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RESUMEN ANALÍTICO
Durante el período que abarca el presente informe (1997-2000) no se ha reducido la
violencia contra las mujeres y las niñas. Las mujeres y las niñas fueron objeto de una brutalidad
inimaginable en diversos conflictos que abarcaron desde el Afganistán a Chechenia y desde
Sierra Leona a Timor Oriental. El informe muestra cómo desde 1997 las mujeres y las niñas han
sido violadas por las fuerzas gubernamentales y otros actores no estatales, por la policía
responsable de su protección, por los guardianes de los campamentos de refugiados y de las
fronteras, por los vecinos, por los políticos locales y, algunas veces, por miembros de su familia
bajo amenazas de muerte. Se las ha lisiado o mutilado sexualmente y a menudo se las ha matado
o se las ha dejado morir. Las mujeres han sido objeto de humillantes registros después de ser
desnudadas, han sido obligadas a desfilar o bailar desnudas delante de los soldados o en público
y a realizar penosas tareas domésticas estando desnudas. Las mujeres y las niñas han sido
obligadas a "casarse" con soldados, término eufemístico empleado para designar lo que es
esencialmente una violación reiterada y una esclavitud sexual, y ellas y sus hijos han padecido
discapacidades como consecuencia de la exposición a las armas químicas.
La Relatora Especial presta especial atención en su informe a los riesgos específicos que
corren las niñas durante los conflictos armados y a las deficiencias concretas que existen en la
protección y asistencia a las mujeres que se hallan desplazadas en el interior del territorio.
Resalta asimismo la creciente alarma que le produce el hecho de que las mujeres de los
campamentos de refugiados y otros albergues creados para su protección sean objeto de trata, y
lo sean también para servir al personal de las Naciones Unidas encargado del mantenimiento de
la paz en los países adonde está asignado. Principalmente la Relatora Especial expresa su
preocupación por el creciente número de informes de violaciones y otros abusos sexuales
cometidos por las fuerzas de mantenimiento de la paz y el personal de las Naciones Unidas, y
por los soldados y el personal asociado a las bases militares en todo el mundo, y hace hincapié en
la responsabilidad particular que tiene la Organización de adoptar medidas apropiadas para evitar
ese abuso.
La Relatora Especial destaca también la violencia y discriminación permanentes que sufren
las mujeres en los procesos de rehabilitación y reconstrucción y señala que, pese a que las
mujeres constituyen la mayoría de los cabezas de familia en la mayor parte de las situaciones que
se producen después de los conflictos, sus familias y sus necesidades raras veces son tenidas
suficientemente en cuenta como un factor en los programas internacionales de donaciones y
reconstrucción ni en la distribución de la ayuda humanitaria. La Relatora Especial hace hincapié
en que se debe incluir a las mujeres en todos los niveles de las Naciones Unidas, inclusive en las
unidades de mantenimiento de la paz y de policía civil, y que aquellas que tienen una experiencia
particular en lo relativo al género deben formar parte de la administración superior de toda la
Organización, si se desea que las Naciones Unidas desarrollen políticas apropiadas y eficaces
para proteger y asistir a las mujeres y las niñas durante los conflictos armados y después de
éstos. Es más, las mujeres deben desempeñar una función más importante en el proceso de paz,
durante el cual se establece el marco para las futuras estructuras del gobierno y la
administración, por lo que debe realizarse un esfuerzo concertado para que las mujeres participen
en los esfuerzos de la sociedad para analizar el pasado.