"la sobreescolarización de la población, en especial de los jóvenes que ingresan al mercado de trabajo", sin
que aumenten los requisitos educacionales para desempeñar un mismo trabajo (Golbert y Tenti, 1993).
La
información respecto al nivel de escolaridad de los ocupados de ambos sexos según grupo
ocupacional muestra una considerable elevación en los últimos 10 años para todos los grupos, que debería
ser contrastada con los aumentos en productividad y en las remuneraciones. (Anexo 1, cuadro 7)
Si la demanda de trabajo requiere personas con mayor nivel educacional, la oferta de mujeres ha
sido la más conveniente: más educadas y peor remuneradas que los hombres de igual nivel de escolaridad.
Este aspecto se complementa con la relativa mantención de la segregación sexual del trabajo apoyada en un
crecimiento sectorial que la favorece.
6. Tendencias recientes del empleo en el contexto de la globalización
Diversas investigaciones dan cuenta de una serie de fenómenos relacionados con este tema, algunas
de ellas en relación con el empleo femenino. (Valenzuela, 1996; Abramo, 1996). El tema es tan amplio que
no se pretende tomar en cuenta dentro de las limitaciones de este documento. Sólo se desea señalar que se
perciben influencias en el empleo femenino desde la transformación productiva (apertura de oportunidades
en diversos tipos de servicios empresariales), desde los cambios tecnológicos y su impacto en la segregación
sexual del trabajo y desde los cambios organizacionales que flexibilizan las relaciones laborales y arriesgan
aumentar la desprotección: más trabajo temporal, más trabajo fuera del establecimiento, más
subcontrataciones, formas todas que tienen un componente femenino más alto que los trabajos formales y
protegidos.
Una
versión más acabada de proyecciones a futuro debe contemplar tales tendencias y señalar sus
efectos. Henríquez y Velásquez (1997), toman en cuenta el impacto del cambio tecnológico sobre las
posibilidades del empleo femenino en el año 2000 analizando los tipos de trabajos, sus características en
cada rama y preveen en cuáles de ellos habrá acceso sin barreras para el trabajo femenino. Para un corto
plazo como el 2000, esto es posible, pero no para los horizontes más lejanos, donde es imposible preveer
con esa precisión y donde se intenta aumentar los cambios culturales que permitan disminuir las barreras al
trabajo de la mujer.
Dicho trabajo analiza las nuevas tecnologías y concluye que, dadas sus características, "deberían
contribuir a reducir las barreras de inserción al mercado laboral por motivos de sexo, edad, experiencia y
localización geográfica". A partir de la evidencia del aumento de ingresos, de la educación, de la
participación laboral femenina y de los cambios demográficos proyecta un "incremento de las actividades
relacionadas con los servicios al hogar, los bienes y servicios que faciliten las tareas del hogar, la atención y
servicios a ancianos, el cuidado de los niños... el entretenimiento, la diversión, los bienes y servicios
culturales, los deportes y el turismo, la atención de salud, el transporte, el comercio, los servicios de
seguridad y la atención a problemas sociales como la drogadicción, el alcoholismo y la delincuencia.”
Afirman que las nuevas tecnologías tienen características que facilitan el trabajo femenino, como
las siguientes: "Una serie de trabajos complejos y pesados, impensables antiguamente para mujeres ... ahora
ya no lo son. ...Al haber una ruptura tecnológica el tema de la experiencia pasa a ser más relativo... Las
nuevas tecnologías posibilitan la descentralización de las operaciones, los trabajos pueden ser desarrollados
asincrónicamente, con mayor autonomía, requieren mayor polifuncionalidad en la calificación de las