun-
tad. Según los datos resumidos del cuadro 1.5, en
los años noventa 8,4% de la fuerza laboral, en pro-
medio, trabajó menos de 30 horas semanales y
declaró que habría preferido trabajar más horas. En
cinco países, más de uno de cada diez trabajadores
estaba sujeto a restricciones sobre el número de
horas que podían trabajar. Además, esta variable se
caracterizó por una tasa de crecimiento positiva (y
estadísticamente significativa) en la pequeña
muestra de países para los cuales se contaba con
series temporales.
Indicador resumido de la asignación
de recursos
El desempeño del mercado laboral de América
Latina en la tarea de asignar trabajadores a puestos
de trabajo se califica a partir del desempleo prome-
dio, el desempleo de largo plazo y las brechas del
desempleo. La brecha del desempleo es el prome-
Un diagnóstico del mercado laboral en América Latina
25
Gráfico 1.8 Desempleo y participación de los trabajadores
en el empleo total, 1990-2001
a. Trabajadores por cuenta propia
(En porcentaje)
b. Trabajadores no remunerados
(En porcentaje)
Cambio anual en la participación
de trabajadores por cuenta propia
Cambio anual en la tasa de desempleo
-0,4
-0,2
0,0
0,2
0,4
0,6
0,8
1,0
1,2
1,4
1,6
-0,4
-0,2
0,0
0,2
0,4
0,6
0,8
1,0
1,2
Cambio anual en la participación de trabajadores
no remunerados
Cambio anual en la tasa de desempleo
-0,6
-0,5
-0,4
-0,3
-0,2
-0,1
0,0
0,1
0,2
0,3
-0,4
-0,2
0,0
0,2
0,4
0,6
0,8
1,0
1,2
c. Trabajadores en firmas pequeñas
(En porcentaje)
Cambio anual en la participación de trabajadores en
firmas pequeñas
Cambio anual en la tasa de desempleo
Nota: Las tasas anuales se calculan estimando la tendencia lineal para cada país. Datos nacionales
excepto para Argentina, México y Uruguay, que son urbanos.
Fuente: Cálculos del BID basados en encuestas de hogares y encuestas de empleo.
-0,6
-0,4
-0,2
0,0
0,2
0,4
0,6
0,8
-0,4
-0,2
0,0
0,2
0,4
0,6
0,8
1,0
1,2
Venezuela
Uruguay
Panamá
México
Honduras
Costa Rica
Colombia
Chile
Brasil
Bolivia
Argentina
América Latina
Venezuela
Uruguay
Panamá
México
Honduras
Costa Rica
Colombia
Chile
Brasil
Bolivia
Argentina
América Latina
América Latina
Argentina
Bolivia
Chile
Costa Rica
Honduras
México
Panamá
Uruguay
Venezuela

Page 14
dio simple de las brechas del desempleo por géne-
ro, edad y educación. A su vez, las brechas del des-
empleo por nivel de escolaridad se miden teniendo
en cuenta las diferencias entre los trabajadores con
escolaridad primaria y secundaria y entre los que
han completado sus estudios secundarios y los que
tienen formación universitaria. No se incluyen
indicadores del sector informal en la calificación
resumida porque no está claro que una alta tasa de
empleo por cuenta propia o una elevada propor-
ción de trabajadores empleados en la pequeña
empresa sean señales de deficiencias en el desem-
peño del mercado laboral (recuadro 1.3). Además,
el gráfico 1.9 permite comprobar que existe una
correlación negativa entre las proporciones de tra-
bajadores por cuenta propia y no remunerados y
los niveles de productividad por trabajador, que
indicaría que a largo plazo esas variables captan el
nivel de desarrollo del país más que el desempeño
del mercado laboral. Sin embargo, si la tasa de des-
26
Capítulo
1
Recuadro 1.3 El sector informal
En los estudios sobre el mercado laboral de los países en
desarrollo es habitual incluir un examen del sector informal.
Sin embargo, dado que esta variable tiene distintos signifi-
cados en diferentes estudios, ha perdido parte de su utilidad:
en algunos informes la expresión se utiliza para describir
puestos de trabajo mal remunerados que ofrecen prestacio-
nes mínimas y pocas posibilidades de progreso. En otros
estudios, se refiere al grado de incumplimiento de las regu-
laciones estatales (legislación laboral o tributaria).
En consonancia con la primera categoría de estudios,
la OIT define al sector informal como la suma de trabaja-
dores no profesionales que trabajan por cuenta propia,
empleados domésticos, trabajadores no remunerados y
trabajadores de empresas de hasta cinco empleados (y en
ciertos casos, según el país, de hasta diez empleados). El
problema obvio de esta definición, sin embargo, es que no
necesariamente todos los trabajos incluidos en ese grupo
pertenecen a la categoría de empleos de baja productividad
y pocas posibilidades de progreso. Esto es especialmente
pertinente para el sector de la pequeña empresa, que abar-
ca tanto firmas de baja productividad que pagan sueldos
bajos como empresas nuevas y exitosas. Sin embargo, tam-
bién lo es para el sector de los trabajadores independientes.
Así, si bien es cierto que la mayoría de los vendedores calle-
jeros y trabajadores pertenecientes a otras manifestaciones
tradicionales de empleo independiente y de baja productivi-
dad se clasificarían como trabajadores por cuenta propia,
también es posible que muchos de estos trabajadores hayan
optado voluntariamente por pertenecer a ese sector.
De hecho, al respecto existe una clara división entre
los estudios especializados sobre los países desarrollados y
los que examinan los países en desarrollo: en los estudios
sobre el empleo autónomo de los países desarrollados el
análisis suele centrarse en la flexibilidad e independencia de
que gozan los trabajadores de este segmento (Blanchflower,
2000). Estos estudios subrayan también la función del tra-
bajo independiente como parte de la nueva tendencia de
descentralización de la producción –a medida que se redu-
cen las economías de escala– en las economías en que los
servicios ejercen un papel preponderante (Belussi, 1998). En
cambio, la mayoría de los estudios sobre el mercado labo-
ral de los países en desarrollo asocian el aumento de la pro-
porción de trabajadores por cuenta propia con una
disminución del bienestar de esos trabajadores.
Aunque en el capítulo 4 se explica que la proporción
de trabajadores por cuenta propia tiene una evolución con-
tracíclica –es decir, aumenta en momentos difíciles– no se
sabe con certeza si eso ocurre porque los trabajadores bus-
can amparo en el trabajo independiente o porque ese sector
se contrae menos que el sector del empleo asalariado duran-
te períodos de recesión. Análogamente, tampoco está claro
que todos los trabajadores por cuenta propia de los países
en desarrollo prefieran trabajar en el sector del empleo asa-
lariado. Por ejemplo, en un estudio reciente sobre Brasil se
señala que de cada cinco trabajadores autónomos, cuatro
prefieren esa modalidad a un empleo de tipo formal. Asi-
mismo, según el estudio de Maloney (1999), en México dos
tercios de las personas del sector formal que se desplazaron
al sector autónomo lo hicieron voluntariamente, y como
explicación indicaron que querían ser más independientes y
ganar un mejor salario.
Dadas las deficiencias señaladas anteriormente, en el
presente estudio se evita la expresión “empleo informal” y se
opta por medir directamente las características que los estu-
dios suelen atribuir al sector informal, como la baja produc-
tividad o el incumplimiento de las regulaciones (porcentaje
de trabajadores con bajos salarios o sin prestaciones de
seguridad social). Este criterio tiene ciertas ventajas: en pri-
mer lugar, permite definir claramente el fenómeno objeto de
estudio y segundo, evita tener que emitir un juicio de valor
sobre sectores del mercado laboral a partir de ideas pre-
concebidas respecto del bienestar de los empleados de esos
sectores.

Page 15
empleo de un país no capta el grado real de des-
ocupación, esta tenderá a verse reflejada en gran-
des brechas de desempleo entre diferentes tipos de
trabajadores porque, en general, los trabajadores
más pobres y los que generan la mayor parte del
ingreso familiar tendrán menor margen para bus-
car trabajo que los demás.
En el gráfico 1.10 se presenta el indicador
resumido de la capacidad de asignación laboral de
los distintos países. Cuanto más alto es el valor de
este índice, mejores son los resultados del mercado
laboral, en tanto que un valor bajo es indicativo de
dificultades en la asignación de los trabajadores a
los puestos de trabajo. A partir de los valores de
este indicador, se observa que en promedio Améri-
ca Latina tiene una menor capacidad para asignar
trabajadores que Estados Unidos, el país de refe-
rencia. En la región algunos países presentan una
combinación de desempleo más bajo, menor dura-
ción del desempleo, y brechas del desempleo
menos pronunciadas que el país de referencia, lo
cual sugeriría que en estos países el mercado labo-
ral es eficiente en la asignación de los trabajadores
a los puestos de trabajo. No obstante, es posible que
este indicador sea alto porque los trabajadores no
cuentan con los medios para buscar trabajo; sin
embargo, si así fuera, esas dificultades afectarían a
todos los trabajadores, no sólo a los que generan la
mayor parte del ingreso familiar o a los no califica-
dos. Los peores resultados en cuanto a la asigna-
ción de recursos son los de Colombia, Uruguay,
Panamá y Argentina. En estos países, muchos tra-
bajadores buscan empleo durante largos períodos.
Además, el desempleo está sumamente concentra-
do en ciertos grupos.
Un diagnóstico del mercado laboral en América Latina
27
Cuadro 1.5 Subempleo en América Latina, 1990-2001
(En porcentaje del empleo)
Subempleo
Subempleo
involuntario
voluntario
Número de
Cambio
Cambio
País
observaciones
Promedio
anual
Promedio
anual
América Latina
a
57
8,42
0,48*
8,77
–0,07
Argentina
10
13,98
1,16*
8,30
–0,23*
Bolivia (1999)
10,22
12,34
Colombia
6
4,56
0,36*
7,86
–0,56*
Costa Rica
6
8,08
0,26
7,59
–0,19*
Ecuador (1998)
21,78
5,90
El Salvador (1999)
3,80
0,47
Guatemala (1998)
13,95
10,90
Honduras5
2,75
0,08*
14,16
0,39*
México
12
0,36
0,04*
Nicaragua (2001)
13,39
5,77
Panamá
6
6,56
–0,02
6,72
0,37*
Paraguay (1999)
5,93
7,59
Perú
b
4
3,30
25,38
–0,18
Uruguay
5
7,61
0,45*
13,17
–0,13
Venezuela
3
2,03
0,48*
5,09
–0,50
* Significativo al 15%.
a
Hay 41 observaciones para el subempleo involuntario.
b
Los datos para el subempleo involuntario corresponden a 2000.
Nota: Debido a que se calcularon el promedio y la tendencia sobre la base de datos que abarcan tres períodos –inicio (1990–93), mitad (1994–97) y final (1998–2001)–
de tres años o más, no se dispone de datos completos. Las tendencias por país se obtuvieron por medio de regresiones de los datos disponibles sobre una tendencia tempo-
ral. Las tendencias regionales se obtuvieron por medio de regresiones de datos disponibles sobre una tendencia temporal y un conjunto de efectos fijos por países.
Fuente: Cálculos del BID basados en encuestas de hogares, y datos nacionales excepto para Argentina, Bolivia, México y Uruguay, que son urbanos.

Page 16
A
SIGNACIÓN DE INGRESOS
Con frecuencia se supone que muchos trabajadores
son pobres porque los empleadores abusan de su
poder y mantienen los salarios en niveles bajos.
Según este argumento, bastaría con establecer un
salario mínimo u otra regulación similar para libe-
rarlos de la pobreza, ofrecerles un nivel de vida
digno y reducir las extremas desigualdades salaria-
les que se observan en la región. En esta sección se
examina el funcionamiento del mercado laboral en
América Latina en lo que respecta a la asignación
de ingresos, mediante un análisis de los mecanis-
mos para determinar los precios del mercado labo-
ral y de las causas de la fuerte desigualdad en los
ingresos y la alta incidencia de la pobreza en la
región.
Dos criterios
Una de las dificultades que surge al estudiar el fun-
cionamiento del mercado laboral y el modo de asig-
nar el ingreso es que hay más de una forma de
evaluar la distribución del ingreso. Se han utilizado
al menos dos enfoques: el primero parte del crite-
rio de eficiencia. Según la teoría económica, cuando
las empresas contratan trabajadores en un mercado
laboral competitivo, los salarios reflejarán la con-
tribución que el trabajador aporta al valor de los
bienes y servicios producidos por la empresa,
28
Capítulo
1
Gráfico 1.10 Medida resumen de la eficiencia en la asignación de
recursos en los años noventa
(Índice 0–1)
Fuente: Cálculos del BID basados en encuestas de hogares individuales y en
encuestas de empleo.
0,0
0,1
0,2
0,3
0,4
0,5
0,6
0,7
0,8
0,9
1,0
México
Honduras
Guatemala (1998)
Perú (2000)
Chile (1996)
Nicaragua (2001)
Brasil
Costa Rica
Ecuador (1998)
Bolivia (1997)
Venezuela (1999)
Argentina
Paraguay (1999)
Uruguay
Panamá
Colombia
Estados Unidos
América Latina
Gráfico 1.9 Empleo en el sector informal y PIB por trabajador
a. Empleo por cuenta propia
b. Trabajadores no remunerados
PIB por trabajador (US$ precios constantes)
Porcentaje del empleo
PIB por trabajador (US$ precios constantes)
Porcentaje del empleo
c. Empleo en firmas pequeñas
PIB por trabajador (US$ precios constantes)
Porcentaje del empleo
Nota: Las tasas anuales se calculan estimando la tendencia lineal para cada país.
Datos nacionales excepto para Argentina, México y Uruguay, que son urbanos.
Fuente: Cálculos del BID basados en encuestas de hogares y encuestas de empleo, y datos del Banco
Mundial para el PIB por trabajador.
14
19
20
21
22
0
5.000
10.000
15.000
20.000
25.000
30.000
15
20
25
30
35
40
45
50
Venezuela
Uruguay
Panamá
Nicaragua
México
Honduras
El Salvador
Ecuador
República Dominicana
Costa Rica
Colombia
Chile
Brasil
Bolivia
0
5.000
10.000
15.000
20.000
25.000
30.000
0
5
10
15
20
Venezuela
Uruguay
Panamá
Nicaragua
México
Honduras
El Salvador
Ecuador
República
Dominicana
Costa Rica
Colombia
Chile
Brasil
Bolivia
0
5.000
10.000
15.000
20.000
25.000
30.000
12
13
15
16
17
18
22
Venezuela
Uruguay
Panamá
Nicaragua
México
Honduras
El Salvador
Ecuador
República Dominicana
Costa Rica
Chile
Bolivia

Page 17
teniendo en cuenta las contribuciones de los otros
factores de producción. Ese aporte se denomina
producto marginal del trabajo. Por lo tanto, el crite-
rio de eficiencia se basa en la relación entre la pro-
ductividad del trabajador y su ingreso. En una
asignación eficiente, los trabajadores que tienen la
misma productividad reciben salarios idénticos,
independientemente de la empresa o el sector en
que trabajan, la actividad realizada o el género del
trabajador. Con esa premisa, a menudo se han
empleado los diferenciales salariales por género o
los diferenciales salariales entre trabajadores de
empresas grandes y pequeñas, o de distintos secto-
res, para evaluar cómo el mercado de trabajo asig-
na ingresos. En la práctica, sin embargo, no todos
los diferenciales salariales entre trabajadores que
parecen igualmente productivos son indicativos de
ineficiencia en la asignación del ingreso. Dos tra-
bajadores con características observables similares,
como edad y escolaridad, pueden diferir en dimen-
siones como la profesión o la motivación, que son
premiadas en el mercado laboral. Las diferencias
salariales también pueden obedecer a compensa-
ciones por distintas condiciones de trabajo. Por
ejemplo, los trabajadores de sectores industriales
más peligrosos posiblemente sean compensados
con salarios más altos. Análogamente, es posible
que los empleadores de las grandes empresas esta-
blezcan criterios más exigentes con respecto a la
iniciativa y la productividad y paguen salarios más
altos. Sin embargo, diferencias anormalmente
pronunciadas probablemente indican una falta sig-
nificativa de competencia y un alto grado de seg-
mentación en el mercado laboral que impide que
los trabajadores reciban el valor de su producto
marginal.
El segundo criterio utilizado para evaluar la
medida en que el mercado laboral asigna el ingreso
es la equidad. Grandes diferencias salariales entre
trabajadores similares conducen a la desigualdad
salarial. Sin embargo, incluso cuando el mercado
laboral es eficiente según la definición anterior, es
decir, cuando todos los trabajadores de productivi-
dad similar reciben el mismo salario, la desigual-
dad puede ser alta si algunos trabajadores son
mucho más productivos que otros. A la sociedad le
puede resultar difícil aceptar las consiguientes desi-
gualdades salariales. Lamentablemente, cambiar la
asignación del mercado modificando los salarios no
es una tarea sencilla. Las políticas de ingreso pue-
den generar un desempleo elevado, perjudicar la
asignación de los trabajadores a los empleos y posi-
blemente reducir el crecimiento económico. En el
capítulo 7 se analizan estos problemas en mayor
detalle y se evalúa en qué medida y de qué forma
puede ser conveniente adoptar una política de sala-
rio mínimo, y cuándo y cómo puede tener efectos
secundarios.
Eficiencia
Evaluar la medida en que los salarios de los traba-
jadores reflejan el valor de los bienes y servicios
que producen no es simple porque la medición de
los salarios es inexacta y porque es difícil determi-
nar el valor de los bienes y servicios que produce
un trabajador. Para hacer frente a este problema se
han adoptado dos enfoques analíticos. El primer
paso consiste en examinar la relación entre el valor
de los bienes y servicios que produce el trabajador
medio –es decir, el producto interno bruto (PIB) por
trabajador– y el salario medio. En el segundo paso
se analiza en qué medida trabajadores de similar
capacidad productiva reciben salarios similares.
Aumentos salariales
La evidencia empírica sugiere que al menos en la
región en su conjunto los aumentos salariales guar-
dan estrecha relación con la tasa de crecimiento del
valor promedio de los bienes y servicios que pro-
duce cada trabajador. La regresión lineal de estas
dos variables correspondiente a los años noventa
indica que el coeficiente no es significativamente
menor que uno, lo cual significa que los aumentos
del PIB por trabajador están asociados con aumen-
tos salariales en una relación uno a uno, al menos
en el sector manufacturero (gráfico 1.11).
3
Aunque
Un diagnóstico del mercado laboral en América Latina
29
3
Para la mayoría de los países no se dispone de datos sobre los
salarios del conjunto de la economía. Por consiguiente, se utilizaron
los datos del sector manufacturero compilados por la OIT (2002a).
El coeficiente de regresión lineal es 0,86, con un error estándar de
0,12; en consecuencia, no se rechaza la hipótesis nula de que el
coeficiente es igual a 1.

Page 18
no se dispone de series salariales para el conjunto
de la economía, puede obtenerse un indicio de la
evolución de los salarios y la productividad a nivel
agregado a partir de la evolución de la participación
de los trabajadores en el ingreso nacional. Aunque,
en promedio, la participación laboral disminuyó en
los años ochenta, en los años noventa se mantuvo
constante. Por lo tanto, a nivel agregado y en tér-
minos del promedio de la región, los salarios
aumentaron al mismo ritmo que la productividad
(gráfico 1.12).
4
Sin embargo, uno de los problemas funda-
mentales es que el producto por trabajador –deno-
minado también productividad del trabajo– ha
aumentado lentamente en la región, a pesar de que
se han llevado a cabo sustanciales reformas estruc-
turales. El gráfico 1.13 presenta la tasa de creci-
miento anual de esta variable en los países para los
períodos 1990-95 y 1995-2000. Los resultados han
sido desiguales pero, en general, la mayoría de los
países registraron tasas de aumento de la producti-
vidad inferiores a las de Estados Unidos y otros paí-
ses desarrollados.
Para el conjunto de la región, la tasa de creci-
miento de la productividad del trabajo fue práctica-
mente cero, lo que pone de manifiesto el limitado
margen para los aumentos salariales. En unos
pocos países la productividad aumentó lo suficien-
te para incrementar sustancialmente los salarios.
Los pocos datos disponibles al respecto parecen
indicar que, en promedio, los salarios reales del
sector manufacturero aumentaron a una tasa anual
de 1% en los años noventa (OIT, 2002a). Sin embar-
go, en algunos países los salarios reales experimen-
taron una gran reducción (gráfico 1.14).
En algunos países, la participación del trabajo
en el ingreso nacional aumentó en los años noven-
30
Capítulo
1
Gráfico 1.12 Cambio anual en la participación de los trabajadores
en el ingreso nacional durante los años noventa
(En porcentaje)
* Significativo al 15%.
Nota: Los cambios anuales se calculan con una regresión de la participación
de los trabajadores contra una tendencia temporal.
Fuente: Estadísticas de Cuentas Nacionales de las Naciones Unidas.
-2,0
-1,5
-1,0
-0,5
0,0
0,5
1,0
1,5
El Salvador*
Honduras*
Brasil*
Costa Rica*
Panamá
México
Venezuela
América Latina
Rep. Dominicana
Bolivia
Perú*
Chile*
Paraguay*
Colombia*
Ecuador*
Gráfico 1.13 Crecimiento anual de la productividad laboral
(En porcentaje)
Fuente: Base de datos de Heston, Summers y Bettina (2002).
1995-2000
1990-95
-3.19
-3.1
-2.79
-1.49
-1.01
-0.84
-0.26
0.14
0.19
0.31
0.58
0.74
0.79
0.89
1.45
1.46
2.63
2.81
3.21
6.23
-6
-4
-2
0
2
4
6
8
Paraguay
Ecuador
Venezuela
Nicaragua
Colombia
Honduras
Perú
Guatemala
El Salvador
Promedio América Latina
Bolivia
Argentina
Brasil
Panamá
Uruguay
Costa Rica
Chile
Estados Unidos
México
República Dominicana
4
Estos resultados se obtienen de una regresión de la participación
del trabajo en el ingreso nacional a partir de estadísticas de las
Naciones Unidas sobre un conjunto de efectos fijos y una tendencia
temporal.
Salarios (log)
Gráfico 1.11 Salarios y productividad laboral en América Latina
-2
-1,5
-1
-0,5
0
0,5
1
-0,4
-0,3
-0,2
-0,1
0
0,1
0,2
0,3
0,4
Productividad laboral (log)
Nota: Cada punto en el gráfico corresponde a un país latinoamericano y un año.
Fuente: Cálculos del BID basados en la base de datos de la OIT.

Page 19
ta, lo cual indica que los salarios subieron más allá
de la tasa de crecimiento de la productividad (grá-
ficos 1.12 y 1.13); en otros países, los aumentos
salariales fueron inferiores a la tasa de crecimiento
de la productividad. Es significativo que la partici-
pación del trabajo en el ingreso tendiera a la baja
en México y Centroamérica –donde las tasas de
desempleo disminuyeron o se mantuvieron cons-
tantes– y aumentara en Ecuador, Colombia y
Paraguay, donde las tasas de desempleo se incre-
mentaron. Como se indica en el capítulo 4, la cre-
ciente rigidez salarial explicaría en gran medida los
pronunciados aumentos del desempleo en la
segunda mitad de los años noventa.
Diferenciales salariales
Los diferenciales salariales atribuibles al género, el
tamaño de las empresas, y el sector de actividad no
han sido anormalmente grandes en la región. Así,
sin ser pequeños fueron similares a los que se
observaron en Estados Unidos, el único país para el
cual pudieron construirse indicadores comparables
de referencia.
En América Latina un trabajador de una
empresa de más de cinco empleados gana en pro-
medio 29% más que un empleado de una empresa
más pequeña, en tanto que en Estados Unidos la
brecha salarial respectiva en 1996 fue de 27% (cua-
dro 1.6).
5,6
No se ha podido establecer si esas bre-
chas son atribuibles a diferencias no observables
entre los trabajadores de empresas pequeñas y
empresas grandes o si en cambio reflejan barreras
al ingreso o las rentas de las grandes empresas.
7
No
obstante, el hecho de que estos diferenciales sean
similares en América Latina y en Estados Unidos
indica que los mercados laborales en América Lati-
na no parecen caracterizarse por un grado anormal
de segmentación entre empresas grandes y peque-
ñas en relación con Estados Unidos.
Los diferenciales salariales entre un sector y
otro en América Latina también son comparables
con los de Estados Unidos (cuadro 1.7). Tanto en
América Latina como en ese país, los salarios del
sector de la construcción, el comercio minorista,
los restaurantes y los hoteles son inferiores a los
del sector manufacturero, en tanto que los servicios
comerciales y del sector financiero suelen tener
remuneraciones más altas, incluso cuando se tie-
nen en cuenta diferencias de edad y de escolaridad
entre los trabajadores. Los salarios de los sectores
del transporte y las comunicaciones, en cambio,
son más altos que los del sector manufacturero en
algunos países y más bajos en otros.
Si bien los diferenciales sectoriales tendieron
a ampliarse en los años noventa, al menos en la
muestra limitada de países para los cuales se con-
taba con datos sobre la evolución de las brechas
salariales, no se pudo distinguir una tendencia en
los diferenciales atribuible al tamaño de las empre-
sas. Estos aumentaron en algunos países y se redu-
jeron en otros pese a que, en promedio, el
porcentaje de empleados en empresas pequeñas
aumentó en todos los países, con la excepción de
Chile. Por lo tanto, en general no es cierto que el
incremento de la proporción de empleados en
Un diagnóstico del mercado laboral en América Latina
31
Gráfico 1.14 Cambio en el salario real en la manufactura durante
los años noventa
(En porcentaje)
Fuente: OIT (2002a).
-6
-4
-2
0
2
4
6
8
Venezuela
Nicaragua
México
Bolivia
Rep. Dominicana
Uruguay
Honduras
Argentina
Paraguay
Ecuador
Colombia
Costa Rica
Panamá
Chile
Brasil
El Salvador
Perú
Guatemala
5
Se calculan brechas salariales para trabajadores adultos de sexo
masculino a fin de reducir al mínimo los problemas de selección que
surgen cuando se emplea una muestra que incluye a las mujeres.
Estos problemas de selección se deben a que sólo una minoría de
mujeres participa en el mercado laboral y, por lo tanto, es probable
que la muestra de mujeres con empleo no sea una selección aleato-
ria de las mujeres de un país determinado.
6
El diferencial de tamaño promedio en América Latina excluido
Paraguay –un caso extremo– es incluso más cercano al diferencial
de Estados Unidos.
7
Para una reseña reciente, véase Oi (1999).

Page 20
empresas pequeñas traiga consigo recortes salaria-
les en ese sector en relación con las empresas más
grandes.
Por último, las brechas promedio por género
también se ajustaron a las observadas en Estados
Unidos (cuadro 1.6). Así, durante los años noventa
en América Latina el salario medio del hombre fue
26,5% más alto que el de una mujer de edad y esco-
laridad similares, en tanto que en Estados Unidos
los varones ganan 26,7% más que las mujeres. Más
aun, los diferenciales por género disminuyeron
durante los años noventa en la mayoría de los paí-
ses. Sin embargo, siguen observándose grandes
diferenciales en este sentido en algunos países,
incluidos Brasil, Honduras y Guatemala. En el estu-
dio de Duryea, Cox Edwards y Ureta (2002) se
32
Capítulo
1
Cuadro 1.6 Diferencias salariales por género y tamaño de la empresa, 1990-2001
(En porcentaje)
Tamaño de la empresa
Hombres/mujeres
grande/pequeña
Número de
Cambio
Cambio
País
observaciones
Promedio
anual
Promedio
anual
América Latina
a
81
26,54
–0,23
29,27
0,06
Argentina
10
16,66
0,17
26,87
1,60*
Bolivia
b
6
29,83
0,34
33,94
–0,38
Brasil
c
12
46,78
–1,17*
26,35
–1,36*
Chile
5
30,00
–1,08*
25,13
0,02
Colombia
7
14,03
–1,14*
Costa Rica
6
20,91
0,03
27,57
–1,14*
Ecuador (1998)
30,12
51,43
El Salvador (1999)
24,72
37,40
Guatemala (1998)
33,38
15,17
Honduras
5
40,40
3,30*
2,58
–8,34*
México
10
11,89
–0,46*
29,15
2,73*
Nicaragua (2001)
27,12
28,44
Panamá
6
28,71
0,45
43,50
0,01
Perú
d
4
20,48
–0,19
35,88
República Dominicana (1998)
e
28,46
17,26
Uruguay
5
26,74
–0,22
39,60
0,69*
Venezuela
5
20,88
0,14
28,08
0,71
Estados Unidos (1996)
26,65
26,74
* Significativo al 15%.
a
Hay 64 observaciones de diferencia salarial por tamaño de la empresa.
b
Hay 5 observaciones de diferencia salarial por tamaño de la empresa.
c
Hay 7 observaciones de diferencia salarial por tamaño de la empresa.
d
Los datos respecto de la diferencia salarial por tamaño de la empresa corresponden a 2000.
e
Los datos respecto de la diferencia salarial por tamaño de la empresa corresponden a 1996.
Nota: Los valores, que son las tasas de Mincer, se expresan como porcentaje. Para las diferencias salariales entre los hombres y las mujeres, los datos se refieren a
los asalariados urbanos de 25 a 49 años que trabajan más de 30 horas por semana. Para las diferencias salariales por tamaño de la empresa, los datos se refie-
ren a los asalariados varones urbanos de 25 a 49 años que trabajan más de 30 horas por semana. Las tasas provienen de los siguientes modelos de regresión:
Diferencias salariales por género: Log wagehr = A + B*gender + C*X + E
en donde la variable dependiente es el logaritmo del salario por hora; las variables independientes representan una variable ficticia (dummy) por género, X = varia-
bles ficticias para seis niveles de escolaridad, la experiencia potencial y su cuadrado.
Diferencias salariales por tamaño de la empresa: Log wagehr = A + B*SIZE + C*X + E
en donde la variable dependiente es el logaritmo del salario por hora; las variables independientes representan una variable ficticia por tamaño de la empresa, X =
variables ficticias para seis niveles de escolaridad, la experiencia potencial y su cuadrado. Obsérvese que la categoría omitida para la variable ficticia representa a
las empresas con menos de cinco empleados, con la excepción de Estados Unidos, donde la categoría omitida representa a las empresas con menos de 10 emplea-
dos. Las tendencias por país se obtuvieron por medio de regresiones de los datos disponibles sobre una tendencia temporal. Las tendencias regionales se obtuvieron
por medio de regresiones de datos disponibles sobre una tendencia temporal y un conjunto de efectos fijos por países.
Fuente: Cálculos del BID basados en encuestas de hogares, y datos nacionales excepto para Argentina, Bolivia, México y Uruguay, que son urbanos.

Page 21
intenta explicar por qué los diferenciales salariales
son tan altos en países como Brasil. Estas autoras
comprobaron que existe una relación positiva entre
la participación femenina en la fuerza laboral y las
brechas salariales. La explicación que ofrecen parte
de la hipótesis de que en países con tasas de parti-
cipación femenina muy bajas, las mujeres que inte-
gran la fuerza laboral son muy competentes y muy
motivadas. Por lo tanto, las brechas salariales entre
estas mujeres excepcionales y sus pares masculinos
suelen ser más bajas que en los países donde un
mayor número de mujeres participa en la fuerza
laboral y el grupo de mujeres con empleo es menos
selectivo. Así podría explicarse por qué las brechas
salariales son pronunciadas en Brasil, donde la tasa
de participación de la mujer es elevada, y pequeñas
en México, donde la tasa de participación femeni-
na es muy baja. Sin embargo, esto no explica por
qué la brecha es elevada en países como Honduras
y Guatemala, donde las tasas de participación
femenina no superan los niveles medios.
Un diagnóstico del mercado laboral en América Latina
33
Cuadro 1.7 Diferencias salariales por sector, 1990-2001
(En porcentaje)
Establecimientos
financieros, seguros,
Comercio
Transporte,
bienes inmuebles y
minorista, restau-
almacenamiento
servicios prestados
Construcción
rantes y hoteles
y comunicaciones
a las empresas
Número de
Cambio
Cambio
Cambio
Cambio
País
observaciones
Promedio
anual
Promedio
anual
Promedio
anual
Promedio
anual
América Latina
80
–0,68
0,00
–11,13
–0,47*
–2,19
–0,59*
13,16
–0,68
Argentina
10
–9,49
–1,70*
–18,11
–1,38*
–13,62
–0,89*
2,67
–0,52
Bolivia
5
14,22
1,29
1,11
3,06
–11,76
–3,40*
40,29
5,34
Brasil
12
–29,69
0,32
–30,88
0,77*
–8,72
0,15
15,75
0,77*
Chile
5
–0,23
–0,04
–13,25
0,10
–7,31
–1,67*
18,89
–0,30
Colombia
7
2,09
0,28
–12,07
–0,77*
–3,70
0,19
1,24
0,15
Costa Rica
6
–8,73
0,33
–8,98
–0,23
–4,72
–0,96
8,88
–3,40*
Ecuador (1998)
–19,62
–8,97
–34,69
5,85
El Salvador (1999)
–3,62
–10,77
–3,69
–2,48
Guatemala (1998)
–5,91
–5,94
1,60
14,12
Honduras
5
–3,65
0,29
–22,14
–4,11*
11,14
2,83*
–25,50
–8,53*
México
10
–3,98
–1,49*
–15,45
–0,36
–6,18
–1,18*
30,63
1,19
Nicaragua (2001)
26,45
–3,71
11,52
39,75
Panamá
6
8,26
–0,05
–6,99
–0,99*
47,65
–2,07*
6,56
–2,70*
Perú
4
–0,63
1,30
–10,16
–2,82*
–9,03
–1,82*
18,98
0,36
República Dominicana (1998)
25,97
–7,84
–2,06
14,21
Uruguay
5
–8,62
1,14*
–14,72
0,58
–5,37
1,51*
32,18
–3,59*
Venezuela
5
5,56
2,13
–10,54
–0,42
1,78
–1,04
1,75
–1,60
Estados Unidos (1996)
–2,44
–21,80
–3,89
14,52
* Significativo al 15%.
Nota: Los valores, que son las tasas de Mincer, se expresan como porcentaje. Los datos se refieren a los asalariados varones urbanos —de 25 a 49 años— que
trabajan más de 30 horas por semana. Las tasas provienen del siguiente modelo de regresión:
Log wagehr = A + B*sector + C*X + E.
La variable dependiente es el logaritmo del salario por hora; las variables independientes son variables ficticias (dummies) por sector de actividad, seis niveles de
escolaridad, la experiencia potencial y su cuadrado. Obsérvese que la categoría omitida para la variable ficticia representa al sector manufacturero. Las tendencias
por país se obtuvieron por medio de regresiones de los datos disponibles sobre una tendencia temporal. Las tendencias regionales se obtuvieron por medio de regre-
siones de datos disponibles sobre una tendencia temporal y un conjunto de efectos fijos por países. Debido a que se calcularon el promedio y la tendencia sobre la
base de datos que abarcan tres períodos –inicio (1990–93), mitad (1994–97) y final (1998–2001)– de tres años o más, no se dispone de datos completos.
Fuente: Cálculos del BID basados en encuestas de hogares, y datos nacionales para Argentina, Bolivia, México, Uruguay y Venezuela.

Page 22
Indicador resumido de eficiencia
en la asignación de ingresos
Aunque existen diferenciales entre los salarios de
trabajadores en apariencia similares, la magnitud de
esas diferencias es semejante a la de Estados Uni-
dos. Esta comprobación es importante porque sugie-
re que posiblemente no sea lo más indicado centrar
el análisis en la evolución de la participación de los
trabajadores en empresas pequeñas como indicador
del desempeño del mercado laboral, práctica
común en los estudios especializados sobre el mer-
cado laboral de los países en desarrollo.
Es cierto que los trabajadores de empresas
pequeñas suelen ganar menos y recibir menos
prestaciones como el seguro de salud o pensiones
por vejez. No obstante, esto no ocurre sólo en los
países en desarrollo, y no hay indicios de que el
problema sea más grave en América Latina que en
los países desarrollados. Sin embargo, algunos paí-
ses presentan diferenciales salariales que en pro-
medio son más grandes. Por lo tanto, en esos países
la falta de competencia o de movilidad entre las
empresas y los sectores posiblemente reduzca los
salarios por debajo de la productividad marginal. A
fin de identificar esos países, se elaboró un indica-
dor resumido normalizando todos los diferenciales
salariales entre 1 y 0, y calculando un promedio. El
indicador resultante se presenta en el gráfico 1.15.
Valores más bajos de este índice corresponden a
diferenciales mayores. En promedio, los diferen-
ciales salariales son más grandes en Brasil, Ecua-
dor, Nicaragua, y Panamá, y más pequeños en
Guatemala, Costa Rica, El Salvador y Venezuela.
Equidad
Es un hecho conocido que la desigualdad del ingre-
so de la región es la más acentuada del mundo
(BID, 1999). Sucede lo mismo con las remuneracio-
nes. En comparación con los países desarrollados,
por ejemplo, en América Latina el salario del tra-
bajador medio es cinco veces mayor que el que
reciben quienes integran el grupo del 10% más
pobre de la sociedad, en tanto que en los países de-
sarrollados esta diferencia es menos que el doble
(gráfico 1.16).
8
La desigualdad no proviene únicamente del
mercado laboral. Por lo tanto, al evaluar el papel de
este mercado en la desigualdad salarial, es impor-
tante determinar en qué medida las características
del mercado de trabajo crean desigualdad y hasta
qué punto la reflejan. Por ejemplo, la desigualdad
puede surgir porque trabajadores con distintos
34
Capítulo
1
Gráfico 1.15 Medida resumen de la eficiencia
en la asignación de ingresos
(Índice 0–1)
Fuente: Cálculos del BID.
0
0,1
0,2
0,3
0,4
0,5
0,6
0,7
0,8
Brasil
Ecuador (1998)
Nicaragua (2001)
Panamá
Bolivia
Uruguay
Honduras
Rep. Dominicana (1998)
México
Chile
Perú
Argentina
Venezuela
El Salvador (1999)
Costa Rica
Guatemala (1998)
América Latina
Estados Unidos (1996)
8
La desigualdad de las remuneraciones en América Latina también
es mucho más acentuada cuando se mide según el coeficiente Gini.
Gráfico 1.16 Ingresos del trabajador medio relativos al ingreso
del 10% más pobre de los trabajadores,
promedio en los años noventa
Fuente: Cálculos del BID basados en encuestas de hogares y de empleo para
América Latina; datos de la OCDE para los demás países.
0
2
4
6
8
10
12
Ecuador (1998)
Guatemala (1998)
Perú
Honduras
Panamá
Bolivia
Paraguay (1999)
El Salvador (1999)
Colombia
Uruguay
Costa Rica
Brasil
Nicaragua (1998)
Argentina
Venezuela
Rep. Dominicana (1998)
Chile
México
América Latina
Austria
Reino Unido
Italia
Alemania
Bélgica
Dinamarca

Page 23
niveles de escolaridad ganan sueldos muy diferen-
tes o porque trabajadores con escolaridad similar
reciben salarios muy distintos según el tipo de tra-
bajo que realizan.
El estudio del BID de 1999 examina las causas
de la desigualdad salarial en América Latina y sos-
tiene que las diferencias en las características de las
personas –por ejemplo, educación, género y expe-
riencia laboral– explican en promedio 35% de la
concentración del ingreso laboral en la región, y
aproximadamente la mitad de la concentración en
Argentina, Costa Rica, El Salvador, Panamá y Hon-
duras. De estas características individuales, las dife-
rencias de escolaridad son las que más inciden en la
desigualdad y, en promedio, explican la cuarta parte
de la concentración del ingreso laboral. Las diferen-
cias por experiencia laboral representaron 10% de la
concentración del ingreso en tanto que las diferen-
cias por género, aproximadamente un 4%.
En cambio, según ese mismo estudio, las
características del trabajo, la zona geográfica y el
sector económico explican una pequeña propor-
ción de la concentración de las remuneraciones. El
argumento es compatible con la información que
se presenta en los cuadros 1.6 y 1.7, que indica que
en los años noventa los diferenciales salariales
entre empleados en empresas de distinto tamaño o
distintos sectores económicos fueron, en promedio,
similares a los de Estados Unidos, un país con
menor concentración del ingreso que América Lati-
na. Por lo tanto, la desigualdad salarial es en gran
medida reflejo de diferencias en la dotación de cali-
ficaciones de los trabajadores.
Distribución desigual de la educación
La desigualdad de las remuneraciones atribuible a
diferencias en el nivel de escolaridad es conse-
cuencia tanto de las características de la distribu-
ción de la educación como de la forma en que el
mercado laboral la retribuye. La lentitud con que se
obtienen avances en este sector, la pronunciada
desigualdad en los niveles de escolaridad y el cre-
ciente rendimiento de la educación son factores
que contribuyen a que las diferencias de nivel de
instrucción sean la principal causa de la desigual-
dad salarial en América Latina.
Con respecto a otras regiones, sobre todo los
países de rápido avance de Asia del Este, las mejo-
ras en el campo de la educación han sido lentas. En
1960 el promedio de años de escolaridad de la
población de más de 25 años de Corea del Sur, Sin-
gapur y Taiwán era similar al de América Latina.
En 2000 los años promedio de escolaridad en estos
países asiáticos fueron entre 35% y 75% más altos
que el promedio de los países latinoamericanos.
9
En Asia del Este, la tasa de aumento de la escolari-
dad durante el período 1980-2000 fue de 1,4 años
por década; en América Latina, la cifra respectiva
fue sólo 0,75 años por década (gráfico 1.17). Sin
embargo, se observan diferencias importantes
entre los países de la región. Las mejoras más rápi-
das en el nivel de escolaridad durante este período
se registraron en México (1,36), Panamá (1,00),
Chile (0,97) y Argentina (0,94). En el otro extremo,
los niveles de instrucción apenas aumentaron en
Venezuela (0,3), Guatemala (0,35) y Colombia
(0,54).
Además de ser lenta, la distribución de los
progresos en la escolaridad ha sido desigual, debido
–más que a la falta de acceso inicial– a la elevada
tasa de deserción de los niños de hogares pobres.
Por ejemplo, en la generación actual de niños en
edad escolar de 18 países de América Latina, es
mucho menos probable que los niños de los hoga-
res más pobres asistan a la escuela que los niños de
los hogares más ricos (gráfico 1.18). La brecha es
especialmente acentuada en los primeros años de
escolaridad, a los seis y siete años de edad, y des-
pués de los 12 años. Aunque son muchos los niños
con algunos años de escolaridad primaria, son
pocos los que ingresan al nivel secundario y supe-
rior, y de ese grupo la mayor parte provienen de
hogares de ingreso más alto. Se crea así un sistema
estratificado que, en lugar de facilitar la movilidad
social, perpetúa las desigualdades actuales.
Sin embargo, las desigualdades en el campo
de la educación sólo inciden en la desigualdad de
las remuneraciones si los trabajadores mejor paga-
dos son los que tienen más años de escolaridad. En
Un diagnóstico del mercado laboral en América Latina
35
9
A partir de datos compilados y analizados en Barro y Lee (2000).

Page 24
el cuadro 1.8 se muestra que, en promedio, un tra-
bajador que ha completado la escuela secundaria
gana –por cada año de escolaridad secundaria– 10%
más que un trabajador con escolaridad primaria
únicamente. Según los años de escolaridad secun-
daria que haya completado, el trabajador gana
aproximadamente de 40% a 50% más que un tra-
bajador con escolaridad primaria únicamente. El
diferencial es incluso más acentuado en el caso de
los trabajadores con formación terciaria. En prome-
dio, un trabajador que ha completado sus estudios
en la universidad gana –por cada año de estudios–
17% más que un trabajador con escolaridad secun-
daria. Esto implica que obtener un título universi-
tario correspondiente a cuatro años de estudios
incrementa el nivel de remuneración en otro 85%.
Estas cifras sugieren que las diferencias del nivel
de escolaridad con que los trabajadores ingresan al
mercado laboral se traducen en diferencias salaria-
les sustanciales. En promedio, un título universita-
rio aumenta más los ingresos en América Latina
que en Estados Unidos. En consecuencia, los
extraordinarios niveles de desigualdad en la región
obedecen en parte a los elevados precios de la edu-
cación en el mercado laboral además de reflejar los
altos niveles de desigualdad educacional en la
región.
Algunos países se destacan por el precio que
pagan por la educación. El rendimiento de la ense-
ñanza secundaria es extraordinariamente alto en
Brasil, donde cada año de secundaria genera un
rendimiento adicional que casi duplica al de Esta-
dos Unidos, y en Chile. El rendimiento de un título
universitario también es muy alto en Brasil, Chile,
Colombia y El Salvador. En estos países, el merca-
do laboral contribuye muy significativamente a
acentuar las diferencias iniciales en las calificacio-
nes de los trabajadores.
En los años noventa las remuneraciones de
trabajadores con título universitario aumentaron
en relación con las de trabajadores con bajos nive-
les de escolaridad.
10
En el cuadro 1.8 se indica que,
en promedio, el rendimiento de la formación ter-
ciaria aumentó en la región. El rendimiento de la
escolaridad secundaria, en cambio, disminuyó en
relación con el de la escolaridad primaria.
11
Este efecto se registró en la mayoría de los
países. Las remuneraciones de trabajadores con for-
36
Capítulo
1
Gráfico 1.17 Cambio en los logros en educación, 1980-2000
(Años de escolaridad por década)
Fuente: Barro y Lee (2000).
0,0
0,2
0,4
0,6
0,8
1,0
1,2
1,4
1,6
1,8
2,0
Países desarrollados
Asia del Este y Pacífico
Venezuela
Guatemala
Colombia
Paraguay
Ecuador
El Salvador
Costa Rica
Uruguay
Bolivia
Nicaragua
Brasil
Honduras
Argentina
Perú
Chile
Panamá
México
Promedio América Latina
Trinidad y Tobago
Jamaica
República Dominicana
Barbados
Promedio del Caribe
Taiwán
Tailandia
Singapur
Corea del Sur
Estados Unidos
Canadá
Japón
Suecia
Gráfico 1.18 Tasas de asistencia a la escuela por deciles de
ingreso per cápita del hogar promedio, circa 1999
(En porcentaje)
Porcentaje de asistencia escolar
Fuente: Duryea y Pagés (de próxima publicación) basado en encuestas de hogares para
18 países.
40
50
60
70
80
90
100
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
Edad (años)
20% más rico
30% más pobre
10
En la mayoría de los países, las encuestas de hogares no pro-
porcionan información sobre el momento en que las personas reci-
ben su título universitario. Por lo tanto, se supone que en cada país,
el título universitario se obtiene en el cuarto o quinto año de ense-
ñanza superior dependiendo de que haya más personas en la
muestra con cuatro años o cinco años de estudios universitarios.
11
Estas conclusiones no varían si se compara el rendimiento del
nivel de escolaridad completo o incompleto.

Page 25
mación terciaria aumentaron respecto de los sala-
rios de empleados con escolaridad secundaria en la
mayor parte de los países. Análogamente, en la
mayoría de los países el rendimiento de la escolari-
dad secundaria disminuyó con respecto al rendi-
miento del nivel de escolaridad más bajo. Los
resultados de los países son en cierta medida sensi-
bles a la metodología utilizada para calcular los
diferenciales (recuadro 1.4); no obstante, la conclu-
sión de que el rendimiento de la formación univer-
sitaria ha aumentado en la región durante los años
noventa sigue siendo válida, independientemente
del método específico utilizado para calcular el ren-
dimiento. Si bien estas tendencias pueden generar
mayores incentivos para seguir estudios universita-
rios, la disminución del rendimiento de la escolari-
dad secundaria posiblemente acentúe la tendencia
de los niños pobres a abandonar sus estudios al
final de la escuela primaria, especialmente si no
cuentan con los recursos necesarios para asistir a la
universidad.
Un diagnóstico del mercado laboral en América Latina
37
Cuadro 1.8 Diferencias salariales por nivel de escolaridad, 1990-2001
(Cambio porcentual por año adicional de escolaridad)
Escolaridad
Escolaridad
secundaria/primaria
terciaria/secundaria
Número de
Cambio
Cambio
País
observaciones
Promedio
anual
Promedio
anual
América Latina
a
81
9,85
–0,19*
17,26
0,40*
Argentina
10
9,15
–0,01
15,86
0,39*
Bolivia
b
6
5,57
–0,05
14,15
1,99*
Brasil
c
12
15,99
–0,36
23,29
0,40*
Chile
5
14,15
0,15
21,27
0,40*
Colombia
7
8,47
–0,03
20,38
0,18
Costa Rica
6
9,68
–0,14
16,40
0,06
Ecuador (1998)
12,46
6,99
El Salvador (1999)
8,56
21,56
Guatemala (1998)
10,74
14,59
Honduras
5
5,46
–2,11*
13,14
–0,88*
México
10
8,47
0,09
16,66
0,32*
Nicaragua (2001)
10,31
18,46
Panamá
6
9,77
–0,30*
16,36
0,10*
Paraguay (1999)
8,12
0,00
Perú
d
4
8,12
–0,23
15,60
0,72
Uruguay
5
8,29
0,11
12,20
0,46*
Venezuela
5
8,37
–0,05
15,99
0,50
Estados Unidos (1996)
9,18
13,48
* Significativo al 15%.
a
Hay 64 observaciones de diferencia salarial en la escolaridad terciaria/secundaria.
b
Hay 5 observaciones de diferencia salarial en la escolaridad terciaria/secundaria.
c
Hay 7 observaciones de diferencia salarial en la escolaridad terciaria/secundaria.
d
Los datos respecto de la diferencia salarial en la escolaridad terciaria/secundaria corresponden a 2000.
Nota: Los valores se expresan como porcentaje. Los datos se refieren al rendimiento de niveles de escolaridad completos para los asalariados varones urbanos de
25 a 49 años que trabajan más de 30 horas por semana. Las diferencias salariales provienen del siguiente modelo de regresión, que se realizó separadamente
para cada año y país:
Log wage = A + B*educ + C*X + E.
La variable dependiente es el logaritmo del salario por hora; las variables independientes representan variables ficticias (dummies) para siete niveles de escolari-
dad, y X = la experiencia potencial y su cuadrado. Las tasas se obtienen de dividir el coeficiente de nivel de escolaridad completo por los años necesarios para
alcanzar a graduarse. Debido a que se calcularon el promedio y la tendencia sobre la base de datos que abarcan tres períodos –inicio (1990–93), mitad
(1994–97) y final (1998–2001)– de tres años o más, no se dispone de datos completos. Las definiciones de nivel de escolaridad varían en cierta medida de un
país a otro.
Fuente: Cálculos del BID basados en encuestas de hogares, y datos nacionales excepto para Argentina, Bolivia, México, Uruguay y Venezuela, que son urbanos.

Page 26
Bajos salarios
Una dimensión importante de la desigualdad se
relaciona con el grado en que algunos trabajadores
quedan atrás porque su nivel de escolaridad es
bajo, sus calificaciones obsoletas o porque sus
remuneraciones son inferiores a su productividad.
Del mismo modo que los indicadores de pobreza
tienen por objeto captar a todas las personas que
están por debajo de un determinado umbral, es
posible determinar cuántos trabajadores en Améri-
ca Latina reciben una remuneración inferior al
nivel considerado necesario para subsistir. Se con-
sidera que la remuneración de un trabajador es
baja si esa persona recibe menos de un dólar por
hora en su puesto de trabajo principal.
12
El umbral
de un dólar se ajusta para cada país de acuerdo con
las diferencias del costo de vida medidas en fun-
ción de la paridad del poder adquisitivo (PPP). Esta
definición de un bajo nivel de remuneración es
sencilla y compatible con el indicador de pobreza
moderada. Así, dado que en la región el trabajador
medio trabaja en promedio 44 horas semanales y
comparte su ingreso con dos dependientes, una
remuneración de menos de US$1 por hora (PPP)
equivale a un ingreso familiar per cápita de menos
de US$2 por día (PPP), la medida estándar de
pobreza moderada. No todos los trabajadores con
ingresos inferiores a este umbral son pobres, ya
que esto depende de si trabajan más de 44 horas
semanales o forman parte de un hogar con un
número menor al promedio de dependientes. Sin
embargo, trabajadores con salarios menores a este
umbral corren un alto riesgo de ser pobres.
Existe una estrecha relación entre este indi-
cador de salario bajo y los indicadores estándares
de pobreza que se basan en el ingreso per cápita,
como el de la pobreza moderada. Por ejemplo, la
relación entre el porcentaje de trabajadores con
remuneraciones bajas y el porcentaje de personas
en situación de pobreza moderada es 0,87, a pesar
de que este último indicador se calcula agregando
todas las fuentes de ingresos del hogar y dividiendo
por el tamaño de hogar (gráfico 1.19). Por lo tanto,
38
Capítulo
1
12
Todos los resultados se calculan a partir del ingreso procedente
del empleo principal. Sin embargo, salvo indicación contraria, los
resultados no difieren significativamente si se emplea un indicador
más completo del ingreso que incluya a todos los empleos.
Recuadro 1.4 Rendimiento de la educación: cuestiones de cuantificación
La cuantificación del rendimiento que reporta la educación
es bastante sensible al método utilizado para calcularlo. Los
rendimientos de la escolaridad que figuran en el cuadro 1.8
se calcularon a partir de un análisis de regresión que com-
para las remuneraciones de los trabajadores con distintos
niveles de escolaridad pero la misma experiencia potencial
(calculado como la edad-años de enseñanza –6). Para limi-
tar los problemas de sesgo en la selección, comunes en esta
metodología (regresión de Mincer), el análisis se limita a tra-
bajadores con altas tasas de vinculación al mercado laboral
(hombres, entre 25 y 49 años de edad). Sin embargo, si en
lugar de un análisis de regresión los diferenciales de las
remuneraciones se calculan utilizando la remuneración
media, no ajustada, de trabajadores con escolaridad pri-
maria, secundaria y terciaria para el mismo grupo de tra-
bajadores considerados en el cuadro 1.8, se obtiene que el
rendimiento de la formación terciaria disminuyó en Brasil,
Panamá y Honduras. Sin embargo, la conclusión de que, a
nivel global, el rendimiento de la formación universitaria
aumentó en los años noventa no cambia.
Asimismo, según de Ferranti et al. (2003), el rendi-
miento de la formación universitaria en los años noventa
aumentó en relación con los rendimientos de la escolaridad
secundaria en todos los países considerados (Argentina,
Bolivia, Brasil, Chile, Colombia y México), excepto en Chile.
La diferencia entre esa metodología y la del presente estudio
guarda relación con la forma en que se cuantifica la educa-
ción. En este análisis se comparan los rendimientos de tra-
bajadores que han completado su escolaridad primaria,
secundaria o universitaria. En el estudio citado la metodolo-
gía incluye a personas que no han completado el respectivo
nivel de escolaridad. Los trabajadores se clasifican en dos
niveles, uno correspondiente al nivel de estudios más alto
que se haya completado y el otro, al nivel siguiente que no
se haya completado.

Page 27
una remuneración baja es un importante factor
determinante de la pobreza de la región.
A fines de la década del noventa, el porcenta-
je de personas pobres con empleo ascendía a más
de 50% en Honduras, Bolivia, Nicaragua y El Salva-
dor y a más de 20% en los demás países excep-
tuando Venezuela, Chile y México (gráfico 1.20).
Un gran porcentaje de trabajadores forma parte de
la categoría de personas pobres a menos que traba-
jen muchas horas o que el número de dependien-
tes en su grupo familiar sea inferior al promedio o
que convivan con trabajadores mejor remunerados.
A nivel regional, la incidencia de trabajo mal
remunerado se concentra en forma desproporcio-
nada en ciertas categorías de trabajadores. Con
pocas excepciones la proporción de personas con
empleos de baja remuneración es más alta para las
mujeres que para los hombres, para los trabajado-
res con menor nivel de escolaridad y para los de
zonas rurales (gráfico 1.21). A nivel de cada país, la
incidencia de empleos mal remunerados es más
alta entre los jóvenes (15-19 años) y los empleados
de empresas pequeñas (menos de cinco emple-
ados) que entre los que trabajan en empresas
grandes o por cuenta propia (Duryea y Pagés, de
próxima publicación).
13
No obstante, si bien características individua-
les como el género, el nivel de escolaridad y la edad
inciden en la probabilidad de que una persona reci-
ba una remuneración baja, se observan importantes
diferencias entre los países que sólo pueden atri-
buirse a factores específicos de cada uno de ellos,
algo especialmente notorio cuando se compara la
incidencia de empleos de baja remuneración entre
trabajadores que han completado la escolaridad
secundaria. En el gráfico 1.22 se observa que, sólo
Un diagnóstico del mercado laboral en América Latina
39
Gráfico 1.19 Pobreza moderada y porcentaje
de trabajadores con bajos ingresos,
fines de los años noventa
Pobreza moderada (porcentaje)
Fuente: Cálculos del BID.
Trabajadores con bajos ingresos (porcentaje)
(coeficiente de correlación = 0,87)
0
10
20
30
40
50
60
70
80
10
20
30
40
50
60
70
80
90
Costa Rica
México
Argentina
Panamá
Chile
Uruguay
Brasil
Bolivia
Perú
El Salvador
Venezuela
República Dominicana
Colombia
Ecuador
Paraguay
Honduras
Gráfico 1.20 Porcentaje de trabajadores de 15-65 años que gana
menos de US$1 por hora (PPP), fines de los años
noventa
Nota: Datos nacionales excepto para Bolivia, México y Uruguay, que son urbanos.
Fuente: Encuestas de hogares.
0
10
20
30
40
50
60
70
80
Venezuela
México
Chile
Uruguay
Costa Rica
Panamá
Brasil
Colombia
Ecuador
República Dominicana
El Salvador
Nicaragua
Bolivia
Honduras
Gráfico 1.21 Trabajadores pobres por categoría, América Latina
(En porcentaje)
Fuente: Duryea, Jaramillo y Pagés (2003).
0
10
20
30
40
50
60
70
Rural
Urbana
Primaria
Secundaria
Terciaria
Mujer
Hombre
Total
Género
Escolaridad
Zona
13
Las excepciones son Honduras y Paraguay, donde la incidencia
de bajas remuneraciones es mayor para las personas que trabajan
por cuenta propia que para los trabajadores asalariados

Page 28
en cinco países, menos de uno de cada cuatro tra-
bajadores con esas características recibe un salario
que lo sitúa en la categoría de pobreza. En muchos
otros países –por ejemplo, República Dominicana,
El Salvador, Nicaragua, Bolivia y Honduras– más de
40% de esos trabajadores siguen perteneciendo a la
misma categoría. Aunque es cierto que la escolari-
dad ejerce un efecto positivo sustancial sobre las
remuneraciones, también es indudable que aquella
por sí sola no garantiza un buen salario.
Para comprender el efecto limitado de la esco-
larización, es conveniente tener presente que el
rendimiento de la educación se cuantifica en tasas
porcentuales, de modo que el efecto final sobre los
salarios absolutos depende de la base a la que se
aplica el porcentaje. Ya que el trabajador latinoa-
mericano sin estudios o poco calificado recibe una
remuneración muy baja, es posible que un porcen-
taje de aumento salarial relativamente alto atribui-
ble a su escolaridad no signifique que deje de ganar
un salario muy bajo.
¿Qué factores determinan el nivel global de
los salarios? El gráfico 1.22 indica que existe una
alta correlación entre el porcentaje de trabajadores
que reciben un salario de subsistencia y el PIB por
trabajador. Por lo tanto, independientemente del
nivel de escolaridad, la remuneración por hora
refleja la productividad que el trabajador es capaz
de lograr valiéndose de otros factores de produc-
ción como el capital físico, los servicios públicos
y las telecomunicaciones, o de bienes públicos
como las instituciones y la infraestructura. Por
consiguiente, los trabajadores sólo pueden aprove-
char sus calificaciones cuando el entorno económi-
co institucional en que viven y trabajan es
suficientemente fértil. En otras palabras, si bien la
desigualdad salarial puede en gran medida ser con-
secuencia de diferencias del nivel de instrucción,
los niveles salariales absolutos no pueden elevarse
exclusivamente mediante mejoras de la educación.
Si al mismo tiempo no se invierte en el entorno ins-
titucional y económico, en el corto plazo la pro-
ductividad y las remuneraciones de una gran
proporción de la población no superarán el nivel de
pobreza.
En los años noventa algunos países avanzaron
considerablemente en la tarea de reducir la pro-
porción de puestos de trabajo cuyo salario permite
un nivel de consumo igual o inferior al umbral de
la pobreza. La incidencia de remuneraciones bajas
disminuyó sobre todo en los países del Cono Sur, y
aumentó en México y Centroamérica.
Indicador resumido de equidad
Aunque América Latina padece fuertes desigualda-
des salariales, es limitada la evidencia empírica
que apoya la tesis de que en promedio esa des-
igualdad puede atribuirse a la forma en que los
mercados determinan el precio de la mano de obra.
Así, aun cuando en promedio el rendimiento de la
escolaridad es alto, los diferenciales salariales atri-
buibles al sector, género o tamaño de la empresa
son comparables con los de Estados Unidos, el país
de referencia. Sin embargo, el precio de la educa-
ción y el rendimiento del trabajo en un determina-
do sector o empresa varían sustancialmente de un
país a otro. En esta sección se construye un índice
resumido sobre la equidad con que se asigna el
ingreso a partir del promedio simple de los siguien-
tes componentes normalizados en valores de 0 y 1:
las brechas salariales por género, el rendimiento
por sector de actividad, el rendimiento en función
del tamaño de la empresa, el rendimiento de la
escolaridad secundaria y el rendimiento de la for-
40
Capítulo
1
Gráfico 1.22 PIB real por trabajador y bajos salarios
Nota: Coeficiente de la tendencia = –25242,27 , t-estadístico = –4,96
Fuente: Duryea, Jaramillo y Pagés (2003) para el porcentaje de trabajadores con
bajos salarios; Heston, Summers y Bettina (2002) versión 6.1 para el PIB real por
trabajador.
PIB real por trabajador (dólares)
Porcentaje de trabajadores con estudios secundarios con salarios
inferiores a US$1 por hora (PPP)
Honduras
Bolivia
Nicaragua
El Salvador
República Dominicana
Ecuador
Colombia
Brasil
Panamá
Costa Rica
Uruguay
Chile
México
Venezuela
0
5.000
10.000
15.000
20.000
25.000
30.000
0
10
20
30
40
50
60
70
80

Page 29
mación universitaria. Aunque el porcentaje de tra-
bajadores con bajos salarios es importante, no se
incluye porque, desde un punto de vista de la for-
mulación de políticas, no depende necesariamente
del comportamiento del mercado laboral. En cam-
bio, depende de una serie de factores que inciden
en la productividad de la mano de obra, algunos de
los cuales son propios del mercado laboral y otros,
como la provisión de infraestructura o comunica-
ciones, son exógenos.
El valor del índice es más alto cuanto mayor
es el grado de equidad, es decir, cuánto más bajos
sean los diferenciales salariales por escolaridad,
género o características del puesto de trabajo. La
calificación de América Latina es similar a la del
país de referencia (Estados Unidos) en cuanto a
esta medida de equidad (gráfico 1.23). Por lo tanto,
la causa de la extrema desigualdad de las remune-
raciones no obedece tanto al mecanismo de deter-
minación de precios de los mercados laborales sino
a la extrema desigualdad de la educación y posible-
mente de otras dotaciones de recursos (como con-
tactos familiares, inteligencia e iniciativa) que no
son observables en las encuestas de hogares pero
que tienen un precio en el mercado laboral. Sin
embargo, en Brasil, Nicaragua, Ecuador y Panamá,
las diferencias de precio contribuyen notablemente
a la desigualdad de las remuneraciones (gráfico
1.23). Asimismo, esos países obtuvieron las califi-
caciones más bajas según el índice que mide la efi-
ciencia con que se asigna el ingreso.
A
SIGNACIÓN DE RIESGOS
La actividad normal de los mercados laborales
genera riesgos para los trabajadores. A medida que
las empresas crean y destruyen puestos de trabajo,
algunos trabajadores son desplazados. Mientras que
unos encuentran trabajo inmediatamente y termi-
nan recibiendo una remuneración similar, para
otros la pérdida de trabajo reduce sus ingresos
durante el período en que están sin empleo, a lo
que debe sumarse una pérdida potencial en caso de
que la remuneración del nuevo empleo sea inferior
a la del anterior. Cuanto más largo haya sido el perí-
odo de servicio, y más específicas las calificaciones
del empleo anterior, mayor tenderá a ser la reduc-
ción del ingreso que ocasiona el desempleo.
Además de la pérdida de empleo, la vejez, la
enfermedad y los accidentes de trabajo son otros de
los riesgos que pueden reducir el ingreso salarial.
En la mayoría de los países del mundo, muchos tra-
bajadores están protegidos contra esos riesgos
mediante la participación en programas de seguri-
dad social pública a nivel nacional. Sin embargo, no
todos los trabajadores tienen acceso a esas presta-
ciones y muchos no están asegurados.
Por lo tanto, el nivel de protección con que
cuenta el trabajador para hacer frente al riesgo de
perder su salario es otra de las importantes di-
mensiones que deben considerarse al evaluar el
desempeño del mercado laboral. Es evidente, sin
embargo, que la asignación de los riesgos no es
independiente de la asignación de los recursos.
Cuanto más rápido un trabajador encuentra un
nuevo empleo, menor será la pérdida de ingreso
atribuible a la inactividad y menor será la prima de
seguro necesaria para cubrir esos riesgos. Análoga-
mente, cuanto más cortos sean los períodos de des-
empleo involuntario durante la vida de una
persona, más largo será el período en que la per-
sona puede contribuir a un fondo de pensión para
la vejez y mayores serán los pagos de jubilación
que recibirá en el futuro. Esta causalidad también
opera en sentido opuesto, ya que los seguros reper-
cuten en la asignación de los recursos. Un seguro
Un diagnóstico del mercado laboral en América Latina
41
Gráfico 1.23 Medida resumen de la equidad
en la asignación de ingresos
(Índice 0-1)
Fuente: Cálculos del BID basados en encuestas de hogares.
0,0
0,1
0,2
0,3
0,4
0,5
0,6
0,7
0,8
Brasil
Nicaragua (2001)
Ecuador (1998)
Panamá
Chile
Uruguay
Bolivia
México
Honduras
El Salvador (1999)
Argentina
Perú
Costa Rica
Venezuela
Guatemala (1998)
América Latina
Estados Unidos (1996)

Page 30
de empleo muy generoso puede reducir los incen-
tivos de los desempleados para buscar trabajo, lo
cual a su vez se traduce en mayores tasas de des-
empleo.
En el capítulo 2 se examina en mayor detalle el
proceso de reasignación de empleos y trabajadores y
se analiza la cuantificación de esos riesgos. En el
capítulo 7 se estudian los efectos sobre el mercado
laboral de la legislación y otras normas que tienen
por objeto proteger a los trabajadores. A conti-
nuación se describen los mecanismos desarrollados
por los países para proteger a los trabajadores contra
la pérdida del ingreso y la medida en que esos meca-
nismos se aplican a todos los trabajadores.
Indemnizaciones por despido
La mayoría de los países de la región no cuentan
con mecanismos de seguro de desempleo que pro-
tejan a los trabajadores contra el riesgo de perder
sus puestos de trabajo. De hecho, en América Lati-
na el mecanismo usual de cobertura contra ese
riesgo ha sido conceder indemnizaciones y otros
pagos obligatorios por despido. Estas transferen-
cias, obligatorias para la empresa si la misma inicia
el proceso de despido, constituyen un mecanismo
de seguro para canalizar fondos hacia trabajadores
desempleados. De hecho, la legislación laboral en
América Latina prescribe transferencias considera-
bles, mucho mayores que las que establece la ley
en el Caribe o en los países desarrollados (gráfico
1.24). Además, y contrariamente a lo que se cree
comúnmente, estas transferencias aumentaron en
muchos países en los años noventa (gráfico 1.24).
Los pocos casos de desregulación obedecieron más
al propósito de crear mayores probabilidades de
que se suscribieran contratos temporales que al
deseo de reducir los costos de despido relacionados
con los contratos de duración indefinida.
Programas de seguridad social
La protección que confieren los programas de segu-
ridad social, en cambio, es menor en América Lati-
na que en los países desarrollados. En el gráfico
1.25 se presenta un índice de las prestaciones
otorgadas en concepto de pensiones por vejez, pro-
gramas de salud y maternidad, y (cuando corres-
ponda) seguros de desempleo.
14
Este índice asigna
un valor más alto a programas que otorgan presta-
ciones más generosas y a los que ofrecen mayores
beneficios en relación con las aportaciones. Según
este indicador, el régimen de seguridad social ofre-
ce menos protección a los trabajadores de América
Latina que a los trabajadores de países desarrolla-
dos y de Europa del Este y Asia Central. Sin embar-
go, el índice de América Latina es más alto que el
de otras regiones en desarrollo, incluida Asia del
Este. Dentro de la región, Jamaica, Bolivia y Perú
ofrecen las menores prestaciones de seguridad
social, en tanto que Colombia, Panamá y Argentina
proporcionan el mayor grado de protección, con un
nivel de prestaciones similar al de los países desa-
rrollados.
42
Capítulo
1
Gráfico 1.24 Costo de la estabilidad laboral, 1998 y 1999
Costo de los beneficios en meses de salarios
Fuente: Heckman y Pagés (de próxima publicación).
0
5
10
15
20
25
Promedio América Latina, 1999
Promedio países desarrollados, 1999
Promedio países del Caribe, 1999
1999
1988
Paraguay
Uruguay
Nicaragua
Rep. Dominicana
Argentina
El Salvador
México
Chile
Honduras
Costa Rica
Bolivia
Panamá
Brasil
Perú
Ecuador
Colombia
Venezuela
14
Este índice fue elaborado por Djankov et al. (2003) y representa
la suma normalizada de los siguientes componentes: la diferencia
entre la edad de jubilación y la esperanza de vida; el número de
meses necesarios para poder jubilarse normalmente y tener derecho
a las prestaciones de los programas de salud y seguro de desem-
pleo; las contribuciones a los programas de pensión y los seguros
de salud, desempleo y discapacidad; la tasa de reposición de las
pensiones; la tasa de reposición de las prestaciones del seguro de
salud; los meses de contribuciones necesarios para tener derecho a
los beneficios del seguro de salud, y el período de espera para
poder recibirlos.

Page 31
Baja cobertura
Si bien los niveles de protección que prescribe la
ley no son tan diferentes, y en algunos casos son
incluso mayores que la protección obligatoria en
los países desarrollados, una creciente mayoría de
trabajadores no está cubierta por la legislación labo-
ral y, por lo tanto, corre constantemente el riesgo
de enfermarse en forma imprevista, perder el
empleo y vivir en la miseria en la vejez.
15
En el cuadro 1.9 se indica que en promedio la
cobertura es de 40%. El promedio ajustado por el
número de trabajadores en cada país es de 44%. Sin
embargo, el grado de dispersión en los niveles de
cobertura en la región es elevado. Uruguay, Costa
Rica y Chile tienen el mayor porcentaje de trabaja-
dores cubiertos, en tanto que Paraguay, Perú, Brasil
y Ecuador se sitúan en el otro extremo, con sólo
uno de cada tres trabajadores protegidos contra los
riesgos de enfermedad, pobreza en la vejez y pér-
dida del empleo.
Aunque los bajos niveles de cobertura pueden
atribuirse en parte a la gran proporción de trabaja-
dores por cuenta propia, las tasas de cobertura de
los empleados asalariados también son bajas. Asi-
mismo, la proporción de trabajadores sin acceso al
seguro social o a las prestaciones que prescribe la
legislación laboral disminuyó en los años noventa,
tanto para los trabajadores por cuenta propia como
para los asalariados. Esto sugiere que el aumento
de las tasas de empleo independiente en países
como México, por ejemplo, no es la única causa de
esta disminución. La causa tampoco fue la crecien-
te proporción de trabajadores empleados en peque-
ñas empresas, al menos en México y en Argentina,
que fueron objeto de un análisis minucioso al res-
pecto. En ambos países, el porcentaje de trabajado-
res con derecho a las prestaciones de seguridad
social se redujo para todas las empresas, indepen-
dientemente de su tamaño.
Es evidente que la legislación laboral no siem-
pre se aplica satisfactoriamente y que hay deficien-
cias en el pago de los aportes obligatorios a la
seguridad social. Estos problemas también se ven
reflejados en el bajo cumplimiento de las leyes del
salario mínimo. En el gráfico 1.26 se indica el por-
centaje de trabajadores de los países estudiados que
ganan menos de 75% del salario mínimo. Más de
60% de los empleados asalariados de Paraguay y
más de 25% en Guatemala, Ecuador y Perú reciben
una remuneración inferior al mínimo obligatorio.
En resumen, no hay forma de garantizar que
todos reciban los beneficios previstos por la ley. En
consecuencia, para demasiados trabajadores el
riesgo de perder su fuente de ingreso es una posi-
bilidad real y a menudo catastrófica. No sorprende
que para una creciente mayoría las deficiencias del
mercado laboral sean el principal motivo de preo-
cupación.
Indicador resumido de la asignación
de riesgos
El desempeño de los países en el área de la protec-
ción de riesgos puede resumirse calculando el pro-
medio de los siguientes indicadores: el monto de la
indemnización por despido, el índice de seguridad
social, el porcentaje de trabajadores inscritos en
programas de seguridad social, y considerando si
cuentan o no con un seguro de desempleo. Los tres
primeros indicadores se normalizan en valores que
varían de 0 a 1. Contar con un seguro de desempleo
Un diagnóstico del mercado laboral en América Latina
43
15
Se supone que los trabajadores inscritos en programas de segu-
ridad social administrados por el Estado gozan de todas las demás
prestaciones que prescribe la legislación laboral, como los pagos
obligatorios de indemnización por despido y la remuneración por
horas de trabajo extra.
Gráfico 1.25 Índice de seguridad social
(Índice 0-3)
Fuente: Djankov et al. (2003).
0
0,5
1
1,5
2
2,5
Jamaica
Bolivia
Perú
Rep. Dominicana
México
Brasil
Ecuador
Chile
Uruguay
Venezuela
Argentina
Panamá
Colombia
África Subsahariana
Sur de Asia
Medio Oriente y Norte de África
Asia del Este y Pacífico
América Latina y el Caribe
Europa del Este y Asia Central
Países desarrollados angloparlantes
Europa Continental

Page 32
se normaliza asignando un valor de 0,25 en los
casos en que exista esta prestación; 0,125 si se ofre-
ce sólo a ciertos trabajadores desempleados, como
en Brasil (trabajadores de bajos ingresos) o en
México (trabajadores de al menos 55 años de edad),
y 0 si no existe seguro de desempleo. En el gráfico
1.27 se presenta el indicador resumido para 12 paí-
ses de América Latina, Estados Unidos, y el prome-
dio de América Latina. Cuanto mayor es el valor
del índice mayor es el grado de protección contra el
riesgo de pérdida de empleo.
Según este indicador resumido, salvo Brasil y
Colombia –con niveles de cobertura de seguro com-
parables a los de Estados Unidos– los restantes paí-
44
Capítulo
1
Cuadro 1.9 Seguro social, años noventa
Proporción de
Proporción de
empleados con
asalariados con
seguridad social (%)
seguridad social (%)
El país tiene
Número de
seguro de
Cambio
Cambio
País
observaciones
desempleo
Promedio
anual
Promedio
anual
América Latina
a
48
42,76
–0,35*
60,05
–0,17
Argentina
10
48,45
–0,29*
66,56
–0,83*
Bolivia (1999)
No
26,36
38,56
Brasil
7
48,18
–0,05
64,04
0,28
Chile
6
64,47
0,05
77,45
0,04
Colombia (1999)
No
46,13
66,77
Costa Rica
5
No
65,92
–0,88*
74,61
–0,88*
Ecuador (1995)
No
30,94
43,02
El Salvador (1998)
No
33,49
50,04
Guatemala
No
Honduras
No
Jamaica
No
México
12
b
52,53
–0,57*
67,96
–0,43*
Nicaragua
No
Panamá (2001)
No
55,66
74,50
Paraguay (1995)
No
16,70
30,66
Perú
c
4
No
17,99
51,90
–0,47*
República Dominicana (1998)
No
29,08
49,40
Trinidad y Tobago
No
Uruguay
4
74,12
93,12
1,27*
Venezuela (1998)
No
31,37
52,22
Europa Continental
Europa del Este
Estados Unidos
82,00
Otros países desarrollados
angloparlantes
* Significativo al 15%.
a
Hay 40 observaciones de la proporción de asalariados con seguridad social.
b
Sólo para los trabajadores de 60 años o más.
c
Los datos se toman del área metropolitana de Lima, para la proporción de asalariados con seguridad social en 2000.
Nota: El seguro de desempleo incluye pagos en lugar de preaviso, pagos por cesantías y fondos acumulados en cuentas de ahorro individuales. Para todas las regio-
nes, excepto América Latina y el Caribe, se supone que el 100% de los empleados está cubierto por la seguridad social. Debido a que se calcularon el promedio y
la tendencia sobre la base de datos que abarcan tres períodos –inicio (1990–93), mitad (1994–97) y final (1998–2001)– de tres años o más, no se dispone de datos
completos. Las tendencias por país se obtuvieron por medio de regresiones de los datos disponibles sobre una tendencia temporal. Las tendencias regionales se obtu-
vieron por medio de regresiones de datos disponibles sobre una tendencia temporal y un conjunto de efectos fijos por países. Los datos para Estados Unidos corres-
ponden al porcentaje de la fuerza laboral con seguro médico.
Fuentes: Medical Expenditure Panel Survey, MEPS (1996) para el porcentaje de la fuerza laboral con seguro médico en Estados Unidos. Los datos sobre si el país dis-
pone o no de seguro de desempleo provienen de la Administración del Seguro Social de Estados Unidos (1999). Las proporciones de trabajadores con seguridad
social provienen de cálculos del BID basados en encuestas de hogares; datos nacionales excepto para Argentina, Bolivia, México, Panamá y Uruguay; y de OIT
(2002b) para Panamá, Perú y Uruguay.

Page 33
ses estudiados están por debajo de los niveles esta-
dounidenses, que son bajos en relación con los
demás países desarrollados. Por lo tanto, si bien es
cierto que las indemnizaciones por despido son ele-
vadas, la cobertura de estos programas excluye a
muchos trabajadores, y los niveles globales de
cobertura de seguro terminan siendo muy bajos,
sobre todo en México, Perú, República Dominicana
y Bolivia. La cobertura del seguro social es proba-
blemente aún más baja en países como Nicaragua,
Honduras y Guatemala, que no se incluyeron en el
análisis por falta de datos completos para todas las
dimensiones.
L
A CALIDAD DE LAS RELACIONES
LABORALES
Las relaciones laborales definen la relación que se
establece entre empleadores y empleados, o los sin-
dicatos a que pertenecen. Aunque el mercado labo-
ral se caracteriza por una elevada tasa de rotación,
la mayoría de las relaciones de empleo van más
allá del corto plazo. La actitud de los empleadores
frente a los trabajadores, y la de los trabajadores
hacia los empleadores, la calidad de la administra-
ción, los canales de comunicación, la posibilidad de
que los trabajadores manifiesten sus inquietudes y
la manera de resolver los conflictos determinan la
calidad de las relaciones laborales. A su vez, esas
relaciones influyen en el empeño de los trabajado-
res, la motivación, y la voluntad para aprender y
ser más productivos, así como en la inversión de
largo plazo que las empresas dedican a la capacita-
ción y la tecnología. Este proceso de aprendizaje e
innovación es un componente clave para fomentar
la productividad y resulta esencial para mejorar el
nivel de vida de los trabajadores de la región.
Según el estudio del BID de 2001, las relacio-
nes laborales de América Latina se presentan en un
contexto de disminución de las tasas de sindicaliza-
ción y sindicatos débiles. En el gráfico 1.28 puede
apreciarse que en los años noventa la sindicaliza-
ción se redujo respecto de los años ochenta en
todos los países para los cuales se dispone de datos.
En promedio, sólo 14% de la fuerza laboral urbana
pertenece a un sindicato, un porcentaje inferior a
la media de los países desarrollados.
Las relaciones laborales de la región parecen
estar sumidas en conflictos. El porcentaje de traba-
jadores que se declararon en huelga como porcen-
taje del empleo total es alto en comparación con el
de Estados Unidos, Asia del Este, Europa Continen-
tal y Europa del Este (gráfico 1.29). No obstante,
hay importantes diferencias entre un país y otro y
si bien una gran proporción de trabajadores se
declaró en huelga en Brasil y Perú, el número de
huelgas en Panamá y México fue tan bajo como en
Estados Unidos.
Un diagnóstico del mercado laboral en América Latina
45
Gráfico 1.26 Porcentaje de trabajadores con salarios 75%
inferiores al salario mínimo, fines de los años
noventa
(En porcentaje)
Nota: Datos nacionales excepto para Argentina, México y Uruguay, que son urbanos.
Cálculo para la ocupación principal y para quienes trabajan más de 35 horas semanales.
Fuente: Cálculos del BID basados en encuestas de hogares.
0
10
20
30
40
50
60
70
México
Uruguay
Argentina
Rep. Dominicana
Bolivia
Brasil
Chile
El Salvador
Venezuela
Panamá
Colombia
Perú
Ecuador
Guatemala
Paraguay
Gráfico 1.27 Medida resumen de seguridad
(Índice 0–1)
Fuente: Cálculos del BID basados en encuestas de hogares. Datos de pagos por cesantía,
indemnizaciones por despido y preaviso provienen de Heckman y Pagés (de próxima
publicación).
0
0,1
0,2
0,3
0,4
0,5
0,6
Brasil
Colombia (1999)
Uruguay
Ecuador (1995)
Argentina
Chile
Panamá (2001)
Venezuela (1998)
México
Perú (2000)
República Dominicana (1998)
Bolivia (1999)
Estados Unidos
América Latina

Page 34
Según los empleadores, hay margen para
mejorar las relaciones laborales. De acuerdo con el
World Economic Forum (2001), el grado de coope-
ración en las relaciones laborales es bajo en Amé-
rica Latina. Esa información surge de las opiniones
de una muestra de empleadores en cada país. El
sistema de calificación varía de 1 a 7, donde 1
corresponde a un alto grado de conflicto y 7 al
grado máximo de cooperación (gráfico 1.30). El
valor medio para América Latina (4,3) es más bajo
que el promedio de Europa Continental (5,15),
Estados Unidos (5,0), otros países angloparlantes
desarrollados (4,7) y Europa del Este (4,4). Sin
embargo, como ocurre con las huelgas, en América
Latina la heterogeneidad dentro de la región es
mayor que entre regiones. Los empleadores de los
países de Centroamérica declaran que las relacio-
nes laborales son más cooperativas que los emple-
adores del Cono Sur. De acuerdo con sus
calificaciones, Venezuela y Uruguay son los países
con las relaciones laborales más conflictivas de la
región mientras que las de Costa Rica exhiben el
mayor espíritu cooperativo.
Asimismo, es importante evaluar el modo en
que los trabajadores califican las relaciones labora-
les. En la encuesta Latinobarómetro de 1997 se pre-
guntó a los encuestados si estaban de acuerdo con
la siguiente declaración: “La relación laboral de los
empleadores con los empleados es satisfactoria.”
En todos los países, el número de personas que
contestó afirmativamente fue reducido (gráfico
1.31). El país con el mayor porcentaje de personas
que estuvieron de acuerdo fue México (donde hubo
pocas huelgas), mientras que Argentina y Paraguay
obtuvieron porcentajes extraordinariamente bajos.
Una vez más, es significativo que en la mayoría de
los países de Centroamérica se considera que las
relaciones laborales son de mejor calidad que en el
Cono Sur.
46
Capítulo
1
Gráfico 1.28 Tasas de sindicalización, años noventa vs. años ochenta
Fuente: OIT (1997) y base de datos de la OIT.
Densidad sindical (como porcentaje de la fuerza laboral urbana)
0
10
20
30
40
50
60
Mediana países
desarrollados
angloparlantes,
años noventa
Mediana Europa
Continental, años
noventa
Años ochenta
Años noventa
Guatemala
Honduras
Colombia
El Salvador
Perú
Paraguay
Ecuador
Uruguay
Costa Rica
Panamá
Venezuela
Chile
Bolivia
Rep. Dominicana
Nicaragua
Argentina
México
Brasil
Gráfico 1.29 Trabajadores participantes en huelgas, 1990-95
(En porcentaje del empleo total)
Fuente: OIT (1997).
0
2
4
6
8
10
12
14
16
México
Panamá
Ecuador
Chile
Trinidad y Tobago
Nicaragua
Jamaica
Costa Rica
Honduras
Perú
Brasil
Estados Unidos
Asia del Este
Europa del Este
Caribe
Europa Continental
América Latina
Países desarrollados angloparlantes
Gráfico 1.30 Grado de cooperación en las relaciones laborales
(1 = de confrontación, 7 = cooperativo)
Fuente: World Economic Forum (2001).
0
3,5
4
4,5
5
5,5
6
Venezuela
Uruguay
Paraguay
Bolivia
Guatemala
Argentina
Brasil
Colombia
México
Nicaragua
Chile
Ecuador
Honduras
Panamá
Perú
Rep. Dominicana
El Salvador
Costa Rica
América Latina
Europa del Este
Países angloparlantes
Estados Unidos
Europa Continental

Page 35
Indicador resumido de la calidad
de las relaciones laborales
En el gráfico 1.32 se resumen las relaciones labora-
les de los países de América Latina mediante una
agregación de los puntos de vista de los trabajado-
res y los empleadores. El índice resumido se cons-
truye estableciendo una escala de 0 a 1 para las
respuestas y calculando el promedio simple de los
dos indicadores. Lamentablemente, no se estable-
ció un país de referencia para este indicador por-
que sólo se dispone de datos sobre las opiniones de
los trabajadores de América Latina. Por lo tanto, no
fue posible evaluar si, respecto de otras regiones,
las relaciones laborales son anormalmente defi-
cientes. En la región, el índice resumido señala que
las relaciones laborales son mejores en México y
los países de Centroamérica que en el Cono Sur,
sobre todo en Paraguay, Argentina y Uruguay. La
mayor incidencia de despidos y desempleo en estos
últimos países posiblemente haya obstaculizado las
relaciones de largo plazo entre los trabajadores y
empleadores del Cono Sur.
C
OMPROMISOS ENTRE EFICIENCIA
,
EQUIDAD Y SEGURIDAD
En este capítulo se han desarrollado varios indica-
dores para evaluar el desempeño de los mercados
laborales. Cabe preguntarse si estos podrían resu-
mirse en un solo indicador. Aunque podría ser
deseable hacerlo, agregar información no resultaría
útil porque cada indicador refleja distintas dimen-
siones de la evaluación que podrían entrar en con-
flicto entre sí. Por ejemplo, muchos observadores
elogian el desempeño satisfactorio de Estados Uni-
dos por sus bajas tasas de desempleo y por la
mayor habilidad que aparentemente tiene el mer-
cado laboral de ese país para adaptarse a cambios
en el entorno económico en relación con los mer-
cados laborales de Europa. Otros analistas subrayan
las altas tasas de desigualdad y la baja cobertura
contra riesgos económicos en Estados Unidos con
respecto a los países europeos.
Son los ciudadanos de un país quienes, a tra-
vés de sus instituciones políticas, deciden las carac-
terísticas que tendrán los mercados laborales en
materia de eficiencia, equidad y cobertura de segu-
ros. Es posible que la ciudadanía de algunos países
tolere menos el riesgo o la desigualdad, y eso se
refleje en la política laboral global. Sin embargo, el
público y los encargados de las políticas deben
tener presente que puede haber importantes com-
plementariedades, pero también compromisos
entre esos componentes. Aunque las primeras son
positivas, los compromisos pueden ser un obstácu-
lo para alcanzar la situación ideal. Por ejemplo,
muchos observadores atribuyen las tasas de des-
empleo persistentemente altas de Europa a los
Un diagnóstico del mercado laboral en América Latina
47
Gráfico 1.31 Porcentaje que está de acuerdo con
“empleados tienen buenas relaciones con los empleadores”
Fuente: Latinobarómetro (1997).
0
5
10
15
20
25
30
35
Argentina
Paraguay
Guatemala
Brasil
Perú
Chile
Uruguay
Costa Rica
El Salvador
Bolivia
Panamá
Honduras
Colombia
Venezuela
Nicaragua
Ecuador
México
Gráfico 1.32 Calidad de las relaciones laborales
(Índice 0-1)
Fuente: Cálculos del BID.
0,0
0,1
0,2
0,3
0,4
0,5
0,6
0,7
0,8
0,9
Paraguay
Argentina
Guatemala
Uruguay
Venezuela
Brasil
Bolivia
Chile
Perú
Panamá
Colombia
El Salvador
Honduras
Nicaragua
Costa Rica
Ecuador
México

Page 36
altos niveles de protección social. Las transferen-
cias a los desempleados posiblemente atenúen la
urgencia de buscar empleo y alarguen el período de
inactividad: los programas obligatorios de seguri-
dad social exigen contribuciones que pueden incre-
mentar el precio de la mano de obra y reducir el
empleo.
¿Cómo varían la eficiencia, la seguridad social
y la equidad de un país a otro? Este capítulo ha ana-
lizado varios aspectos de eficiencia, que se agregan
para elaborar un indicador sintético de la eficiencia
del mercado laboral calculando el promedio de los
tres índices siguientes: eficiencia en la asignación
de los recursos, eficiencia en la asignación del
ingreso, y calidad de las relaciones del mercado
laboral. Este indicador agregado no sólo refleja la
eficacia con que el mercado asigna los recursos y el
ingreso, sino también el grado en que los trabaja-
dores y los empleadores colaboran para alcanzar
objetivos comunes en materia de ingreso y aumen-
to de la productividad. Los resultados se presentan
en el gráfico 1.33. Según este indicador, los merca-
dos laborales que mejor funcionan son los de Méxi-
co, Costa Rica, Nicaragua y Honduras, y los que
presentan las mejores oportunidades para efectuar
mejoras son los de Uruguay, Brasil, Argentina y
Bolivia.
¿En qué medida existen importantes compro-
misos entre la eficiencia, la seguridad y la equidad
en los países de la región? El gráfico 1.34 represen-
ta la relación entre el indicador de eficiencia del
mercado laboral y el de equidad. Resulta llamativo
que no exista una relación negativa entre estas
variables. En general, cuando el mercado laboral es