CUESTIONES DE GENERO EN EL DESARROLLO DE LAS MICROEMPRESAS

Servicio de Desarrollo y Gestión de Empresas

Oficina de la Consejera Especial para los Asuntos de las Trabajadoras

Prefacio

Dentro del mandato fundamental de la Organización Internacional del Trabajo relativo a la promoción de la justicia social, la cuestión de la protección de las trabajadoras y del fomento de la igualdad entre hombres y mujeres en el empleo ha sido desde hace mucho tiempo motivo de preocupación. Si bien el principio de la igualdad de oportunidades y de trato entre hombres y mujeres en el trabajo se acepta ampliamente en la mayoría de los países, en la práctica sigue habiendo desigualdades dentro de los diferentes países.

La estrategia global de la OIT es asegurar que las cuestiones de género y las preocupaciones en materia de igualdad se integren de manera general dentro de sus programas y actividades, y se reflejen en los diferentes medios de acción (actividad normativa, investigaciones, reuniones, difusión de información y cooperación técnica).

Esta estrategia se basa en el reconocimiento de que la participación de las mujeres en condiciones de igualdad es esencial para el logro de todos los objetivos importantes en materia de desarrollo, a saber, el desarrollo duradero, la erradicación de la pobreza, los derechos humanos y la democracia. La OIT y sus mandantes son plenamente conscientes de que todavía queda mucho por hacer para asegurar que la preocupación por las cuestiones de género se refleje efectivamente en el trabajo diario. Por consiguiente, actualmente se está llevando a cabo un programa de formación sobre cuestiones de género para el personal y los mandantes de la OIT. El objetivo del programa es reforzar la capacidad de la OIT y de sus Estados Miembros de fomentar eficazmente la igualdad para las mujeres en el trabajo.

Se ha elaborado la siguiente documentación para el programa de formación sobre cuestiones de género:

-- El Manual didáctico sobre cuestiones de género en el mundo del trabajo que se basa en sesiones de formación sobre asuntos tales como el género y el desarrollo y, el análisis y la planificación de las cuestiones de género en el mundo del trabajo, para su utilización durante los cursos prácticos de formación destinados al personal y a los mandantes de la OIT impartidos en la sede de esta Organización y fuera de la misma. Este Manual didáctico se compone de ejercicios, folletos, notas para los instructores, estudios de casos, etc.

-- El Paquete informativo sobre cuestiones de género en el mundo del trabajo que sirve como:

La oficina de la Consejera Especial para los Asuntos de las Trabajadoras ha decidido imprimir la siguiente selección de notas informativas para presentar al público el material de capacitación e información elaborado sobre las cuestiones de género en el mundo del trabajo:

-- Cuestiones de género en el alivio de la pobreza y la promoción del empleo;

-- Cuestiones de género en la legislación del trabajo, las relaciones laborales y la remuneración;

-- Cuestiones de género y normas internacionales del trabajo;

-- Cuestiones de género en las condiciones de trabajo y los servicios de bienestar;

-- Cuestiones de género en la seguridad y salud en el trabajo;

-- Cuestiones de género en el desarrollo de las microempresas;

-- Cuestiones de género en la formación y el empleo de personas con discapacidades;

-- Cuestiones de género en la seguridad social;

-- Cuestiones de género en las políticas del mercado de trabajo.

La presente nota informativa sobre Cuestiones de género en el desarrollo de las microempresas ha sido preparada por Josiane Capt, coordinadora de las actividades relacionadas con las trabajadoras en el Servicio de Desarrollo y Gestión de Empresas de la OIT. Esta nota es el resultado de las actividades de investigación y cooperación técnica desarrolladas por la OIT desde hace por lo menos veinte años, especialmente en los países en desarrollo. Sin embargo, como consecuencia del proceso de mundialización, numerosos países en transición así como países desarrollados empiezan a interesarse por la problemática de la situación de las mujeres en las microempresas y en las pequeñas empresas. Esto se observó en varios foros internacionales, en particular durante el primer Foro empresarial organizado por la OIT en noviembre de 1996, o durante la Conferencia de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos sobre Las mujeres empresarias en pequeñas y medianas empresas que tuvo lugar en París en 1997.

La primera edición de esta nota informativa (en inglés) fue realizada con motivo de la cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer que tuvo lugar en Beijing, en 1995. Posteriormente, esta nota fue revisada para tener en cuenta ciertos acontecimientos como la puesta en marcha por la OIT del Programa internacional para incrementar la cantidad y la calidad de los empleos de las mujeres (1997) y del Programa Internacional para la Pequeña Empresa (ISEP) (junio de 1998).

Si desea obtener más información acerca del Programa de formación sobre cuestiones de género, de la OIT, o del Paquete informativo sobre cuestiones de género en el mundo del trabajo, sírvase dirigirse a:

Consejera Especial para los Asuntos de las Trabajadoras

Organización Internacional del Trabajo

4, route des Morillons

CH-1211 Ginebra 22 (Suiza)

Fax: +41 22 798.86.85

Correo electrónico: zhangy@ilo.org

En cuanto al Programa Internacional para la Pequeña Empresa, sírvase dirigirse a:

Programa Internacional para la Pequeña Empresa (ISEP)

4, route des Morillons

CH-1211 Ginebra 22 (Suiza)

Fax: +41 22 799.79.78

Correo electrónico: isep@ilo.org

Internet: http//www.ilo.org/entreprise

Cuestiones de género en el desarrollo

de las microempresas

Nota informativa

I. Introducción

1.1. Razón fundamental del interés de la OIT por desarrollar la capacidad empresarial de las mujeres

En muchos países, cualquiera que sea su nivel de desarrollo, el acceso al mercado del trabajo es sistemáticamente más difícil para las mujeres que para los hombres. Con frecuencia se deniegan a las mujeres las posibilidades de ejercer un empleo asalariado a causa de sus responsabilidades familiares, de su falta de calificaciones, de barreras sociales y culturales o por falta de puestos de trabajo. En este contexto, el ejercicio de una actividad independiente o la creación de una empresa -- por lo general una microempresa -- son con frecuencia los únicos medios de que disponen las mujeres para obtener unos ingresos que les permitan garantizar su subsistencia y la de sus hijos. Este hecho se confirma cada vez más a medida que el sector privado va adquiriendo una importancia mayor con respecto al sector público en lo que se refiere a la creación de empleo. Muchas mujeres han tomado conciencia de esta situación y han emprendido algún tipo de actividad económica.

Como resultado, en muchos países -- en especial en los países en desarrollo y en proceso de transición económica -- la mayor parte de los empresarios de las microempresas y del sector no estructurado son mujeres. No obstante, las políticas y programas de apoyo a las microempresas, cuando existen, todavía se siguen basando con frecuencia en la hipótesis implícita de que los empresarios son en su mayoría de sexo masculino.

La justificación del interés demostrado por la OIT por el desarrollo de la capacidad empresarial de las mujeres responde a dos motivos. En primer lugar, ese desarrollo contribuye a mitigar la pobreza y, en segundo lugar, a la emancipación económica y social de las mujeres. De manera más general, ahora se reconoce ampliamente que los principales motores del crecimiento económico y del empleo son las microempresas y las pequeñas empresas y que, por consiguiente, por razones de eficiencia económica, es importante garantizar que en todo proceso de desarrollo se tenga debidamente en cuenta el potencial que representan las empresarias.

La tasa de crecimiento sin precedentes del comercio internacional y la aceleración del progreso económico, comúnmente designados con el término de «mundialización», ofrecen nuevas oportunidades económicas, pero también constituyen un enorme desafío para las microempresas y las pequeñas empresas dirigidas por mujeres, así como para todos los que se interesan por las cuestiones de igualdad de oportunidades.

1.2.Definiciones

Las micro y pequeñas empresas (MPE)

Si bien no existe una definición universal de las MPE, se ha conseguido cierto acuerdo en cuanto a sus características generales en los países en desarrollo: alcance de operaciones muy reducido, bajo nivel tecnológico, escaso acceso al crédito y falta de capacidad gerencial. La descripción adicional de estas empresas está relacionada con su nivel considerablemente bajo de productividad y de ingresos, así como con su fuerte tendencia a operar en el sector no estructurado en el que tienen pocos vínculos con la economía moderna y no cumplen con los requisitos gubernamentales en materia de registro.

Para definir a las MPE, existen varios criterios tales como el número de trabajadores, el volumen de producción o de ventas, el valor de los activos o la utilización de energía. En la práctica, el criterio del número de trabajadores es el más utilizado por su aparente simplicidad y porque la información acerca de los demás criterios es muy difícil de obtener. Así, a menudo se considera que las microempresas abarcan el empleo por cuenta propia y las unidades económicas que cuentan como máximo con 10 trabajadores (incluidos los aprendices y los trabajadores familiares, remunerados o no remunerados). En cuanto a las pequeñas empresas, el número de trabajadores oscila entre 10 y 50. Estas «definiciones» tienen que adaptarse a las condiciones específicas imperantes en los diferentes países.

El empresario

Con frecuencia se señala que el ser humano debería constituir el centro de toda actividad económica. Dada la dimensión humana de la empresa, es muy importante evocar el papel del empresario. Según el informe de la OIT sobre las Condiciones generales para fomentar la creación de empleos en la pequeña y mediana empresa preparado con motivo de la reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo celebrada en 1997, se puede definir a un empresario «como toda persona que hace una prospección de su entorno comercial, determina las posibilidades de mejorarlo, reúne los recursos necesarios para ello y procura aprovechar al máximo las oportunidades operacionales». Otra característica importante es la capacidad de asumir riesgos.

Los empresarios se asimilan por lo general con los propietarios y directores de empresas registradas. Dado que muchas mujeres son trabajadoras independientes, rara vez se les reconoce la condición de empresarias y ni siquiera ellas mismas se consideran como tales. Esta falta de visibilidad y de reconocimiento puede tener como resultado que la mayor parte del tiempo no sean tomadas en consideración por las instituciones y en los programas que se interesan por el desarrollo de las empresas.

II. Cuestiones de género fundamentales en el desarrollo

de la capacidad empresarial de las mujeres

2.1.Obstáculos

Las mujeres deben hacer frente a diversos obstáculos en casi todas las fases de sus actividades empresariales (puesta en marcha, funcionamiento, diversificación y crecimiento). Si bien los empresarios de sexo masculino también experimentan algunos de esos obstáculos, las mujeres se ven enfrentadas a restricciones adicionales «específicas de su género». Esas restricciones y barreras pueden resumirse en la forma siguiente:

-- barreras conductuales, por ejemplo la poca confianza que las mujeres tienen en sí mismas y su autoimagen negativa;

-- barreras relacionadas con su función, por ejemplo la exigencia de funciones difíciles de conciliar entre sí y las limitaciones de tiempo;

-- barreras sociales y culturales, por ejemplo, las actitudes negativas hacia las mujeres en los negocios, el supuesto de que las mujeres deben cumplir otras funciones, las restricciones en cuanto a la elección del sector, la falta de apoyo de la familia, la escasa movilidad, etc.;

-- barreras educativas, por ejemplo los niveles educativos relativamente inferiores de las mujeres, sumados a una educación distorsionada y a un acceso por lo general limitado a las oportunidades de formación profesional;

-- barreras ocupacionales, por ejemplo las menores oportunidades que se ofrecen a las mujeres en el sector estructurado de la economía en cuanto al desarrollo de sus capacidades;

-- barreras infraestructurales, por ejemplo en materia de acceso al crédito, la tecnología, los servicios de apoyo, la tierra y la información;

-- barreras jurídicas, por ejemplo las restricciones a que se ven sometidas las mujeres en materia de acción judicial independiente.

Se puede suponer que la mayoría de estas limitaciones son de origen sociocultural y, como tales, exigen la introducción de profundos cambios en las actitudes arraigadas en el entorno sociocultural, lo que constituye un proceso a largo plazo.

2.2. Características de las microempresas dirigidas por mujeres

Las mujeres que, pese a todas las limitaciones mencionadas, logran establecer su propia empresa a menudo crean microempresas en vez de pequeñas, medianas o grandes empresas. Por consiguiente, un número desproporcionado de empresarias se concentran en las microempresas.

Debido a la variedad de los obstáculos y a los niveles socioeconómicos diferentes, las empresarias no constituyen un grupo homogéneo. Sus motivaciones, intereses y capacidades potenciales pueden ser diferentes. Un número cada vez mayor de mujeres han tenido acceso a la formación y desean utilizar sus competencias y su experiencia no sólo como asalariadas -- en donde sus posibilidades de ascenso profesional siguen a menudo siendo reducidas y en donde tropiezan con grandes dificultades para conciliar sus múltiples funciones -- sino también como trabajadoras por cuenta propia y como empresarias. Un número mucho mayor de mujeres emprenden actividades empresariales, aun sin disponer de una formación adecuada, y ello por pura necesidad.

Dejando aparte sus diferencias, las microempresas dirigidas por mujeres generalmente presentan ciertas características comunes:

-- Se establecen con las capacidades de que se dispone (se desarrollan en torno a la esfera doméstica) y con un capital exiguo.

-- La mayoría de ellas no están registradas y operan en el sector no estructurado de la economía.

-- En muchos casos, realizan la producción en el hogar, por lo general en los mismos recintos en que se ejecutan otras actividades domésticas. En ocasiones, las mujeres se instalan en el mercado mientras fabrican sus productos (por ejemplo, artículos de cestería), venden, cocinan y cuidan de sus hijos.

-- Dependen en gran medida de los trabajadores de la propia familia (remunerados o no remunerados).

-- Suelen concentrarse en los sectores menos rentables. La producción abarca por lo general una gama bastante reducida de bienes de consumo (prendas de vestir, productos tejidos y alimentos procesados) y artesanías. En la mayoría de los casos, estos sectores están relacionados con las tareas tradicionalmente efectuadas por mujeres.

-- Dado que en la mayoría de los casos la actividad económica se lleva a cabo sin abandonar los quehaceres domésticos y, en las zonas rurales, compaginándola con las tareas agrícolas, las mujeres no pueden dedicarle una atención continua. No se aprecia una división nítida entre el hogar y el negocio, ya sea en lo que se refiere a la asignación de tiempo o a los flujos financieros (la reinversión a menudo está sujeta a la previa satisfacción de las necesidades básicas de la familia). La carga de trabajo total es considerable.

-- La propietaria/administradora ejecuta ella misma todas las funciones. Las funciones de comercialización y de gestión son rudimentarias y están poco diferenciadas.

-- La producción se comercializa localmente (como ocurre con frecuencia con los bienes de consumo locales) o está destinada a los mercados del turismo y la exportación (como sucede por lo general con los artículos de artesanía).

-- Dependiendo del entorno sociocultural y de los servicios de transporte, las mujeres pueden comercializar directamente su producción o recurrir a intermediarios: miembros varones de la unidad familiar o comerciantes (incluso prestamistas).

-- Según cual sea el entorno sociocultural y jurídico, las mujeres pueden controlar o no completamente los ingresos provenientes de sus actividades económicas. En muchos casos, los miembros varones de la unidad familiar ejercen su control sobre esos ingresos. Por regla general, las mujeres pierden cierto control cuando no pueden comercializar su propia producción. Ahora bien, las mujeres que realizan actividades comerciales es más probable que controlen los ingresos resultantes de sus negocios.

Se debe poner de relieve que las empresas dirigidas por mujeres no pueden ser consideradas aisladamente del entorno económico y sociocultural en que se desenvuelven. Este entorno puede ser propicio o no para el fomento del empresariado femenino. Los valores sociales, tales como la subestimación de la función económica de las mujeres, la existencia de estereotipos en cuanto a las funciones propias de cada sexo, el acceso limitado de las mujeres a ciertos tipos de formación profesional, las políticas o la legislación son factores que influyen en cierta medida en las condiciones de creación, supervivencia y desarrollo de las empresas dirigidas por mujeres o que pueden incluso excluir a éstas de importantes segmentos del sector de las

microempresas y de las pequeñas empresas (por ejemplo, las empresas con un alto potencial de crecimiento).

III. Intervenciones destinadas a ayudara las empresarias

3.1.Tipos de intervención

En reconocimiento del potencial de las MPE como fuentes de empleo, se han puesto en marcha muchos programas encaminados a fomentar la capacidad empresarial en general y la de las mujeres en particular. Esos programas pueden contener los elementos siguientes:

-- formación profesional para impartir conocimientos a los empresarios potenciales o para aumentar la capacidad de los empresarios actuales (para mejorar la productividad y la calidad de la producción);

-- formación gerencial;

-- concesión de créditos (con fines de inversión o como capital de explotación);

-- asistencia en materia de comercialización;

-- otros servicios de apoyo (por ejemplo, información, tecnología, viveros de empresas, relaciones entre empresas e intersectoriales, subcontratación y servicios de asesoría);

-- gestiones tendientes a facilitar la participación de las mujeres en las actividades económicas por medio de la organización y el financiamiento de diversas actividades de apoyo (por ejemplo, guarderías, suministro de material y equipo para facilitar las tareas domésticas, alfabetización y nociones de cálculo aritmético elementales, discusiones de grupo para aumentar la toma de conciencia social sobre la función de la mujer);

-- acciones para facilitar la creación de agrupaciones de mujeres.

Entre esas diferentes formas de intervención, las más corrientemente utilizadas son la formación y el crédito.

3.2. Suministradores de servicios de apoyo a las microempresas y a las pequeñas empresas

Un número cada vez mayor de organizaciones (públicas, semipúblicas o privadas) se interesan por promover el acceso de las mujeres a actividades económicas, ya sea por medio de actividades generadoras de ingresos o del fomento de la capacidad empresarial. Estos servicios de apoyo se prestan por organizaciones intermediarias, tales como:

organizaciones gubernamentales y organizaciones semipúblicas: agencias de desarrollo industrial, oficinas de desarrollo artesanal, agencias de comercialización, centros de formación en materia de gestión, instituciones financieras que proporcionan créditos a las pequeñas empresas, institutos técnicos, etc.;

organizaciones no gubernamentales (ONG): locales, nacionales o internacionales;

asociaciones profesionales (cámaras de comercio, asociaciones sectoriales, asociaciones de comerciantes o de exportadores, etc.). Existe cada vez más la tendencia a que las empresarias establezcan sus propias asociaciones y proporcionen asesoramiento a otras empresarias recientemente establecidas;

organizaciones de empleadores y de trabajadores.

Además, algunas empresas del sector privado pueden también proporcionar bienes y servicios remunerados -- acompañados algunas veces de asesoramiento -- a las microempresas y las pequeñas empresas. Se trata, en particular, de abastecedores de bienes de equipo y de piezas de repuesto; de suministradores de materias primas y de insumos intermedios, de empresas que ofrecen servicios de mantenimiento y de reparación; de empresas de transporte; de exportadores; de bancos privados y prestamistas, y de empresas consultoras. Con frecuencia son medianas o grandes empresas que, sobre todo, tienen como objetivo una clientela de grandes empresas tanto públicas como privadas.

3.3.Planteamientos

Dependiendo de la naturaleza y de los objetivos de las organizaciones intermediarias, los planteamientos adoptados para proporcionar servicios de apoyo a las microempresas pueden ser muy diferentes:

• planteamiento «orientado hacia el bienestar social» (es decir, centrados principalmente en acciones a corto plazo para aliviar ciertos aspectos de la pobreza) o «económico» (centrado en el desarrollo empresarial);

• planteamiento minimalista (sólo crédito o sólo formación) en oposición a un planteamiento a modo de paquete (combinación de varios componentes);

• planteamiento de cobertura sectorial o multisectorial;

• planteamiento orientado hacia las empresas de todos los tamaños o específicamente hacia las microempresas y las pequeñas empresas;

• planteamiento orientado hacia las empresas existentes o hacia los empresarios potenciales;

• planteamiento a nivel nacional o local;

• planteamiento neutro con respecto al género o específico para las mujeres, y

• por último, y esto ocurre con frecuencia en lo que se refiere a las actividades remunerativas para las mujeres, planteamiento orientado hacia grupos más que hacia empresarios individuales.

3.4.Criterios sobre desempeño

Los criterios más utilizados para evaluar el resultado de las intervenciones de apoyo son los siguientes:

-- el impacto: es decir, el número de personas -- o de empresas -- que se ven afectadas por una intervención dada y, más específicamente, el número de mujeres o el porcentaje de éstas que se ven afectadas;

-- la eficiencia: se trata de evaluar cuál es el costo de una determinada intervención. La medición de la eficiencia de un mecanismo de apoyo específico o de una institución dada no resulta fácil. Hay costos directos e indirectos. Se pueden utilizar varios indicadores tales como, por ejemplo, la cifra invertida por empresa asistida o incluso el promedio de empresas asistidas por persona empleada en la institución;

-- la eficacia: evaluar la eficacia de una intervención de apoyo equivale a determinar si la intervención de que se trata alcanza debidamente los objetivos que fueron fijados en el momento de la planificación y si se consiguen los efectos deseados. En lo que se refiere a la ayuda a las empresarias, se trata de saber si los mecanismos de asistencia permiten mejorar considerablemente la capacidad de las mujeres de conseguir unos ingresos, así como su carga total de trabajo y sus condiciones de vida, y si les protegen de una explotación abusiva por parte de intermediarios tales como los prestamistas, los contratistas (en el caso de la subcontratación), o los miembros de su propia familia;

-- la sostenibilidad: la sostenibilidad debería conseguirse en dos niveles: las organizaciones intermediarias deberían tener como objetivo asegurar el carácter duradero de las empresas a las que proporcionan servicios de apoyo; deberían también esforzarse por asegurar su propia sostenibilidad como organizaciones, en particular generando sus propios recursos.

Se pueden atribuir diferentes niveles de prioridad a estos criterios, según cuales sean los objetivos de las intervenciones. En cualquier caso, es bastante difícil satisfacer todos los criterios simultáneamente.

3.5.Problemas relacionados con los diferentes enfoques

El objetivo propiamente dicho de las intervenciones destinadas a alentar a las mujeres a establecer una empresa se pone a veces en tela de juicio. La actividad empresarial no es necesariamente la panacea para las mujeres. Se ha argumentado que, debido a las múltiples funciones que deben desempeñar, su carga de trabajo puede llegar a ser insoportable, mientras que sus ingresos no aumentan de manera considerable. Los aspectos cualitativos también se ponen en entredicho, así como la falta de protección de los microempresarios en materia de seguridad social.

• Las intervenciones destinadas a mejorar el funcionamiento de las empresas existentes son por lo general más eficientes que las destinadas a crear nuevas empresas. Ahora bien, esto no debería servir de pretexto para excluir a los empresarios potenciales, especialmente si se tiene en cuenta la dimensión «creación de empleo».

• Los servicios de apoyo destinados al conjunto de las empresas, cualquiera que sea su dimensión, tienden a pasar por alto a las microempresas y a las pequeñas empresas, en particular a las microempresas dirigidas por mujeres. Como ya se ha mencionado, no se toma debidamente en cuenta a las mujeres en lo que se refiere a su capacidad como empresarias. Cuando ocasionalmente se las toma en consideración, no se comprenden de manera adecuada sus necesidades específicas. La visibilidad de sus empresas es a menudo imperceptible dado que muchas empresarias actúan desde su domicilio. Esto se ve agravado por el hecho de que las propias empresarias no contemplan la posibilidad de solicitar la ayuda de las organizaciones intermediarias que se ocupan del desarrollo de la capacidad empresarial. En estas circunstancias, resulta a veces necesario desarrollar programas especiales para las mujeres con el fin de que éstas puedan beneficiarse de los mismos. Ahora bien, algunas organizaciones intermediarias destinadas exclusivamente a las mujeres no siempre poseen la capacidad profesional necesaria en materia de desarrollo empresarial. En algunos casos, su intervención puede incluso contribuir a excluir a las mujeres del mundo empresarial.

• Los programas destinados a las mujeres a menudo operan de manera diferente a los programas supuestamente mixtos. De hecho, muchos programas destinados a las mujeres se basan en un enfoque más bien social que prevé la generación de ingresos y tienden a pasar por alto las necesidades del mercado. Las instituciones que se ocupan de esos programas con frecuencia subvencionan las actividades de producción de las unidades económicas que establecen, en vez de preparar a las mujeres a emprender actividades realmente rentables. En lugar de promover el espíritu empresarial, tales instituciones desempeñan ellas mismas todas las funciones de gestión de las unidades de producción, lo cual no hace sino reforzar la situación de dependencia de las mujeres.

• Para lograr una mayor eficacia, algunas organizaciones intermediarias suelen dar prioridad a las mujeres que poseen formación, las cuales operan más bien en el sector estructurado de la economía, en detrimento de las mujeres más desfavorecidas del sector no estructurado.

• Se sabe perfectamente que las organizaciones intermediarias especializadas en un solo tipo de apoyo son más eficientes (cuando se concentran en las actividades de su competencia más específica) que las organizaciones que actúan en múltiples sectores de actividad. Ahora bien, las intervenciones de tipo minimalista pueden resultar insuficientes en un medio en el que se carece de cultura empresarial. Además, las instituciones que proporcionan servicios a las microempresas o a las pequeñas empresas con frecuencia no actúan de forma coordinada.

• Las organizaciones intermediarias no disponen siempre de las competencias necesarias para proporcionar asistencia a las microempresas. A veces experimentan no sólo problemas técnicos, sino también a nivel de su propia gestión administrativa y financiera. De hecho, muchas organizaciones intermediarias dependen de fuentes de financiación externas y no siempre consiguen asegurar su propia sostenibilidad.

• Diversos estudios han demostrado que, pese a la multiplicidad de organismos que ofrecen diversos servicios destinados a promover la capacidad empresarial de las mujeres, la gran mayoría de las microempresarias no se benefician de sus acciones.

IV. Un entorno empresarial favorable

Las intervenciones destinadas a apoyar a las micro y las pequeñas empresas no obtienen grandes resultados si no toman en consideración el entorno empresarial. Las empresas actúan en un entorno dado que se ve influenciado por el nivel de desarrollo económico y social, los recursos humanos y de otra índole, las políticas, la reglamentación, etc., así como por la cultura local. Cuando el entorno es apropiado para el desarrollo de las empresas, se califica de entorno empresarial favorable.

Las empresas no constituyen un conjunto homogéneo. Difieren en cuanto a su dimensión, sector, tipo de propiedad, etc. Por consiguiente, es necesario conocer adecuadamente las características de las empresas y de los empresarios, así como los obstáculos a que estos últimos deben hacer frente cuando establecen, consolidan y desarrollan sus empresas, a fin de determinar lo que podría constituir un entorno empresarial favorable. Cabría considerar los componentes siguientes:

las políticas: las políticas generales de desarrollo, las políticas regionales, las políticas sectoriales y de desarrollo industrial, las políticas comerciales, las políticas fiscales y monetarias, las políticas relativas a la educación, las políticas de empleo, en especial las referentes a los salarios, las condiciones de trabajo y la protección social de los trabajadores, las políticas en materia de tecnología, etc. Algunos países han adoptado políticas específicas para el desarrollo de las micro y las pequeñas empresas. Además, las políticas destinadas a la promoción de la igualdad de oportunidades y de trato para las mujeres son particularmente pertinentes para favorecer la actividad empresarial de éstas. También es de suma importancia la coherencia de la estructura normativa respecto al desarrollo de las micro y las pequeñas empresas dirigidas por mujeres;

la legislación, los reglamentos y los procedimientos administrativos: esto incluye el registro de las empresas y los permisos de establecimiento, la tributación, la legislación laboral y en materia de empleo, los derechos de propiedad, la ejecución de los contratos, el código de inversiones, el control de los precios, el acceso a las divisas, el acceso a las licitaciones públicas, la legislación social y laboral, etc.; la transparencia de esta reglamentación y la manera en que se aplica a las micro y las pequeñas empresas son de decisiva importancia, al igual que la estabilidad del entorno jurídico y reglamentario;

las instituciones: la existencia de organizaciones intermediarias eficientes y eficaces que proporcionan servicios de desarrollo empresarial pertinentes, tanto financieros como de otra índole;

la infraestructura: los sistemas de transporte y de comunicación, el acceso a las redes de distribución de agua, electricidad, teléfono, correo electrónico, etc.;

los aspectos culturales: existencia o no de una cultura empresarial que favorezca las iniciativas y permita tomar riesgos, y que haga posible para los empresarios desempeñar un papel en la sociedad. En cuanto a las mujeres, aunque se observen ciertas características comunes, hay grandes diferencias, desde el punto de vista cultural, en lo que concierne a la situación en que se encuentran en las distintas partes del mundo. En ciertas culturas, se admite que las mujeres puedan ejercer una actividad económica fuera del hogar, mientras que en otras el desempeño de tal actividad se considera muy negativamente. La preocupación por los aspectos culturales en los programas de desarrollo nos remite a los problemas que se han mencionado más arriba, dado que éstos son con mucha frecuencia de carácter sociocultural.

En muchos países, se han formulado políticas que tienen como fin favorecer el desarrollo del sector privado. Lamentablemente, en muchos casos esto ha favorecido a las grandes empresas, de gran coeficiente de capital, en donde los propietarios o directores son por lo general hombres, a veces en detrimento de las micro y las pequeñas empresas las cuales utilizan un mayor coeficiente de mano de obra y en las que el número de mujeres propietarias o directoras es por lo general más elevado.

V. Guía/recomendaciones prácticas sobre la manerade integrar la perspectiva de género en el desarrollode las microempresas y las pequeñas empresas

En general, la cuestión de la capacidad empresarial de las mujeres no debería tratarse como un caso «especial». Ahora bien, en la mayoría de los países/sectores es necesario elaborar políticas y programas específicos porque la posición social de las mujeres difiere de la de los hombres. Ya que la cuestión central radica en facilitar la integración de las microempresarias en el desarrollo, la superación de los obstáculos a que éstas se enfrentan hace necesario poner en práctica políticas y programas relacionados con el desarrollo de las microempresas, así como adoptar medidas más amplias con miras a:

-- mejorar el acceso de las niñas a la educación y la formación sobre competencias técnicas modernas, así como sobre funciones directivas;

-- impartir formación a las mujeres para que adquieran confianza en su propio potencial y, de manera más general, aumentar el reconocimiento por el público de la función económica de las mujeres (por ejemplo, por medio de la difusión de información sobre los medios de comunicación múltiples, de campañas de toma de conciencia o de la educación);

-- difundir los casos de empresarias que han triunfado y que podrían servir de modelo a otras mujeres;

-- mejorar el acceso de las mujeres a los recursos productivos y el control sobre esos recursos, y

-- mejorar el acceso de las mujeres a las nuevas tecnologías de la información.

Los programas directamente vinculados con el fomento del empresariado femenino deberían centrarse en los aspectos siguientes:

-- prestar la debida atención a las características del grupo elegido como objetivo (las empresarias son un grupo heterogéneo) y a las barreras y limitaciones existentes al concebir servicios dirigidos a las empresarias o a las empresarias potenciales;

-- definir oportunidades comerciales viables y concebir servicios de apoyo basados en las mismas dotados de suficiente flexibilidad para poder tomar en consideración nuevos sectores, en función de los cambios en la demanda del mercado;

-- proporcionar formación accesible, útil y eficaz;

-- establecer programas de microfinanciación viables, basados en la movilización del ahorro, y procedimientos simplificados;

-- facilitar los procedimientos administrativos exigidos para constituir y explotar empresas;

-- identificar y reforzar las instituciones apropiadas para proporcionar a las empresarias servicios financieros y no financieros. Esas instituciones podrían ser organizaciones gubernamentales o no gubernamentales, asociaciones de empresarios(as), cámaras de comercio, empresas comerciales, centros de servicios comunes, etc., o incluso firmas comerciales, en función de sus ventajas comparativas. Para ser útiles y eficaces, deberían estar descentralizadas (dado que por lo general las mujeres tienen una movilidad reducida), ocuparse de temas especializados (más que tratar de abarcar toda la serie de servicios posibles) y estar impulsadas por la demanda;

-- establecer redes y asegurar una coordinación apropiada entre todos los departamentos e instituciones gubernamentales y no gubernamentales pertinentes en la esfera de la promoción y desarrollo empresariales (crédito, capacitación técnica y gerencial, elección de tecnología, adquisición de insumos, información, asesoría jurídica, comercialización, gestión, etc.);

-- impartir formación a funcionarios (en su mayor parte de sexo masculino) en muchos departamentos del sector público y en los bancos y otras instituciones crediticias para reconocer el potencial económico de las empresarias;

-- consolidar la recopilación de datos sobre los múltiples aspectos de la participación de las mujeres en las MPE -- la naturaleza y extensión de la participación de las mujeres como propietarias y gerentes de MPE, sus motivaciones, trabas, puntos fuertes y estrategias individuales; la distribución del tiempo, la estratificación de las empresarias, los nexos entre las diversas categorías de empresas dirigidas por mujeres y el resto del sector privado, la eficacia y eficiencia de los mecanismos de asistencia y apoyo disponibles, las posibilidades de pasar de la categoría de las microempresas a la de las pequeñas empresas, etc. Todo esto podría llevarse a cabo mediante encuestas de hogares o encuestas especiales;

-- difundir ampliamente información acerca de las oportunidades de negocios y los servicios de apoyo disponibles; las redes mencionadas pueden aportar una contribución importante a este respecto;

-- lograr que los hombres acepten los programas dirigidos a las empresarias.

Todos los componentes mencionados son importantes, incluso si su grado de prioridad puede variar en función de las condiciones locales. Se utiliza el término de enfoque holístico o integrado para calificar la combinación de esos componentes, es decir, el marco normativo y reglamentario para crear un entorno empresarial favorable y los programas pertinentes para el suministro de servicios empresariales de apoyo, ya sean financieros o de otra índole.

Dado que estas diferentes intervenciones se suelen llevar a cabo por las instituciones locales, es preciso reforzar su capacidad de proporcionar servicios de apoyo a las microempresarias. De hecho, los servicios de apoyo eficaces sólo pueden proporcionarse por profesionales que posean la debida formación y motivación.

Dado que no es razonable pedir a una sola institución que suministre todos los servicios necesarios, sería preciso disponer de una red de organismos. Tal red podría operar por intermedio de una comisión interorganizaciones encargada de examinar los temas de interés común, tales como el crédito, la formación, etc. Podría desempeñar un papel consultivo, proponer mejoras del marco normativo y actuar como factor de cambio en la sociedad en general. Podría estimular las iniciativas locales y contribuir a movilizar recursos locales y externos para proyectos de interés común. A este respecto, sería tal vez conveniente apoyar la creación o fortalecimiento de asociaciones de empresarias a fin de que pudieran intervenir eficazmente en tal red.

VI. La experiencia de la OIT

La OIT tiene una amplia experiencia internacional en materia de promoción del desarrollo de las micro y las pequeñas empresas, especialmente en el mundo en desarrollo. Esta Organización se esfuerza por promover el principio de igualdad entre hombres y mujeres en sus programas y proyectos relativos al desarrollo de la actividad empresarial. Las actividades de la OIT en esta esfera abarcan la investigación, la cooperación técnica y los servicios consultivos. Estos medios de acción se conciben de manera que se puedan reforzar mutuamente. Así, se pueden emprender investigaciones para adquirir un mejor conocimiento de las condiciones en que operan las microempresarias, con objeto de responder mejor a sus necesidades por medio del perfeccionamiento de los mecanismos de asistencia y de la elaboración de políticas dirigidas a crear un entorno favorable, al igual que para sugerir intervenciones o cambios en el ámbito institucional que puedan mitigar las restricciones a que se ven confrontadas las mujeres y mejorar sus oportunidades. Los resultados de las investigaciones se difunden en publicaciones y seminarios.

La OIT ha participado ampliamente en el desarrollo y ejecución de programas destinados a promover la capacidad empresarial de las mujeres. En la medida de lo posible, las actividades de cooperación técnica de la OIT en esta esfera utilizan un enfoque holístico. Esto significa que se presta asistencia de manera simultánea desde varios frentes (capacitación, mejora de la productividad, aumento de la capacidad de gestión y mejora del acceso de las empresas a los recursos productivos, fortalecimiento institucional, asesoramiento en materia de políticas, etc.). Con el fin de conseguir beneficios a largo plazo y de garantizar su durabilidad, en los proyectos se combina la asistencia directa prestada a las beneficiarias con el respaldo institucional. El desarrollo o fortalecimiento de instituciones se refiere a todas aquellas que suministran el tipo de servicios que requieren las empresarias, no sólo las instituciones gubernamentales, sino también los organismos privados o semiprivados, las ONG, los centros de servicios comunes, las asociaciones de empresarios, las organizaciones de empleadores y trabajadores, etc.

Los servicios consultivos proporcionados por la OIT versan principalmente sobre la formulación de políticas y reglamentos y la elaboración de programas de asistencia que favorezcan la creación y crecimiento de las empresas. Estas políticas tienen un amplio alcance y pueden tratar de asuntos relacionados con el desarrollo de las microempresas o con cuestiones de género, o con ambos temas. También se trata de garantizar que las políticas y los reglamentos apunten a promover la integración de las empresas del sector no estructurado en el cauce económico convencional por medio del perfeccionamiento progresivo de sus normas y prácticas.

La OIT emprendió dos importantes programas internacionales relacionados con el fomento del empresariado femenino:

• El Programa Internacional para la Pequeña Empresa (ISEP), que se emprendió en 1998 por el Departamento de Desarrollo de Empresas y Cooperativas de la OIT. El objetivo del ISEP es liberar el potencial de creación de empleo de las pequeñas empresas, incluidas las microempresas. El ISEP es un programa general, integrado, de gran alcance y eficaz en relación con el coste, diseñado específicamente para ayudar a las pequeñas empresas a aprovechar su capacidad de creación de empleo. Los beneficiarios finales de este programa son los millones de pequeñas empresas existentes y futuras que apenas pueden sobrevivir. De éstas, el ISEP presta una especial atención a las micro y pequeñas empresas dirigidas por mujeres. El ISEP opera mediante la cooperación con socios locales que participan en el desarrollo de las pequeñas empresas: gobiernos, organizaciones de empleadores y de trabajadores, cámaras de comercio y asociaciones de pequeñas empresas. El ISEP se beneficia de la amplia estructura sobre el terreno de la OIT, en concreto de sus 15 equipos multidisciplinarios y de su centro de formación internacional en Turín.

• El programa internacional «para incrementar la cantidad y la calidad de los empleos de las mujeres». Este programa no se centra sólo en las empresarias, sino en el conjunto de las trabajadoras. Ahora bien, las empresarias constituirán un componente importante de este programa.

Ambos programas utilizan el enfoque holístico mencionado más arriba, es decir, una combinación de la asistencia técnica y del asesoramiento en materia de políticas.

También se utiliza este mismo enfoque en el programa denominado Inicie y Mejore su Negocio (SIYB). Se trata de un paquete didáctico destinado a la gestión de las micro y las pequeñas empresas. Este material de formación tiene una estructura modular que le da la flexibilidad necesaria para adaptarse a las necesidades del grupo beneficiario. Insiste en el aprendizaje práctico y está concebido con el fin de facilitar el proceso de aprendizaje. Se aplicó primeramente en Africa oriental y meridional y ahora se está extendiendo a otras regiones. Es digno de mencionar que, en algunos países, más de la mitad de los participantes de este programa son mujeres.

Otro elemento que muestra claramente el interés que sienten los mandantes de la OIT por esta cuestión es la adopción, en junio de 1998, por la Conferencia General de la Organización Internacional del Trabajo de la Recomendación sobre la creación de empleos en las pequeñas y medianas empresas, 1998 (núm. 189). Esta Recomendación representa un instrumento de gran utilidad para proporcionar orientación a los Estados Miembros en lo que se refiere a la elaboración y aplicación de políticas relativas a la creación de empleos en las pequeñas y medianas empresas, así como en las microempresas.

En resumen, la OIT participa activamente en el desarrollo de la capacidad empresarial y las microempresarias constituyen un grupo beneficiario importante. Los grandes programas mencionados precedentemente, a saber, el «Programa Internacional para la Pequeña Empresa», el «Programa Inicie y Mejore su Negocio» y el «Programa internacional para incrementar la cantidad y la calidad de los empleos de las mujeres» contienen varios esquemas conceptuales posibles para que la OIT pueda desarrollar actividades de fomento del empresariado femenino. Además, como organización internacional que dispone de oficinas exteriores en todas las regiones del mundo, la OIT está en condiciones de servir de centro de coordinación para el intercambio de experiencia entre países y regiones con características diversas. De hecho, el intercambio de experiencias relativas a prácticas óptimas y el desarrollo de redes constituyen una forma apropiada de comprender mejor las dificultades a que deben hacer frente las empresarias.

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Puesto al día por GT. Aprobaba por HH. Ultima actualización: 21 de enero de 1999.