Borrador para comentarios. 29 de agosto 2000.
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Existe también una evidencia importante de asignaciones ineficientes de entradas productivas
dentro de las familias por el género, lo cual tiene costos significativos en los egresos e
ingresos del hogar. (Jones 1986; Udry 1996). Igualmente, hay evidencia que las empresas
femeninas son subcapitalizadas y que hay altos ingresos cuando estos créditos se dirigen hacia
esas empresas.
1.2.2 Capacidad y capital humano
La capacidad y el capital humano determinan diferentes accesos a servicios públicos, tal como
educación y salud, que a menudo son determinados por diferencias del género. Por ejemplo,
los planes de estudios escolares o los proyectos de ayuda al desarrollo son abandonados
debido a la socialización de la familia y la comunidad, así las niñas y las mujeres de familias
pobres corren un riesgo muy alto de dejar la
escuela o ser entrenadas para realizar
tareas que rinden bajos ingresos, tales
como costura y tejidos de canastos. Las
mujeres en SSA de todas las regiones han
experimentado el más bajo promedio de
crecimiento entre 1969 y 1990, dando como
resultado el promedio de años de educación
de la población femenina adulta sobre este
período de tan solo 1.2 años. A pesar de que las mujeres tienen diferentes necesidades de
salud y más prioridades que los hombres, tales como salud reproductiva o HIV (SIDA)
necesidades de prevención, estos servicios no son tan accesibles para ellas. Esto se puede
ver en el enorme diferencial del género en la carga de enfermedades sexuales y reproductivas
que existe en África, si medimos por muerte o discapacidad de por vida (MDPV) (ver Cuadro
2). Datos de Uganda, por ejemplo, indican que esa infección de SIDA es seis veces mayor
entre las muchachas jóvenes en la edad desde los 15 hasta los 19 años comparados con
muchachos de la misma edad.
1.2.3 Seguridad y vulnerabilidad
La falta de seguridad y vulnerabilidad evidente son parte íntegra de la experiencia de la
pobreza. La falta de seguridad se expone a riesgos, y la vulnerabilidad es la posibilidad del
declive en el bienestar. Los riesgos de seguridad del género relativo incluyen aquellos basados
en las relaciones familiares, debido a cambios en la estructura, mismos que atentan contra el
hogar como una unidad social; las consecuencias de la violencia doméstica y comunitaria y los
conflictos, aislamiento físico y cultural y marginalización, ambigüedad en lo legal y en los
derechos, impacto de la degradación del medio ambiente y accesos precarios al agua. Los
reportes de Gravámenes Participativos de la Pobreza del Banco Mundial (GPP) apuntan a la
mujer como cabeza de la familia, especialmente aquellas con hijos que son muy jóvenes para
trabajar o para cuidarse solos, ya que ellas son particularmente vulnerables. Los GPP también
muestran que las mujeres y hombres responden distintamente a las situaciones sociales
políticas y económicas. Muchos hombres recurren al abuso doméstico y a la violencia, se
sumergen en el alcohol o en las drogas, o abandonan a sus familias. Las mujeres, por el
contrario, parecen tragarse su orgullo y aceptan trabajos humillantes para poder traer comida a
la mesa familiar. Cuando los hombres ya no están en capacidad de hacer una importante
contribución económica para el presupuesto del hogar, se presenta, de hecho, un conflicto
familiar. A nivel mundial, la violencia doméstica es una causa para que las mujeres sean