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GENERO, POBREZA Y MERCADO DE TRABAJO PARA LAS MUJERES EN HONDURAS Janina Fernández
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GENERO, POBREZA Y MERCADO DE TRABAJO PARA LAS
MUJERES EN HONDURAS
Janina Fernández
febrero-2003
OFICINA INTERNACIONAL DEL TRABAJO
P r o y e c t o “ I n c o r p o r a c i ó n d e l a D i m e n s i ó n d e G é n e r o e n l a s P o l í t i c a s d e
E r r a d i c a c i ó n d e l a P o b r e z a y G e n e r a c i ó n d e E m p l e o e n A m é r i c a L a t i n a –
A r g e n t i n a , B o l i v i a , H o n d u r a s , N i c a r a g u a , P a r a g u a y y P e r ú ” R L A / 0 2 / 5 2 M / N E T

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2
Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva
de la autora y no reflejan necesariamente el punto de vista de la OIT

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3
INDICE DE CONTENIDO
Resumen Ejecutivo
6
Introducción
8
1. Metodología utilizada en el estudio
9
1.1. Marco teórico del análisis
10
1.2. Marco empírico del análisis
11
1.3. El análisis de la OIT sobre las inequidades de género en el mercado de trabajo
14
2. La contrib ución de la Oficina Internacional del Trabajo para América Central, Panamá y
República Dominicana al análisis de Las Interrelaciones entre empleo, mercados de
trabajo y pobreza, en Honduras.
15
3. La pobreza en Honduras: una mirada desde la perspectiva de género
19
3.1. Características generales de la pobreza en Honduras
20
3.2. El mapa de pobreza por Departamento y la pobreza de género
21
4. Dimensiones sociales relevantes para comprender la situación social de las mujeres
23
4.1. Fecundidad
23
4.2. Educación
24
4.3. Familia
27
4.4. Relación de dependencia y el trabajo no pago de las mujeres
29
4.5. El trabajo doméstico no pagado en los hogares
31
5. La incidencia de la distribución del ingreso global del país (PIB) sobre el empleo de
hombres y mujeres
31
5.1. Tendencias en la distribución del ingreso por sexo en Honduras
34
5.2. La sincronía entre nivel educativo y pobreza
36
5.3. Concentración y distribución del ingreso
37
5.4. Brechas de ingreso por género y por edad
38
5.5. Brechas en los ingresos promedio en los sectores no agrícolas
39
6. Las brechas de participación de la fuerza de trabajo
40
7. Las brechas de empleo en el sector formal y el sector informal de la economía
41
7.1. Las brechas en el sector informal
42
8. Las brechas por ocupación a nivel nacional, urbano y rural
47
8.1. Las características de las mujeres ocupadas
50
8.2. La brecha de ingresos por tipo de ocupación
52
8.3. Las brechas por horas semanales de trabajo
53
8.4. Las brechas en la estabilidad laboral
54
9. Las brechas de desempleo y subempleo
55
9.1. Las brechas por duración en el desempleo
57
9.2. Brechas de género en el trabajo a tiempo parcial
58
10. Síntesis de los principales hallazgos del Estudio
60
Bibliografía consultada
71
ANEXO 1 - Honduras: Estrategia para la Reducción de la Pobreza - Gobierno de Honduras
2001
75
ANEXO 2 - Trabajo decente para la mujer Una propuesta de la OIT para acelerar la puesta
en práctica de la Plataforma de Acción de Pekín Oficina para la Igualdad de
Género, Oficina Internacional del Trabajo Ginebra, Suiza
82

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4
INDICE DE CUADROS
Cuadro 1: Honduras Incidencia de la pobreza por áreas: Nacional, Urbana y Rural 1991-
2001
20
Cuadro 2: Honduras Clasificación de los departamentos por incidencia de la pobreza,
ordenados por rangos con base en los porcentajes a/1999
21
Cuadro 3: Honduras Indice de desarrollo relativo al género en el 2002 por departamento y
ordenado de mayor a menor
22
Cuardo 4: Honduras Tasa global de fecundidad por nivel de instrucción de la madre y área de
residencia
24
Cuadro 5: Honduras Promedio de años de estudio de la población económicamente activa de
15 años y más, por sexo y área de residencia
24
Cuadro 6: Honduras Población de 14 y 15 años de edad que completó 6 años de estudio por
condición de pobreza y área de residencia
24
Cuadro 7: Honduras Población urbana y rural de 15 a 24 años de edad, por sexo y años de
instrucción
26
Cuadro 8: Honduras Porcentaje de hogares encabezados por una mujer por tipo de hogar y
área de residencia 1999
27
Cuadro 9: Honduras Comparación de la magnitud de los hogares con jefatura femenina (de
jure) con los hogares donde la mujer es la aportante económica principal (de
facto) 1999
27
Cuadro 10: Honduras Porcentaje de hogares encabezados por mujeres, por estrato de
pobreza, área urbana. 1990-1999
28
Cuadro 11: Honduras Hogares en lo que la mujer es quien más aporta al ingreso familiar, por
tipo de hogar y área de residencia
28
Cuadro 12: Honduras Relación de dependencia total de la niñez y del adulto mayor; por
edad y área de residencia 1970-2000
30
Cuadro 13: Honduras Percepción de ingresos por jubilaciones y pensiones de la población de
adultos mayores, por sexo, grupos de edad y área de residencia en porcentajes
1997
30
Cuadro 14: Honduras Personas de 20 a 64 años dedicadas exclusivamente al trabajo
doméstico por cada 100 activos/as en las zonas urbanas
31
Cuadro 15: Honduras Indice del producto interno bruto por habitante en dólares
internacionales
32
Cuadro 16 :América Central Tasas de corto, mediano y largo plazo en el crecimiento del
empleo
32
Cuadro 17: Honduras Coeficientes de correlación entre el empleo y el PIB
33
Cuadro 18: Honduras Coeficie ntes de correlación entre las tasas de crecimiento del empleo y
del PIB
33
Cuadro 19: Honduras Brechas de Ingresos promedio de las mujeres con respecto a los
hombres a nivel nacional de la población que trabaja 40 horas o más por semana
por nivel educativo y años seleccionados
35
Cuadro 20: Honduras Tasa de ocupados trabajando 40 horas o más por semana, ganando
menos de lo necesario para cubrir la canasta básica alimentaria por nivel educativo
y sexo para el periodo 1991-1999
36
Cuadro 21: Honduras Nivel y distribución del ingreso de los hogares por participación en el
ingreso total
37

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5
Cuadro 22: Honduras Relación entre ingresos promedio mujer/hombre por hora, según
tramos de edad en los sectores no agrícolas 1990-1999
38
Cuadro 23: Honduras Relación entre ingresos promedio mujer/hombre por hora según tramos
de edad en los sectores no agrícolas 1990-2000
39
Cuadro 24: Honduras Tasas de participación por sexo y por tramos de edad para el período
1995-2001
40
Cuadro 25: Honduras Empleo por rama de actividad: distribución, crecimiento y
contribución 1990-1999 a nivel total y por sexo
42
Cuadro 26: Honduras Estructura del empleo no agrícola 1999
43
Cuadro 27: Honduras Empleo de las mujeres en los micronegocios no agrícolas por estrato
productivo y por tipo de establecimiento 1999
44
Cuadro 28: Honduras Sector Informal brechas de empleo comparativas entre mujeres y
hombres a nivelnacional por rama de actividad y sexo (tasas de empleo población
mayor de 15 años por año)
45
Cuadro 29: Honduras Sector informal brechas de empleo a nivel urbano por rama de
actividad y sexo (tasas de empleo población mayor de 15 años por año)
46
Cuadro 30: Honduras Sector informal brechas de empleo a nivel rural por rama de actividad
y sexo (tasas de empleo población mayor de 15 años por año)
46
Cuadro 31: Honduras Mujeres ocupadas en el área urbana por rama de actividad y categoría
ocupacional 1998 en cifras y porcentajes
48
Cuadro 32: Honduras Mujeres ocupadas en el área rural por rama de actividad y categoría
ocupacional 1998
50
Cuadro 33: Honduras Tasa de ocupación y desocupación, por sexo y grupos de edad
51
Cuadro 34: Honduras Empleo por ocupación y categoría ocupacional (CIUO-68) y sexo
52
Cuadro 35: Honduras Empleo por grupo ocupacional y deciles de ingreso 1999
53
Cuadro 36: Honduras Ocupados según horas semanales de trabajo
53
Cuadro 37: Honduras Ocupados, según duración media en el empleo total, formal e informal
no agrícola (porcentajes para 1990 y 1999)
55
Cuadro 38: Honduras Desempleo por sexo 1990-2001
56
Cuadro 39: Honduras Tasas de desempleo Abierto, Subempleo visible e invisible 2001
57
Cuadro 40 :Honduras Desocupados por duración en el desempleo
58
Cuadro 41: Honduras Brechas de trabajo a tiempo parcial a nivel nacional urbano y rural
59

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6
RESUMEN
En términos generales Honduras comparte con otros países centroamericanos las secuelas
de la crisis del modelo de sustitución de importaciones, el deterioro en los términos reales
de intercambio comercial, las fluctuaciones hacia la baja de los precios de los principales
productos tradicionales de exportación, los desastres naturales como el Huracán Mitch
en 1998 y las sequías que han impactado importantes zonas productivas en los últimos
tres años.
El producto interno bruto (PIB) durante la década de los noventa y hasta la fecha ha
tenido un crecimiento insuficiente e inestable. tal y como se analizada en un reciente
estudio de la OIT. Como una paradoja aparente y solamente aparente, durante estos diez
años, Honduras es el país de la región que muestra un mayor dinamismo en la
generación de empleo. Entre 1980 y 1999, la ocupación total creció en esta economía a
una tasa anual promedio de 4.61%, la más alta de América Central. Esta tasa es superior
incluso a la de Panamá y Costa Rica donde el peso del sector formal en el empleo es
mayor que en los otros países.
A esto se suma como un factor sobredeterminante la orientación de la política económica
durante los últimos veinte años, con un fuerte enfásis en la estabilización de la economía,
que inevitablemente ha impactado la dirección de las politícas de crecimiento y
desarrollo.
Todos estos fenómenos han tenido incidencia en la aparición de nuevos mecanismos de
ajuste del mercado de trabajo en las últimas décadas, como son la acelerada extensión del
sector informal, la incorporación masiva de mujeres al mercado de trabajo en condiciones
precarias y la tendencia a la migración, sobretodo de los hombres hacia las economías
desarrolladas de América del Norte. Para 1999 se estimó que la migración representaba
el 5% de la población total y las remesas de los migrantes alcanzaron un monto
equivalente al 18.1 del valor de las exportaciones del país, excluyendo las de la maquila.
El saldo ha sido, un deslizamiento en condiciones de gran vulnerabilidad desde el lado
de la demanda hacia el lado de la oferta de fuerza de trabajo y una profundización de la
extensión y características de la pobreza. De forma tal que la generación de empleo es
cada vez más una tarea de los propios trabajadores y trabajadoras, no obstante el
relativo impacto positivo que ha tenido para el empleo femenino la maquila de vestuario.
Esta vulnerabilidad viene precedida y se refuerza por la insuficiencia de la cobertura,
la calidad y la orientación de la educación formal y técnica , la insuficiencia de los
ingresos para cubrir los costos de la canasta básica y por los bajos niveles de cobertura
de la seguridad social y el sistema de pensiones.

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7
La pobreza, afectó en el 2001 al 56% de la población urbana y al 74% de la población
rural, lo que a nivel nacional significó un incremento de dos puntos porcentuales con
respecto a 1999. En este Estudio se aborda la pobreza como un fenómeno
multidimensional que abarca dimensiones tan diversas como el crecimiento y la
distribución del producto, la estructura y dinámica productiva del mercado interno, el
desarrollo social en aspectos tan sensibles como salud, educación, vivienda, etc; el nivel
de desarrollo político, la persistencia de los patrones culturales excluyentes por razones
de género, raza/etnia, y edad, que se manifiestan en la reproducción de la pobreza tanto
a nivel público como a nivel privado de las familias y los mecanismos normativos y
operativos de jure y de facto, que contextualizan la participación ciudadana y la equidad
entre los géneros.
La desigualdad en las condiciones laborales y en la distribución de los frutos del trabajo,
es un fenómeno que trasciende la lógica económica y que se relaciona no solo con los
niveles de ingreso y salariales y las brechas, que de los mismos se derivan ; sino que es
incluyente de otras dimensiones, como son la existencia y aplicación real de las leyes
laborales, la existencia y el acceso real a la protección social, la existencia de una
oferta educativa y de capacitación o formación que responda a la demanda del mercado
de trabajo no solo en el corto plazo, sino que en el mediano y en el largo plazo, para lo
cual se requiere no solo una tasa de crecimiento sostenido, sino que también de un fuerte
anudamiento entre la política económica y social del Estado, que privilegie el gasto social
como una herramienta que trascienda el corto plazo.
La presentación de estos primeros resultados de la investigación, es una contribución en
proceso de construccción para transversalizar género en las políticas de reducción de la
pobreza y generación de empleo. Es simplemente un punto de partida que irá adquiriendo
cuerpo en la medida en que se avance en el análisis entre lo deseado y lo posible en el
marco los esfuerzos que está realizando Honduras para construír una sociedad más
equitativa y justa.
El estudio no incorpora recomendaciones, porque se espera que sean los interlocutores
sociales hondureños y en particular el Gobierno de Honduras, quienes definan con base
en la situación descrita, los lineamientos prioritarios para que sean incorporados a la
generación de empleo desde la perspectiva de la equidad laboral entre los géneros, en la
Estrategia para la Reducción de la Pobreza.

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8
Introducción
Honduras ocupa una superficie de 112.492 kilómetros cuadrados y se encuentra situada en
el centro de América. Tiene fronteras con Nicaragua al sureste y con El Salvador y
Guatemala al oeste. Al norte posee cerca de 800 kilómetros de costas con el Mar Caribe y
al Sur se emplaza el Golfo de Fonseca, sobre el Océano Pacífico.
La zona del interior está atravesada por un sistema montañoso orientado del noroeste al
suroeste donde se encue ntran los picos más altos del país. Los valles y los paisajes
montañosos se entremezclan con extensas llanuras de tierra fértil. Su población total se
estima en 6.6 millones de habitantes para el 2001, de los cuales un 7.5% pertenecen a
pueblos indígenas y afrocaribeños.
En términos generales Honduras comparte con otros países centroamericanos las secuelas
de la crisis del modelo de sustitución de importaciones, el deterioro de los términos de
intercambio comercial, las fluctuaciones hacia la baja de los principales productos
tradicionales de exportación y los desastres naturales como el Huracán Mitch
1
y las sequías
que han impactado importantes zonas productivas.
2
A esto se suma como un factor
sobredeterminante la orientación de la política econó mica durante los últimos veinte
años, con un fuerte énfasis en la estabilización de la economía. Todos estos fenómenos
han tenido incidencia en la aparición de nuevos mecanismos de ajuste del mercado de
trabajo en las últimas décadas, como son la acelerada extensión del sector informal, la
incorporación masiva de mujeres al mercado de trabajo en condiciones precarias y la
tendencia a la migración, sobretodo de los hombres hacia las economías desarrolladas de
América del Norte.
El saldo es un deslizamiento en condiciones de gran vulnerabilidad desde el lado de la
demanda hacia el lado de la oferta de fuerza de trabajo. De forma tal que la generación
de empleo es cada vez más una tarea de los propios trabajadores y trabajadoras. Esta
vulnerabilidad viene precedida por la insuficiencia de la cobertura, la calidad y la
orientación de la educación formal y técnica, la insuficiencia de los ingresos para cubrir
los costos de la canasta básica y por los bajos niveles de cobertura de la seguridad social
y el sistema de pensiones.
Como tendencia general, en la mayoría de los países de la región se observan dos grandes
propensiones en el acceso al empleo: la demanda de trabajadores con determinados
estándares de educación y calificación y una sobreoferta de trabajadores con poco o nulo
1
1998: El huracán Mitch dejó unos 14 mil muertos (5,657 oficiales y 8,058 desaparecidos), 12,272 heridos, 1.5 millones
de damnificados y 3,794 millones de dólares en pérdidas económicas (70 por ciento del PIB).
2
Como ejemplo del impacto de los fenómenos naturlaes en el
2001 :La sequía que azotó de mayo a julio ael país
afectó a unos 63 000 pequeños productores de granos básicos de Honduras, causando pérdidas por cerca de 2.7 millones
de quintales. A fines de año la tormenta tropical Michelle también ocasionó pérdidas de producción agrícola nacional.

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9
nivel educativo formal y sin capacitación. La consecuencia ha sido doble: por un lado la
incapacidad para remontar las brechas de precariedad histórica en las condiciones de
trabajo y por otro la aceleración de esas condiciones precarias, que se expresan en los
salarios insuficientes para cubrir la canasta básica alimentaria de un importante contingente
de trabajadores del sector formal y en la ampliación y precariedad del sector informal de la
economía.
Los sucedáneos de esta situación para el caso hondureño en específico han sido: la
demanda de empleo, altamente feminizado, en las maquilas de vestuario, la persistencia
del empleo precario en el sector agrícola, así como el acelerado crecimiento de las
actividades en el sector informal. Como analizaremos en este estudio el sector informal es
el reducto por excelencia de la pobreza y la "esponja" del trabajo femenino. A nivel rural la
informalidad muestra una tendencia al incremento, cuya magnitud y características han
sido poco estudiadas. Finalmente, la emigración hacia los Estados Unidos que se estimó
en 1999 en unos 300.000 hondureños, (5% de la población total para ese año) la mayoría
hombres.
3
Para ese mismo año las remesas de los migrantes hondureños alcanzaron los
US$320 millones de dólares, lo que representó el 18.1 del valor de la exportación de
bienes.
4
Para el año 2001 ese monto se incrementó a US$ 460 millones de dólares
,
5
cuyo
destino más frecuente es para el consumo en los hogares.
1.
Metodología utilizada en el estudio:
Para realizar el estudio se hizo una amplia revisión documental que permitiera una visión
inclusiva del "estado del arte" de los análisis que en forma directa o indirecta analizan la
dinámica de la pobreza y del mercado de trabajo en Honduras De particular relevancia
son los diagnósticos realizados en el 2002, por la Oficina para América Central, Panamá y
República Dominicana (OIT), así como otros estudios más focalizados sobre el
comportamiento de los salarios y la productividad, realizados por Miguel del Cid.
6
Asimismo se revisaron los aportes al tema de Género y Trabajo de Lais Abramo,
Especialista Regional de la OIT en género, de María Elena Valenzuela, Thelma Galvéz,
3
El Area de Población en el Instituto de Estadística hondureño, llevó a cabo un estudio con una muestra de 7628 del
total de 16459 deportados por los Estados Unidos en el período 1990 -1999, de los cuales 9% son mujeres y 91% son
hombres, un 79.85% son personas solteras entre los 11 y 40 años de edad que vivían en áreas urbanas al momento de
emigrar del país, principalmente en los departamentos de Cortés, Francisco Morazán y Yoro. El principal motivo por el
cual migraron fue en busca de trabajo.
4
Nota: el porcentaje no incluye las exportaciones de maquila. Ver : CEPAL, Estilos de Desarrollo y Mutaciones en el
Sector Laboral en la Región Norte de América Latina, LC/MEX/L.539, agosto, 2002. p:84
5
Fuente Fondo Multilateral de Inversiones ( FOMIN).
6
Del Cid, José Rafael; Ordóñez, Fidel Trabajo decente y pobreza en Honduras. Hacia un pacto social para
un crecimiento económico con equidad y el combate de la pobreza extrema. Tegucigalpa, Oficina
Internacional del Trabajo, ISBN 92-2-313335-1, 2002.

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10
Rosalba Todaro e Irma Arriadaga, ent re otras teóricas que enriquecen con sus aportes, el
conocimiento y el debate sobre el tema.
En términos generales el estudio, parte del conocimiento más reciente acumulado y desde
ahí, hace una lectura desde el género, e introduce nuevas dimensiones ana líticas para
ofrecer una visión de conjunto a los y las funcionarias hondureños, tanto del gobierno
como de la sociedad civil, que están en el proceso de operacionalizar los acuerdos de la
Estrategia para la Reducción de la Pobreza.
1.1 Marco teórico del análisis: El Estudio se basa en los aportes de la teoría de género
sobre la exclusión social por razones de género, pero focalizado a las manifestaciones más
evidentes sobre la participación de las mujeres en el mercado de trabajo y su sobre-
representación en los estratos más pobres de la sociedad.
La exclusión social la entendemos como un concepto multidimensional de pobreza, por
cuanto el problema no es solo económico, - de insuficiencia de ingresos- sino que incluye
el "saldo" de una determinada forma de funcionamiento y multirelación de la
participación económica, social, política y cultural de hombres y mujeres.
7
En esta misma dirección María Elena Valenzuela, analiza el origen de las causas de la
segmentación de las ocupaciones por sexo y la subvaloración del trabajo femenino, como
dos fenómenos que siendo por un lado producto de la exclusión social por razones de
género, son asimismo causas de la persistencia de esa exclusión en el mundo del trabajo.
8
"La incorporación de la mujer al trabajo y su acceso a recursos económicos redefine
la relación entre los géneros tanto dentro como fuera de la familia. Este proceso está,
sin embargo, lleno de ambigüedades. A nivel de la empresa, si bien se abren nuevas
oportunidades a la mujer, se devalúa su trabajo, otorgando menor salario, asignando
menor valor a sus ocupaciones, ocupando posiciones subordinadas. En el hogar, se
refuerza socialmente el rol del hombre como proveedor, y a pesar de lo crucial del
aporte económico de la mujer, la redistribución de tareas domésticas es mucho más
lenta. Así, por ejemplo, incluso muchas mujeres aceptan la noción que los hombres
necesitan ganar salarios más altos por sus obligaciones familiares. Si el tema de la
diferencia salarial se pone fuera de este contexto y se plantea en términos de trabajo
de igual valor, difícilmente se reconocerá la legitimidad del mayor salario masculino.
La aceptación de un estatus inferior como parte del orden natural de las cosas y la
falta de reivindicación por salarios más altos e igualitarios depende de la mantención
de la ilusión de que el trabajo masculino tiene mayor valor lo que conlleva a las
mujeres a dudar de su propia capacidad y restringir sus demandas e intereses en
avanzar por la igualdad.
7
Para un desarrollo sobre el tema ver : Tortosa, José María, Pobreza y perspectiva de género, Ed Ikaria,
Barcelona, 2001.
8
Valenzuela, María Elena, Equidad de Género y Trabajo de la Mujer en América Latina, Proyecto Género,
Pobreza y Empleo para América Latina, OIT, 2003

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11
Esto es reforzado por la común percepción de que el ingreso de la mujer es útil pero
suplementario, en tanto el aporte de los hombres es principal. Esto se vincula a la
noción a partir de la cual se espera que las mujeres dediquen la mayor parte de sus
energías en el largo plazo a los niños y la familia, en tanto el compromiso de los
hombres con el trabajo justamente es reforzado con las responsabilidades que asumen
con el matrimonio y la paternidad. Así, se tiende a percibir a las mujeres como
trabajadoras inestables, cuyo período laboral se concentra en el período previo al
matrimonio y posterior a la crianza de los niños, con lo que se quita la legitimidad de
su autonomía económica. Los hombres en cambio, se ven a sí mismos como
trabajadores de toda la vida, buscando hacer carrera que les permita mantener a sus
familias. Aún cuando las cifras expuestas anteriormente refutan este prejuicio, en la
práctica opera como si constituyera una realidad.
La generación de estereotipos, el énfasis en la oposición entre géneros y el
establecimiento de jerarquías entre ellos caracterizan la actual construcción de la
identidad económica de los géneros. La devaluación de la mujer en relación a los
hombres en términos de sus capacidades como trabajadoras se produce a través de un
doble proceso de marginalización de las mujeres de los trabajos prestigiosos y de
devaluación del tipo de trabajo que realizan las mujeres. La clara separación entre
dos géneros que se observa en el mundo del trabajo, con estereotipos sobre atributos
femeninos y masculinos y la superioridad de lo masculino sobre lo femenino, no se
origina en el mundo de la economía. Por el contrario, ésta es la base con que opera el
sistema sexo-género en cualquier sociedad. Tal como plantea Chodorow, este sistema
incluye "...formas en que el sexo biológico se convierte en género cultural, división
sexual del trabajo, relaciones sociales para la producción de género y de mundo
social organizado por género, reglas y regulaciones para la elección de objeto sexual
y conceptos de niñez. El sistema sexo-género es como un modo de producción social,
un determinante fundamental y elemento constitutivo de la sociedad, socialmente
construido y sujeto a cambios históricos y a evolucionar" (Chodorow, 1979, 84-5).
Así, la realidad laboral de las mujeres está marcada por dos fenómenos: la
segmentación de las ocupaciones según sexo y la subvaloración del trabajo femenino.
La distinción sobre las causas detrás de la posición subordinada de la mujer en el
mercado de trabajo, identificando los factores ligados a la oferta - como nivel
educacional, capacitación, etc. - y otros ligados a la demanda - como barreras que
enfrentan - no es tan sólo de interés teórico. Ella genera perspectivas muy distintas
acerca de las políticas. Mucha de la acción contra la discriminación intenta
proporcionar a los individuos instrumentos para superar sus desventajas, pero a esto
es necesario sumar la acción contra la segmentación de modo de tender a modificar
las estructuras del mercado laboral y de este modo generar una verdadera igualdad
de oportunidades y trato."
1.2 Marco empírico del análisis: Se parte de la premisa de que, para lograr contar con
información adecuada para el análisis de las desigualdades de género no es suficiente el
análisis cuantitativo en términos de comparación de cada variable, por ejemplo: tasa de

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Proyecto Género, Pobreza y Empleo, OIT
Doc. JFP
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ocupación, brecha de ingresos, tasa de desempleo, entre hombres y mujeres. Es necesario
conocer la totalidad de la dinámica del mercado de trabajo y el impacto que sobre la misma
tienen las políticas económicas y sociales. En este sentido la premisa sería que las
mujeres, independientemente de la clase social, estrato económico y grupo ocupacional o
conglomerado racial o étnico al que pertenecen, sufren de distintos tipos y niveles de
discriminación, por razones históricas y culturales, que las ubica en desventaja con
respecto a los hombres.
En prácticamente todas las sociedades humanas, lo que no se contabiliza no existe desde el
punto de vista de las acciones políticas. Por eso es tan importante una buena contabilidad
de las diferencias entre hombres y mujeres en el mercado de trabajo.
La visibilización de estas diferencias contribuye a la formulación de políticas que tiendan a
la eliminación de la discriminación por razones de sexo, lo que responde a la aspiración
legitimada a nivel internacional y nacional de avanzar en la observancia y respeto a los
derechos humanos.
Pero aun siendo éste un paso fundamental y prioritario, es importante avanzar aún más:
usualmente las estadísticas en Centroamérica presentan debilidades en la conceptualización
del sector rural, tanto a nivel de la periodicidad de las Encuestas que incluyen este sector
como al privilegiar datos del sector agropecuario y no incluir datos sobre la creciente
importancia que tienen otras ramas de actividad y particularmente el sector informal en
esas áreas. Persiste una visión de la ruralidad muy ligada a la producción agropecuaria para
el mercado interno, al enclave agroexportador o a la economía campesina.
Para contextualizar la dinámica de la pobreza y sus determinantes macroeconómicos en la
última década se hizo una revisión de los estudios de la CEPAL, del BID, la FAO y del
Banco Mundial, sobre el país. Para una visión más multidimensional del desarrollo en
Honduras, se consultaron los Informes sobre el Desarrollo Humano del PNUD, para los
últimos cinco años.
De incuestionable valor es la información contenida en los Informes y las series
estadísticas del Banco Central, y la información del Instituto Nacional de Estadística de
Honduras, así como el diagnóstico que sustenta la Estrategia para la Reducción de la
Pobreza.
Desde la perspectiva del análisis cuantitativo se utilizaron para la información social y
demográfica las siguientes publicaciones: CEPAL, CELADE, Unidad Mujer y Desarrollo
Cepal, Indicadores seleccionados con una perspectiva de género, Doc. No 70, Santiago,
Chile, julio 2002; CEPAL, Panorama Social 2002, Chile, 2002, subsitio Pobreza del
Grupo del Banco Mundial, y la información estadística gene rada por el PNUD.
Para la información cuantitativa laboral y de brechas de género, las fuentes principales de
información han sido el Panorama Laboral de América Latina que publica anualmente la
sede regional de la OIT y la Base de Datos Laboral de la OIT /San José con sus dos

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Proyecto Género, Pobreza y Empleo, OIT
Doc. JFP
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13
fuentes prioritarias: una sobre indicadores clave del mercado de trabajo y otra sobre
indicadores de trabajo decente. Los Cuadros han sido elaborados por la autora, con base en
los microdatos y datos de esta base. Una ayuda fundamental ha sido la cooperación de
Jesper Venema en el acceso a la información.
Para la cuantificación de las brechas laborales,
9
el estudio compara el "progreso absoluto"
en la situación laboral de las mujeres en dos puntos del tiempo, entre 1990-1999 y en
algunos casos con datos hasta el 2002 y compara asimismo el "progreso relativo" por
medio de la cuantificación de la evolución de las brechas laborales con respecto a los
hombres.
Las brechas con las que se ha trabajado son las siguientes:
Brechas de pobreza a nivel nacional y por Departamento.
Brechas de educación.
Brechas de participación entre hombres y mujeres.
Brechas de participación mujeres pobres x total de la fuerza de trabajo femenina.
Brechas de ocupación.
Brechas de desempleo.
Brechas de subempleo.
Brechas de informalidad.
Brechas de ingresos.
Brechas por horas semanales de trabajo.
Brechas en la estabilidad laboral.
Brechas por duración en el desempleo.
Brechas de género en el trabajo a tiempo parcial.
Estas brechas se desagregan en categorías analiticas y en indicadores, tratando en la
medida en que fue posible, procesar datos, cruzarlas con variables tales como edad, nivel
educativo, situación familiar, rama de actividad, tipo de ocupación, situación en el empleo,
sector formal e informal y área de residencia: urbana o rural de la fuerza de trabajo.
Otras brechas para las que no se cuenta con información suficiente y confiable son:
Brechas en la cobertura de la seguridad social.
Brechas en la percepción de pensiones.
Brechas entre la participación y los ingresos de mujeres indígenas y negras vis a vis
la participación y los ingresos de otras mujeres de otras razas, por rama de actividad y
tipo de ocupación.
Brechas de participación y representación en las organizaciones de trabajadores/as.
9
Las brechas laborales por razones de género son las diferencias cuantificadas por sexo en las diferentes
variables e indicadores que describen estadísticamente las características de empleo.

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1.3 El análisis de la OIT sobre las inequidades de género en el mercado de trabajo.
Desde la perspectiva de la OIT existen varías áreas críticas para avanzar hacia el trabajo
decente de las mujeres, entre otras: la pobreza con su impacto en las crecientes
desigualdades, las brechas de género en los sectores formal e informal de la economía,
(brechas de ingreso, por tipo de ocupación, por jornadas de trabajo, por estabilidad laboral,
etc.) el trabajo no pagado de las mujeres en la esfera reproductiva y en la esfera
comunitaria, las implicaciones de las políticas de ajuste estructural con relación al género,
el desempleo y el subempleo, las brechas en la cobertura de la seguridad social y en los
sistemas de pensiones, la segmentación por sexo del mercado de trabajo, las brechas de
participación en las organizaciones de trabajadores y en los espacios políticos y técnicos en
que se definen las políticas de empleo y salarios.
La OIT reconoce que existe una interacción dialéctica entre el mercado de trabajo y la
totalidad social, por lo cual no se puede comprender la inequidad de género a nivel laboral,
como una variable independiente de la totalidad del funcionamiento del sistema.
"Muchas causas básicas de la discriminación en razón del género y de la
vulnerabilidad de la mujer radican fuera del mercado de trabajo. Los prejuicios de
género arraigan ante todo en percepciones sociales y en normas sociales que
repercuten económicamente para las mujeres en casi todos los órdenes, ya sea sus
derechos de propiedad, en el empleo o en la asignación de los recursos de la familia.
En el nivel de las percepciones, a menudo se da una divergencia entre las
capacidades reales de una persona, sus contribuciones y necesidades, y la forma
como se ven éstas. En el mercado de trabajo, los roles de género suelen definir
percepciones sobre capacidades y pueden llevar a prácticas discriminatorias en
cuanto a contratación y remuneración.
La desigualdad entre los trabajadores por razón del género asume, por consiguiente,
tanto una forma material como una forma ideológica: la primera se condensa en
quién controla los recursos de producción públicos y privados, y la segunda en las
normas y prejuicios sociales. Ambos aspectos deben ser abordados para que se
produzca un cambio. Las políticas sobre el mercado de trabajo deberían dirigirse en
la medida de lo posible a las causas de la discriminación entre los géneros y no
meramente a compensar sus efectos; pero, a la vez, han de contemplarse en relación
con el medio favorable o desfavorable a la capacitación en el que se supone que han
de actuar. Por consiguiente, las estrategias de amplio alcance destinadas a
proporcionar a la mujer un empleo pleno, productivo y libremente elegido tendrán
como elemento integrante políticas sobre el mercado de trabajo, pero a la vez tendrán
que incluir reformas legislativas, campañas de apoyo y sensibilización, políticas

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macroeconómicas, presupuestarias y financieras, de creación de instituciones,
movilización y organización de grupos, etc."
10
2.
La contribución de la Oficina Internacional del Trabajo para América Central,
Panamá y República Dominicana al análisis de las interrelaciones entre empleo,
mercados de trabajo y pobreza, en Honduras.
Para comprender la dinámica de la inserción laboral de las mujeres en Honduras e intentar
hacer una lectura desde el género de la tríada: género, pobreza y mercado de trabajo, que
contribuya a la transversalización de género en las políticas de empleo, hemos considerado
de fundamental importancia, partir del más reciente estudio realizado por la OIT en el país,
que además tiene la virtud de haber sido consensuado a nivel tripartito por los
interlocutores sociales. Se trata de un estudio concluido en el 2002, sobre la situación del
mercado laboral hondureño y los desafíos de las políticas de empleo para avanzar hacia lo
que la OIT define como " Trabajo Decente ", entendiendo por el mismo aquella
ocupación productiva que es justamente remunerada y que se ejerce en condiciones de
libertad, equidad, seguridad y respeto a la dignidad humana.
Miguel del Cid, experto en empleo de la Oficina Internacional del Trabajo para los países
del área, elaboro una síntesis analítica y propositiva, por medio de la cual caracteriza el
desarrollo del mercado de trabajo en el país en el marco de los retos para avanzar hacia la
disminución de la pobreza y la generación de empleos de mejor calidad. Este será el
punto de partida para el análisis que nos proponemos realizar, porque permite una visión
de conjunto de las principales dimensiones del problema.
" Las Interrelaciones entre empleo, mercados de trabajo y pobreza. Los desafíos de las
políticas de empleo y trabajo decente en Honduras.
11
1.
Durante los años noventa, la economía hondureña registró una dinámica de
crecimiento del producto interno bruto (PIB) insuficiente e inestable (3.2% anual),
mostrando para algunos años tendencias negativas (1994 y 1999); y reflejando en el
último año el deterioro provocado por el huracán Mitch que afectó de manera
significativa el sector agrícola, y puso de relieve el alto grado de vulnerabilidad de los
pobres ante los desastres de la naturaleza.
2.
Un rasgo relativamente positivo de la dinámica del PIB se da en el sector industrial,
con un ritmo de crecimiento superior al promedio (5% anual), en lo cual contribuyó
10
Trabajo decente para la mujer Una propuesta de la OIT para acelerar la puesta en práctica de la Plataforma de Acción de Pekín
Oficina para la Igualdad de Género, Oficina Internacional del Trabajo Ginebra, Suiza, 2001
11
Del Cid, Miguel, TRABAJO DECENTE Y POBREZA EN HONDURAS (Síntesis y Lineamientos de
Política), en : Del Cid Rafael, et. al. OP.CIT

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mucho el desarrollo de la industria de la maquila, especialmente de la textil, que a su vez
impactó significativamente el mercado de trabajo y en particular el empleo de la mujer.
3.
Un aspecto deficitario del desempeño económico fue el bajo crecimiento del sector
agropecuario (2% promedio anual en el período) y que fue negativo durante dos años
consecutivos (1998 y 1999) como consecuencia del fenómeno natural citado. Este
comportamiento deficiente en una act ividad de la que dependen los pobres del campo,
explica el deterioro en las condiciones de trabajo decente de una proporción importante
de la fuerza de trabajo rural.
4.
En general, la economía se movió hacia un proceso de terciarización, reflejado en un
mayor ritmo de crecimiento de las actividades comerciales y de servicios (finanzas 9.3%;
electricidad, gas y agua 7.7%; servicios sociales y personales 4.8%; comercio 4.1%, etc.),
lo cual también tuvo sus repercusiones en el mercado laboral.
5.
En el período considerado, la oferta de fuerza de trabajo (PEA) registra una gran
dinámica en función de los factores económicos y sociales que determinan su
comportamiento y muestra un acelerado ritmo de crecimiento (6% promedio anual) muy
superior a la población en edad de trabajar (3.4%), lo cual refleja un aumento
significativo en la tasa de participación global del 47.4% en 1991 al 54.9% en 1999.
6.
El acentuado crecimiento de la fuerza de trabajo estuvo marcado en primer término,
por un incremento en las tasas de participación de las mujeres (de 11 puntos
porcentuales), en respuesta principalmente a la demanda de mano de obra de la industria
de la maquila y a la visible expansión del comercio informal, fenómenos que conllevaron a
cambios importantes en la condición de actividad y estructura de la ocupación femenina.
7.
Esta tendencia también está determinada por el comportamiento de la oferta laboral
en el ámbito urbano, cuyo ritmo alcanzó el 9% anual (casi el doble del promedio rural),
reflejando en gran medida los usuales flujos migratorios rural-urbanos, debido a los
conocidos factores de expulsión del campo (escaso acceso a la propiedad de la tierra y a
los servicios básicos de educación, salud, etc., y en general a las oportunidades), así como
por los factores de atracción de las ciudades (mayores posibilidades de empleo e
ingresos). No obstante el proceso de urbanización de los mercados laborales y los
cambios en la estructura ocupacional durante la década, se debe subrayar que en el caso
de Honduras el trabajo en el área rural sigue representando más de la mitad de la
ocupación total del país (52.7% en 1999).
8.
Un primer déficit en las condiciones de trabajo decente tiene que ver con la evolución
de la subutilización de fuerza laboral, que vista a partir del desempleo abierto mostró un
comportamiento favorable a lo largo de la década. Así, la tasa de desempleo total se
redujo en un punto porcentual (aunque en términos absolutos aumentó) y también
disminuyó la tasa de desempleo urbano y juvenil. Sin embargo, aumentó el desempleo
femenino, lo cual refleja sobre todo el acelerado crecimiento en la tasa de participación
de las mujeres.

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17
9.
No obstante, en una economía como la hondureña, el principal componente del
problema del empleo no es el desempleo abierto, sino el subempleo o trabajo precario,
derivado de la altísima proporción de trabajadores en el sector informal urbano y la
economía campesina, que se desempeñan en actividades de muy baja productividad e
ingresos y en condiciones de subsistencia. Las tendencias muestran un deterioro en la
calidad del mercado laboral pues la ocupación en los segmentos más rezagados aumentó
en casi 5 puntos porcentuales, con lo cual, hacia fines de la década, dos de cada tres
ocupados dependían de la economía informal o campesina, siendo muy susceptibles de
verse afectados por trabajo precario o subempleo. Para estos grupos de fuerza laboral
resultaría muy difícil alcanzar condiciones de trabajo decente en los términos de
productividad, remuneración, protección y dignidad humana propugnadas por la OIT.
10.
Desde la perspectiva del género, el alto crecimiento de la fuerza laboral y del empleo
femenino estuvo muy marcado por la gran dinámica de la industria maquila, que en el
período creó cerca de 110 mil empleos. Un rasgo positivo de este fenómeno es que indujo
un cambio significativo en el nivel de actividad y composición de la ocupación femenina,
sacando mujeres de la inactividad laboral (de las labores del hogar) y a su vez
movilizándolas de ocupaciones tradicionales del servicio doméstico hacia actividades
asalariadas de mayores ingresos y con mayor disfrute de derechos. Esto ha de
representar un cierto avance en las condiciones de trabajo decente de la mujer hondureña,
con las restricciones y límites conocidos de una actividad que insume mano de obra de
limitadas calificaciones y donde prevalecen relaciones laborales signadas en muchos
casos por la conflictividad y alta frecuencia de reclamos y demandas de incumplimiento de
las normas internacionales de trabajo.
11.
Los datos estadísticos disponibles confirman la incidencia que tiene el déficit de
trabajo decente sobre las condiciones de pobreza de los hogares; y el hecho clave es que
las oportunidades de acceso a un trabajo productivo, bien remunerado y en condiciones
de seguridad y dignidad humana resultan inferiores para la fuerza laboral de los hogares
pobres. Esta desigualdad de oportunidades tiene que ver tanto con un problema de
insuficiencia de demanda (demanda agregada de la economía y demanda de fuerza de
trabajo de limitadas calificaciones), como con el déficit de formación y capacitación entre
los pobres y su exclusión de los beneficios de gran parte de las políticas y programas del
Estado.
12.
La desigualdad de oportunidades comienza a mostrarse a partir de una inferior tasa
de participación entre los hogares pobres respecto a los no pobres, brecha de
participación que suele afectar más a las mujeres debido al mayor tamaño medio de estos
hogares y a la presión creciente por el cuidado de niños menores entre las madres de las
familias más pobres.
13.
Las inferiores tasas de participación entre los hogares pobres también se asocian con
los menores niveles de educación y escasas oportunidades de capacitación de esta fuerza

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de trabajo y su limitado acceso a programas y servicios de información y orientación que
podrían facilitar su inserción ocupacional.
14.
El déficit de trabajo decente en contra de los pobres se refleja también en una mayor
extensión del desempleo abierto que tiende a duplicar su tasa respecto a los hogares no
pobres. Sin embargo, el mayor déficit se registra por sus limitadas oportunidades de
empleo productivo y de calidad ya que casi tres de cuatro ocupados entre los hogares
pobres sólo logran insertarse en el sector informal y en la economía campesina, donde
prevalece el trabajo precario, de baja productividad y sin protección.
15.
Una de las consecuencias claras de la pobreza generalizada es el fenómeno del
trabajo infantil al que se ven empujados unos 350 mil niños, niñas y adolescentes en
Honduras (OIT/SIAL e IPEC con base a la encuesta de hogares, 1999), quienes dedican su
mayor tiempo al trabajo en lugar del estudio. Más de la mitad de ellos/as trabajan en el
sector agropecuario y en el comercio y servicios informales, muchas veces expuestos (en
el caso de los primeros) a productos químicos dañinos para la salud, realizando tareas
duras, a la intemperie y por lo general, sin protección ni derechos de ningún tipo. Los
desafíos de las políticas para la erradicación del trabajo infantil pasan por la reducción
de las condiciones de pobreza de los hogares.
16.
Una variable importante en el progreso de las condiciones de trabajo decente se
refiere a la dinámica de los salarios e ingresos reales, que determina la capacidad de
satisfacción de las necesidades básicas del trabajador y su familia; y, a su vez, constituyen
un componente importante de los costos de producción y competitividad de las empresas.
17.
En este sentido, tanto los salarios medios (o de mercado) como los mínimos legales
han registrado aumentos en términos reales durante la última década, lo cual denota una
mejoría relativa en las condiciones de trabajo decente a partir de esta condición. No
obstante, ambas categorías siguen ostentando un bajo poder de compra, tanto en términos
de canastas alimentarias adquiribles, como de las horas de trabajo necesarias para
comprar determinados bienes y servicios. Un ejemplo patético que refleja limitadas
perspectivas de movilidad social se deriva del elevado número de horas que requiere
trabajar un operario industrial percibiendo salarios mínimos o de mercado para comprar
un uniforme escolar de un niño/niña de escuela pública primaria, y que correspondía a
fines de los noventa a 29 y 13 horas respectivamente (OIT, 1999). Para un hogar de un
solo ocupado devengando alrededor del mínimo legal, enviar un niño/niña a la escuela
podría tener como costo el caer en la indigencia.
18.
Está de más señalar que el déficit en los ingresos reales resulta mayor entre los
trabajadores del sector informal y la economía campesina, situación que responde
fundamentalmente a los bajos niveles de productividad prevalecientes en dichas
actividades. A su vez, a lo largo de la década se mantienen las brechas de salarios entre
hombres y mujeres en los segmentos modernos del mercado laboral (público y privado), lo
cual podría explicarse, entre otras razones, por las condiciones desventajosas de inserción
laboral de la mujer en actividades de menor productividad e ingresos.

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19
19.
Mejorar los salarios e ingresos de los trabajadores y trabajadoras representa otro de
los grandes desafíos de las políticas de trabajo decente y reducción de la pobreza. Ello
exige, por el lado de los asalariados, incidir sobre los factores determinantes de los
salarios (gran parte de los cuales son de naturaleza estructural), y que se refieren al
propio nivel de actividad económica, al grado de organización tecnológica y condiciones
de productividad de las empresas, a las condiciones de oferta y demanda de mano de obra,
al nivel educativo de la fuerza de trabajo, a sus calificaciones y competencias, etc. Este es
un desafío que atañe tanto al gobierno como a las organizaciones de empleadores y
trabajadores.
20.
Por su parte, mejorar los ingresos reales en el sector informal y la economía
campesina exige de políticas y programas que permitan potenciar la productividad de
estos segmentos, en términos de mejores infraestructuras y servicios eficientes en materia
de crédito, capacitación, asistencia técnica, apoyo en comercialización, etc.
21.
En otro orden, prevalecen importantes desafíos en materia de protección y seguridad
social tomando en cuenta la baja proporción de la fuerza de trabajo (28% en 1999) y de la
población (11% en 1999) cubiertos por algún régimen de seguridad social (Gobierno de
Honduras, ERP, 2000). Este déficit ha de ser mucho mayor entre la fuerza de trabajo del
sector informal y de la economía campesina (que representan dos tercios del total de la
fuerza de trabajo), donde suele haber una situación de desprotección generalizada.
22.
Finalmente, los interlocutores sociales hondureños han avanzado significativamente
en materia de diálogo social, lo cual representa un factor favorable a la concertación de
políticas y programas de empleo, trabajo decente y reducción de la pobreza. La creación
reciente del Consejo Económico y Social (CES) representa un hito en el desarrollo de la
institucionalidad democrática del país, que la sociedad hondureña debe saber
aprovechar."
3.
La pobreza en Honduras: una mirada desde la perspectiva de género
La pobreza es un fenómeno multidimensional que abarca dimensiones tan diversas como
el crecimiento y la distribución del producto, las características de la inserción de las
economías al mercado mundial, la estructura y dinámica productiva del mercado interno,
el desarrollo social en aspectos tan sensibles como salud, educación, vivienda, etc.; el
nivel de desarrollo político, los patrones culturales excluyentes por razones de género,
raza/etnia, y edad, que se manifiestan en la reproducción de la pobreza tanto a nivel
público como a nivel privado de las familias y los mecanismos normativos y operativos
que contextualizan la participación ciudadana y la equidad entre los géneros.
El análisis de la situación de las mujeres en el mercado de trabajo en Honduras y
particularmente de las mujeres en situación de pobreza, que son la mayoría, no puede ser
claramente explicado sin tener presente ese carácter multidimensional de la pobreza: Por

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otra parte si se analiza la inserción de las mujeres en el mercado de trabajo a nivel de tasas
de participación, brechas de ingreso, de derechos, de empleo y de desempleo como
variables independientes, el resultado sería una visión distorsionada de los complejos
mecanismos de la exclusión social por razones de género, tanto a nivel de la participación
de las mujeres en la sociedad como a nivel más específico de participación en el mercado
de trabajo.
3.1 Características generales de la pobreza en Honduras.
La medición de la pobreza en Honduras hecha por el Instituto Nacional de Estadística,
utilizando como instrumento las Encuestas Permanentes de Hogares, se realiza utilizando
la metodología de cálculo de la línea de pobreza, cuyo indicador clásico es el ingreso.
12
La insuficiencia de ingresos para satisfacer las necesidades de la canasta básica, permite
establecer la incidencia de la pobreza por tipos de hogar.
En la última década
(1991-2001),
se observa una tendencia a la disminución de la pobreza en
las áreas urbanas de 6 puntos porcentuales y un incremento de la pobreza en las áreas
rurales de 3 puntos porcentua les.
Aún así la pobreza, afectó en el 2001 al 56% de la población urbana y al 74% de la
población rural, lo que a nivel nacional significó un incremento de dos puntos
porcentuales con respecto a 1999. Este incremento en la perspectiva del bienio 1999-
2001, adquirió diversas magnitudes por área: 7 puntos más de incidencia en las áreas
urbanas y 1 punto más de incidencia en las áreas rurales, sin perder de vista que la pobreza
rural alcanza en el 2001 un 74%-
CUADRO 1
HONDURAS INCIDENCIA DE LA POBREZA POR AREAS: NACIONAL, URBANA Y RURAL
1991-2001
Clasificación
1991
1994
1997
1999
2001
NACIONAL
67.4
61.8
63.6
62.1
64.5
URBANA
62.5
57.8
59.4
49.1
56.3
RURAL
70.8
64.8
66.9
72.6
73.8
Fuente : Encuesta Permanente de Hogares, 1991,1994,1997, 1999, 2001. Instituto Nacional de
Estadística
Nota : De acuerdo con la definición del INE los hogares en pobreza están constituidos por los hogares
pobres y muy pobres que tienen en común no contar con el ingreso suficiente para satisfacer las
necesidades básicas
12
Para medir la línea de pobreza el indicador clásico es el ingreso, porque proporciona información sobre las condiciones
de vida de la población y permite conocer el porcentaje de las personas que se encuentran bajo la línea de la pobreza , o
dicho de otra forma : de todas aquellas personas que no tienen acceso a la canasta básica. Esta forma de medir la pobreza
también se conoce como indicador de incidencia. Ver : PNUD, Informe Desarrollo Humano, 1997.

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3.2 El mapa de pobreza por Departamento y la pobreza de género
En el Cuadro 2, se observa un mapeo de la incidencia de la pobreza por Departamento en
el país. Del total de 18 Departamentos en que se encuentra dividido el país: 11 muestran
niveles de pobreza entre el 70-82%, 3 entre el 50-69% y dos entre el 39-49%.
CUADRO 2
HONDURAS CLASIFICACIÓN DE LOS DEPARTAMENTOS POR INCIDENCIA DE LA POBREZA
ORDENADOS POR RANGOS CON BASE EN LOS PORCENTAJES a/
1999
39-49% de pobreza
50-69 % de pobreza
70-82% de pobreza
Departamento
%
Pobreza
Departamento
%
Pobreza
Departamento
%
Pobreza
Cortés
39.1
Atlántida
53.0
Comayagua
71.0
Francisco Morazán
48.5
Colón
62.4
Copán
81.6
Yoro
59.4
Choluteca
75.8
El Paraíso
72.4
Intibuca
78.4
La Paz
71.1
Olancho
70.5
Santa Bárbara
77.1
Lempira
8.1.3
Ocotepeque
71.9
Valle
79.4
Fuente : Elaboración propia con base en Datos del Informe sobre Desarrollo Humano 2002, Honduras PNUD
Nota: Los porcentajes fueron elaborados por el PNUD, con base en la Encuesta Permanente de Hogares.
a/ No están disponibles los datos para los Departamentos de Gracias a Dios y las Islas de la Bahía
Al relacionar los datos anteriores con los datos de los Indices de Desarrollo de Género
13
(IDG)
por Departamento, se observa en la mayoría de los mismos una mejoría en el 2002
con respecto a 1998, que en términos generales es de décimas de puntos. Mejoría que debe
ser contextualizada, partiendo de que el IDG en el 2002 ubicó a Honduras en la posición
N° 98 de un total de 146 países, sólo por encima de Guatemala en el área centroamericana.
13
El IDG puede tomar valores en el rango entre 0 y 1, donde un valor cercano a 1 significa que hay una
menor desigualdad en el desarrollo relativo al género y cuanto más se aproxima a 0 implica una mayor
desigualdad entre hombres y mujeres.

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CUADRO 3
HONDURAS INDICE DE DESARROLLO RELATIVO AL GÉNERO EN EL 2002 POR
DEPARTAMENTO Y ORDENADO DE MAYOR A MENOR.
Valor 2002
Situación en
relación con 1998
Todo el país
0.633
Mejora 0.033
Departamentos
Islas de la Bahía
0,786
Mejoría
Francisco Morazán
0.734
Mejoría
Cortés
0.703
Mejoría
Atlántida
0.682
Mejoría
Gracias a Dios
0.672
Mejoría
Colón
0.641
Mejoría
Yoro
0.629
Mejoría
Valle
0.623
Deterioro
Choluteca
0.612
Mejoría
Olancho
0.600
Mejoría
Comayagua
0.595
Deterioro
El Paraíso
0.585
Mejoría
Ocotepeque
0.548
Deterioro
La Paz
0.542
Mejoría
Copán
0.511
Mejoría
Santa Bárbara
0.507
Mejoría
Intibucá
0.458
Deterioro
Lempira
0.433
Mejoría
Fuente: Elaboración propia con base en IDG del Informe de Desarrollo Humano para Honduras 2002,
PNUD
Al relacionar comparativamente los dos Cuadros anteriores, guardando la debida prudencia
por ser mediciones de dos años diferentes, pero estimando que los cambios en el IDG son
mínimos en el corto plazo, se pueden deducir las siguientes evidencias:
a) En los Departamentos más pobres el IDG es más bajo que en los Departamentos menos
pobres.
b) Los tres Departamentos en que el IDG es más alto
(cercano al 0.70 y hasta el 0.78):
Cortes,
Francisco Morazán e Islas de la Bahía, son asimismo los que tienen un menor nivel de
incidencia de la pobreza, sobretodo el Departamento de Cortés en el que se encuentra la
ciudad de San Pedro Sula (cabecera Departamental) que tiene el mayor nivel relativo de
desarrollo del país, con un fuerte desarrollo de la industria agropecuaria, el sector de
servicios y la maquila de vestuario. En orden de importancia sigue el Departamento de
Morazán, en el que se encue ntra la capital del país Tegucigalpa y finalmente las Islas de la
Bahía, sobre las cuales no se cuenta con datos sobre incidencia de la pobreza, pero que
ostenta el desarrollo más alto del IDG, cercano al 0.800, constituida por población
autóctona afrocaribeña e indígena y migrantes de diversas nacionalidades que viven
fundamentalmente del Turismo y la pesca.

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d) Resulta ilustrativo y desafiante para el análisis el hecho de que en la mayoría de los
Departamentos con mayor incidencia de la pobreza, el Indice de Desarrollo de Género,
mejoró entre 1998 y el 2002, aunque la pobreza se mantuviera igual o incluso se hubiera
profundizado y extendido. Esta particularidad parece desprenderse de la forma en que está
construido el Indice en que se ponderan el Indice de Educación, el Indice de Salud y el
Indice del PIB per cápita, por tanto esta mejoría esta reflejando avances en las áreas de
salud y educación -como veremos más adelante- y una mejoría relativa en la brecha de
ingresos entre hombres y mujeres, que en ningún momento debe perder de vista, que se
trata de disminuciones de brecha al interior de la pobreza para la población mayoritaria de
ambos sexos. Dicho de otra forma es una disminución de brechas de ingresos y una
mejoría del IDG en condiciones de exclusión social mayoritaria.
En opinión del PNUD, Honduras
14
: "Las mejoras registradas por Honduras en el IDG
presentan un comportamiento muy similar a la de muchos otros países del mundo, ya que
los principales progresos se registran por los mayores logros de las mujeres en el área de
la salud, la educación y el principal retraso se revela en la disparidad de los ingresos
entre ambos sexos (PNUD, 1998 y 2002).
La persistencia de las asimetrías laborales entre hombres y mujeres que poseen
competencias educativas similares, tanto a nivel de ingresos como de la segmentación del
mercado laboral, es una de las evidencias más concretas de la discriminación por género
en el trabajo. En ese sentido es pertinente examinar algunos indicadores sociales
desagregados por género.
4.
Dimensiones sociales relevantes para comprender la situación social de las
mujeres
4.1 Fecundidad :
Las mujeres hondureñas han venido incrementando aceleradamente su participación en el
mercado de trabajo, a pesar de las altas tasas de fecundidad en el país, que si bien han
venido disminuyendo paulatinamente, siguen estando hoy por hoy entre las más altas de la
región. En las áreas rurales, justamente donde la incidencia de la pobreza es más crítica, la
tasa de fecundidad es mucho mayor que en las áreas urbanas. Asimismo a nivel nacional
se observa que la tasa de fecundidad es dos veces mayor en las mujeres con los menores
niveles de instrucción en relación con las mujeres con un nivel de instrucción alto.
14
PNUD, Honduras Informe de Desarrollo Humano 2002, Tegucigalpa.

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CUADRO 4
HONDURAS TASA GLOBAL DE FECUNDIDAD POR NIVEL DE INSTRUCCIÓN DE LA MADRE
Y AREA DE RESIDENCIA
Nivel de Instrucción
Area de Residencia
Sin
instrucción
Bajo
Medio
Alto
Urbana
Rural
1991-1992
7.0
6.4
4.9
3.1
3.9
6.5
1996
7.1
6.1
4.8
2.9
3.5
6.3
Fuente: Belkys Mones y José Miguel Guzmán, “Pobreza e inequidad de género: salud y derechos sexuales
y
reproductivos en América Latina Y el Caribe". FNUAP, Nueva York, 1997.
4.2 Educación
En el Cuadro 5, se evidencia que el promedio de años de instrucción de las mujeres en la
década del 90 es superior al de los hombres, tanto a nivel urbano como rural, con la
particularidad, esperable por lo demás, de que la población rural tiene la mitad de años de
instrucción que la población urbana, para ambos sexos.
CUADRO 5
HONDURAS PROMEDIO DE AÑOS DE ESTUDIO DE LA POBLACIÓN
ECONOMICAMENTE ACTIVA DE 15 AÑOS Y MÁS POR SEXO Y AREA DE
RESIDENCIA
Promedio de años de instrucción
Ambos sexos
Hombres
Mujeres
URBANA
1990
6.5
6.4
6.8
1994
7.1
7.1
7.2
1999
7.2
7.1
7.4
RURAL
1990
2.9
2.8
3.4
1994
3.8
3.6
4.7
1999
3.8
3.6
4.4
Fuente:
CEPAL, CELADE, Unidad Mujer y Desarrollo Cepal, América Latina y el Caribe, Indicadores
seleccionados con una perspectiva de género, Doc. No 70, Santiago, Chile, julio 2002
A un nivel de desagregación mayor se presentan datos que permiten visualizar la situación
de la población pobre y no pobre en 1999, que completó 6 años de estudio.
CUADRO 6
HONDURAS : POBLACIÓN DE 14 Y 15 AÑOS DE EDAD QUE COMPLETO 6 AÑOS DE
ESTUDIO POR CONDICION DE POBREZA Y AREA DE RESIDENCIA
1999
Total
Pobres
No pobres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Urbana
72.1
78.7
67.3
74.0
89.3
89.6
Rural
49.8
45.4
75.8
42.9
67.0
67.0
Fuente:
CEPAL, CELADE, Unidad Mujer y Desarrollo Cepal, América Latina y el Caribe, Indicadores
seleccionados con una perspectiva de género, Doc. No 70, Santiago, Chile, julio 2002

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Esta población que en 1999 tenía entre 14 y 15 años y que en el 2003, ya tiene, o tendrá,
18 años y por lo tanto en un gran porcentaje estará incorporada o con la expectativa de
incorporarse al mercado de trabajo, presenta las siguientes características:
a) Más mujeres pobres
(7 puntos de porcentaje)
del área urbana han completado 6 años de
estudio que hombres en la misma área y condic ión de pobreza. En el área rural es a la
inversa y menos mujeres pobres habían completado esos años de estudio que los hombres,
en igual condición, por un amplio margen de 33 puntos de porcentaje.
b) A nivel de la población no pobre, la situación se homogeniza e independientemente del
área de residencia y del sexo, los porcentajes de logro educativo formal son similares, aun
cuando siguen siendo sensiblemente bajos para ambos sexos en el área rural.
Considerando que el haber completado seis años de estudio es únicamente un mínimo de
educación para el desempeño de trabajos que requieran operaciones básicas de
lecto/escritura y de aritmética elemental, es necesario ampliar los datos para conocer el
nivel educativo, más allá de la educación primaria.
En el siguiente Cuadro se observa la distribución por sexo, área y años de instrucción, de la
población hondureña durante la década del noventa.
Las tendencias son las siguientes:
A nivel urbano: Las mujeres que completaron entre 10-12 años y 13 y más años de
instrucción (o sea educación secundaria, post secundaria no universitaria y universitaria
completa o incompleta en los diferentes niveles), son porcentualmente más que los
hombres en la misma situación.
A nivel rural la situación presenta otras características: Se ha reducido el porcentaje para
ambos sexos que tienen entre 0-5 años de instrucción, lo que podría estar evidenciando
dos situaciones: por un lado un recrudecimiento del analfabetismo total y funcional o por
otro un movimiento de la población hacia el siguiente tramo de instrucción. En contraste
se observa un incremento sostenido para ambos sexos en la década de un de casi 10 puntos
porcentuales en la población que tiene entre 6-9 años de instrucción, (teóricamente
educación primaria completa y secundaria incompleta). El incremento se duplica para
ambos sexos a nivel de la población que tiene entre 10- 12 años de estudios (o sea que casi
ha concluido la educación secundaria o la tiene concluida). El comportamiento de las
tendencias de la población rural con 13 años y más de educación, se mantiene casi sin
cambios durante estos diez años.
La pregunta que se desprende es: ¿ Qué tipo de empleo se puede fomentar en el sector
rural de cara al nivel educativo de la educación?

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Las respuestas pueden ser muchas, pero lo que sí resulta evidente es que existe un esfuerzo
sostenido en el tiempo por incrementar la cobertura educativa, el gran tema una vez más
alude a la calidad y la orientación de esa educación en términos de las habilidades y
destrezas que entrega a los educandos. Pareciera evidente que la respuesta a esta pregunta
pasa por la definición de una imagen de país que se quiere lograr y un mapeo de las
ventajas comparativas de cada zona en términos de fomento a la inversión productiva y los
encadenamientos previsibles entre ese tipo de inversión y el nivel educativo y las
características etno-culturales de la fuerza de trabajo. Desde esta perspectiva, resulta
totalmente coherente que la estrategia para la reducción de la pobreza del país, enfatice la
inversión social en educación y salud y la generación de empleo intensivo, por ejemplo en
la construcción de infraestructura, como paso preliminar para posibilitar otros niveles de
desarrollo en el país. Pero el problema va más allá de focalización de las respuestas en el
corto plazo y requiere de un esfuerzo de inversión social con la mira puesta en el mediano
y largo plazo.
Finalmente al comparar el nivel de instrucción de la población urbana con la población
rural, surge con toda su desnudez la enorme brecha de exclusión entre ambas áreas: la
población de ambos sexos que tiene entre 10 y 12 años de instrucción a nivel rural es
cuatro veces inferior a la población urbana y 5 veces inferior en el tramo de 13 y más
años de instrucción.
CUADRO 7
HONDURAS : POBLACIÓN URBANA Y RURAL DE 15 A 24 AÑOS DE EDAD, POR
SEXO Y AÑOS DE INSTRUCCIÓN
Años de Instrucción
0-5
6-9
10-12
13 y más
URBANA
Hombres
1990
23.8
57.3
14.6
4.3
1994
21.4
56.2
15.9
6.5
1999
17.7
58.8
18.5
5.0
Mujeres
1990
24.2
54.4
15.9
5.5
1994
19.8
56.0
19.5
5.6
1999
15.2
56.7
21.1
7.1
RURAL
Hombres
1990
60.2
38.2
1.6
0.1
1994
48.2
47.9
3.5
0.4
1999
46.7
49.0
4.2
0.1
Mujeres
1990
55.0
41.5
3.1
0.4
1994
43.4
50.8
5.3
0.4
1999
44.2
49.2
6.3
0.4
Fuente:
CEPAL, CELADE, Unidad Mujer y Desarrollo Cepal, América Latina y el Caribe, Indicadores
seleccionados con una perspectiva de género, Doc. No 70, Santiago, Chile, julio 2002

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4.3 Familia
En Honduras, al igual que en el resto de los países de la región se ha ido incrementando el
porcentaje de mujeres jefas de familia. Para 1999, estos porcentajes alcanzaron un 30% en
las áreas urbanas y un 22% en las áreas rurales. Llama la atención que el porcentaje de
jefas de hogar en los hogares extensos y compuestos (donde habitan en diferentes
combinaciones, hijos, abuelos, hermanos, tíos, padrinos y madrinas de ambos sexos), la
jefatura de hogar femenina está 10 puntos por ciento por encima del promedio total,
aunque representa como es obvio y esperable la mitad de los hogares con jefatura femenina
de tipo nuclear.
CUADRO 8
HONDURAS : PORCENTAJE DE HOGARES ENCABEZADOS POR UNA MUJER POR TIPO DE
HOGAR Y AREA DE RESIDENCIA
1999(porcentajes)
Total
Unipersonal
Nuclear
biparental
Nuclear
Monoparenta
l
Extenso y
Compuesto
Urbana
30.3
35.5
2.5
91.8
40.8
Rural
21.7
47.7
1.2
86.0
29.6
Fuente:
CEPAL, CELADE, Unidad Mujer y Desarrollo Cepal, América Latina y el Caribe, Indicadores
seleccionados con una perspectiva de género, Doc. No 70, Santiago, Chile, julio 2002
El tema de la definición de la Jefatura Femenina en los Hogares, es un asunto complejo y
muy sesgado por la forma en que están formuladas las preguntas en las Encuestas de
Hogares y por la forma en que estas preguntas se aplican a los diferentes grupos
poblacionales.
En este sentido se han hecho esfuerzos por distinguir las jefaturas de hogar femeninas "de
jure", o sea aquellas jefaturas en que las mujeres se autoidentifican como Jefas de Hogar,
de las Jefaturas de Hogares " de facto", o sea aquellas Jefaturas que vienen dadas porque la
mujer es la proveedora económica principal. Si bien esta distinción no tendría porque tener
mayor relevancia en condiciones de equidad de género, sí la tiene en países en que
predomina la visión del hombre como proveedor principal de las necesidades de la
familia.
En el siguiente Cuadro se observa que al incorporar los indicadores sobre la primacía del
aporte económico de las mujeres al hogar, el porcentaje de hogares a nivel nacional que
tienen como ingreso principal los aportes de las mujeres, se incrementa en 6 puntos.
CUADRO 9
HONDURAS. COMPARACIÓN DE LA MAGNITUD DE LOS HOGARES CON JEFATURA
FEMENINA (DE JURE) CON LOS HOGARES DONDE LA MUJER ES LA APORTANTE
ECONOMICA PRINCIPAL (DE FACTO ) 1/
1999 (porcentajes)
Hogares con una mujer como
principal aportante de facto
Hogares con Jefatura femenina de
jure
Diferencia
porcentual
36
30
+6
CEPAL, sobre la base de tabulaciones especiales de la Encuesta de Hogares
1/ Total Nacional.

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Como un último dato de esta breve caracterización de los hogares por tipo de jefatura, se
observa en el Cuadro siguiente: un incremento de 4 puntos porcentuales en la década del
90 en el total de hogares con jefatura femenina. Y asimismo se verifica que las jefaturas
femeninas en hogares indigentes, están por encima del promedio total y que la jefatura
femenina en hogares pobres se incrementó en 9 puntos porcentuales en el período
considerado.
CUADRO 10
HONDURAS : PORCENTAJE DE HOGARES ENCABEZADOS POR MUJERES, POR ESTRATO DE
POBREZA, AREA URBANA
1990-1999 (porcentajes)
Total Hogares con Jefatura Femenina
Indigentes
Pobres
No Pobres
1990
26.6
35.4
21.2
21.4
1994
25.0
28.0
25.0
21.0
1997
29.2
31.9
27.7
27.5
1999
30.3
32.2
30.4
28.1
Fuente:
CEPAL, CELADE, Unidad Mujer y Desarrollo Cepal, América Latina y el Caribe, Indicadores
seleccionados con una perspectiva de género, Doc. No 70, Santiago, Chile, julio 2002
Desde un enfoque antropológico, la familia se analiza como un fenómeno histórico
sociocultural y multideterminado. En este sentido no sería adecuado tratar de establecer
una relación mecánica entre nuclearidad monoparental de las familias y pobreza y además
ese enfoque estaría en contradicción con los datos que señalan el incremento de las
jefaturas de hogar femeninas en los hogares que no sufren de pobreza. (
7 puntos porcentuales en
la década).
No obstante lo anterior es evidente que resulta un reto redoblado tratar de
remontar la pobreza, cuando la fuente de ingresos para el hogar es femenina y es solo una,
porque en forma casi abrumadora esos ingresos son menores que los de los hombres jefes
de hogar en las mismas condiciones.
Una pregunta, para la cual no se dispone de información es: ¿ Cómo se distribuyen los
ingresos al interior de las unidades familiares por sexo, por edad, por tipo de familia, por
etnia o raza y por nivel educativo? La respuesta a esa pregunta nos permitiría
comprender mucho mejor la dinámica de la exclusión social por razones de género.
Como pista parcial, pero de alguna forma indicativa, existe evidencia empírica de los
porcentajes de hogares en donde, las mujeres son la fuente principal de ingresos, como se
observa en el siguiente Cuadro en que a nivel de un 18% los hogares nucleares biparentales
urbanos (padre, madre, hijos) , la mujer es quien más aporta al ingreso familiar.
CUADRO 11
HONDURAS : HOGARES EN LOS QUE LA MUJER ES QUIEN
MÁS APORTA AL INGRESO FAMILIAR, POR TIPO DE HOGAR Y ÁREA DE RESIDENCIA
(Porcentaje del total de hogares 1999)
Area de
residencia
Total
unipersonal
Nuclear
biparental
Nuclear
monoparental
Extenso y
compuesto
URBANA
36
18
77
43
RURAL
22
10
55
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Fuente:
CEPAL, CELADE, Unidad Mujer y Desarrollo Cepal, América Latina y el Caribe, Indicadores
seleccionados con una perspectiva de género, Doc. No 70, Santiago, Chile, julio 2002
Es un lugar común afirmar y así además lo evidencias las cifras, que las mujeres pobres
son las más pobres entre los pobres y a esta pobreza se suma el peso creciente de los
hogares encabezados por mujeres que en el caso de Honduras y a nivel urbano, y rural
representaron en 1999 un tercio y casi un cuarto correspondientemente, del total de
hogares.
La pobreza es un fenómeno que sintetiza factores de tipo económico, sociales,
históricos y culturales. La pobreza de género tiene además otras improntas como son la
edad, el área en que se habita, la etnia o raza a la que se pertenece, las creencias que se
practican, el tpo de cultura e idiosincracia hegemónica.
15
La desigualdad en las condiciones laborales y en la distribución de los frutos del trabajo, es
un fenómeno que trasciende la lógica económica y que se relaciona no solo con los niveles
de ingreso y salariales y las brechas, que de los mismos se derivan; sino que es incluyente
de otras dimensio nes, como son la existencia y aplicación real de las leyes laborales, la
existencia y el acceso real a la protección social, la existencia de una oferta educativa y
de capacitación o formación que responda a la demanda del mercado de trabajo no solo
en el corto plazo, sino que en el mediano y en el largo plazo, para lo cual se requiere no
solo una tasa de crecimiento sostenido, sino que también de un fuerte vínculo entre la
política económica y social del Estado, que redireccione el gasto social como una
herramienta que trascienda el corto plazo.
En el caso de Honduras existe un esfuerzo importante en el último quinquenio para dar
contenido normativo y operativo a una política de equidad entre los géneros, que permita
superar en las próximas décadas, la persistencia de los roles femeninos estereotipados
ligados a la reproducción, como responsabilidad histórica de las mujeres, así como la
limitación objetiva de oportunidades que significa el desgaste físico y emocional de la
doble jornada de trabajo, sobretodo en condiciones de precariedad económica. El
problema al igual que en el resto de América Latina ha sido la incapacidad de
transversalizar y operacionalizar esa política en todas las esferas interconectadas de la
realidad como totalidad concreta y no como discurso fragmentado.
4.4 Relación de dependencia y el trabajo no pago de las mujeres
La población de 60 años y más, tiene una relación de dependencia que es relativamente
muy baja, lo que sugiere dos fenómenos: que ésta población se mantiene trabajando y
generando ingresos mucho más allá de la edad esperada de jubilación (65 años en
promedio) y que esta extensión de la vida laboral se relaciona con la precariedad de los
15
Honduras es un país multiétnico y multiracial, hoy por hoy habitan el territorio nacional 492,859 indígenas
y afrocaribeños que pertenecen por orden de importancia a los pueblos garífunas, lenca, isleños de las
Islas
de la Bahía, miskitos, tolupanes, chorti, pech, tawanka y nahoa.

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sistemas de pensiones en el país. En el caso de las mujeres, investigaciones exploratorias
hechas en el país, parecen indicar que una de las estrategias de sobrevivencia, que además
responde a patrones culturales, es que las mujeres mayores, " las abuelas y tías " se
dediquen al cuido de menores y a la atención reproductiva general en los hogares de las
mujeres que trabajan,
16
y que no pueden costear los salarios de las trabajadoras
domésticas
CUADRO 12
HONDURAS: RELACIÓN DE DEPENDENCIA
TOTAL DE LA NIÑEZ Y DEL ADULTO MAYOR; POR EDAD Y ÁREA DE RESIDENCIA
1970-2000
Relación por cien
Urbana
Rural
Total
90.4
82.5
75.4
118.2
112.2
101.6
0 - 14
82.4
74.2
66.4
109.4
102.6
91.1
60 y más
8.0
8.3
9.0
8.8
9.7
10.5
Fuente:
CEPAL, CELADE, Unidad Mujer y Desarrollo Cepal, América Latina y el Caribe, Indicadores seleccionados
con una perspectiva de género, Doc. No 70, Santiago, Chile, julio 2002
.
En el Cuadro 13, se observa que para 1997, las mujeres jubiladas y pensionadas eran
menos de la mitad de los hombres en la misma condición, tanto en el área urbana como en
la rural. Asimismo se observa que las jubilaciones en el área rural son prácticamente
irrelevantes y el área urbana muy bajas. Inferiores en todos los rangos de edad a un 16%.
CUADRO 13
HONDURAS PERCEPCIÓN DE INGRESOS POR JUBILACIONES Y PENSIONES
DE LA POBLACIÓN
DE ADULTOS MAYORES, POR SEXO, GRUPOS DE EDAD Y ÁREA DE RESIDENCIA EN
PORCENTAJES
1997
URBANA
RURAL
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
60 y más
13
5
2
1
60-64
9
3
1
2
65-69
12
7
3
1
70 y más
15
4
3
1
Fuente:
CEPAL, CELADE, Unidad Mujer y Desarrollo Cepal, América Latina y el Caribe, Indicadores
seleccionados con una perspectiva de género, Doc. No 70, Santiago, Chile, julio 2002
Los ingresos por jubilaciones y pensiones corresponden al total de ingresos por transferencias de
aquellas personas que en la Encuesta de Hogares se declaran como jubilados y pensionados
Estos datos al ser relacionados con la cobertura de la seguridad social en relación con la
PEA, adquieren otros significados porque, para 1998 año sobre el cual contamos con
datos confiables, del total de 745.806 trabajadores asegurados, fueron cotizantes activos un
porcentaje de 12.3% hombres y un 21.6% mujeres, lo que refleja una diferencia
porcentual importante en la cotización de mujeres, lo que no modifica la realidad del bajo
nivel de cobertura, un 15% de la población económicamente activa para ese año.
Considerando ambos datos : pensiones y cotizaciones por sexo, se hace evidente una
16
OIT, Proyecto Maquila, " Las trabajadoras de la maquila en Honduras", Tegucigalpa, 2000.

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brecha de género negatitava para las mujeres en lo relativo a las pensiones por un lado y
una brecha positiva en lo relativo a las cotizaciones. Estas tendencias pueden estar
sugiriendo entre otras causas : la discontinuidad en las trayectorias laborales de las
mujeres en el sector formal, que es en donde se genera la cotización regular a la seguridad
social.
17
4.5 El trabajo doméstico no pagado en los hogares
En Honduras, al igual que en el resto de los países de América Latina, son las mujeres las
que asumen, casi exclusivamente, el trabajo reproductivo doméstico en los hogares. En el
siguiente Cuadro y con fines extrictamente ilustrativos, se observa que entre 1990 y 1997
ha disminuido el porcentaje de mujeres entre 20-64 años y que ésta disminución es mucho
más pronunciada en el 20 de hogares más pobres, lo que parece relacionarse con la
dinámica de la incorporación de las mujeres al mercado de trabajo. Estos datos pueden ser
también interpretados, como que la disminución de la dedicación exclusiva a las tareas
reproductivas del hogar, tiene como correlato una mayor extensión de la doble jornada (
productiva y reproductiva) para la población femenina incorporadas al mercado de trabajo.
CUADRO 14
Honduras: personas de 20 a 64 años dedicadas exclusivamente al trabajo doméstico por
cada 100 activos/as en las zonas urbanas
En todos los Hogares
En el 20% de hogares más pobres
Alrededor
1990
Alrededor
1997
1997-1990
Alrededor
1990
Alrededor
1997
1997-1990
36.2
28.6
-7.6
55.7
47.1
-8.6
Fuente:
CEPAL, CELADE, Unidad Mujer y Desarrollo Cepal, América Latina y el Caribe, Indicadores seleccionados
con una perspectiva de género, Doc. No 70, Santiago, Chile, julio 2002
5.
La incidencia de la distribución del ingreso global del país (PIB) sobre el empleo
de hombres y mujeres
En los últimos 20 años Honduras, al igual que el resto de los países centroamericanos ha
ido modificando su patrón de desarrollo basado preferentemente en la exportación de
productos tradicionales y en la industrialización sustitutiva de importaciones hacia un
modelo cada vez más abierto y liberalizado de comercio y atracción de capitales
internacionales. En la década de 1980 todas las economías de la región ven incrementarse
su deuda externa, lo que precipita el final del modelo de sustitución de importaciones y una
reducción en términos reales del producto interno bruto (PIB) por habitante. En el
siguiente Cuadro se puede observar que durante las décadas del ochenta y noventa el
17
Los datos de cobertura para 1998 son parte del diagnóstico de la seguridad social en Honduras, que
coordina Sergio Velasco, especialista en seguridad social, ETM/OIT, San José.

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Proyecto Género, Pobreza y Empleo, OIT
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PIB/per cápita en Honduras, no muestra una tendencia creciente hacia la mejoría, por el
contrario hay años en los que muestra un claro deterioro. Incluso veinte años después
(1979-1999) el incremento del PIB/per capita es de un escueto 1.52 puntos porcentuales.
CUADRO 15
HONDURAS INDICE DEL PRODUCTO INTERNO BRUTO POR
HABITANTE EN DOLARES INTERNACIONALES
( Año en que se alcanzó en nivel máximo después de 1950=100)
1979
100.00
1980
97.62
1981
96.97
1982
92.83
1983
89.85
1984
91.01
1985
95.58
1986
90.96
1987
93.89
1988
96.67
1989
97.46
1990
94.70
1991
94.50
1992
97.27
1993
101.21
1994
96.61
1995
97.62
1996
98.78
1997
101.21
1998
102.67
1999
98.48
Fuente : CEPAL LC/MEX/L.539, agosto del 2002
Sobre la base de cifras de A.Madison (2001), The World Economy. A millenial
Perspective, OCDE, Paris, 2001.
Como una paradoja aparente y solo aparente, durante estos veinte años Honduras es el
país de la región que muestra un mayor dinamismo en la generación de empleo. Entre
1980 y 1999, la ocupación total creció en esta economía a una tasa anual promedio de 4.6
%, la más alta de América Central. Esta tasa es superior incluso a la de Panamá y Costa
Rica donde el peso del sector formal en el empleo es mayor que en los otros países.
CUADRO 16
AMÉRICA CENTRAL: TASAS DE CORTO, MEDIANO Y LARGO PLAZO EN EL CRECIMIENTO DEL
EMPLEO
(Variación Anual Promedio)
Costa
Rica
El
Salvador
Guatemal
a
Honduras
Nicaragua Panamá
Tasas de corto plazo
1980-1985
2.67
-1.56
0.41
2. 28
3.04
4.97
1985-1990
4.23
8.63
2.52
7.51
3.59
2.23
1990-1995
1.03
1.05
1.04
1.04
1.02
1.04
1995-1999
2.71
3.73
2.81
4.23
6.67
2.65
Tasas de mediano plazo
1980-1990
3.45
3.41
1.46
4.86
3.31
3.59
1990-1999
2.76
4.41
3.38
4.33
4.25
3.60

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Tasas de largo plazo
1980-1999
3.12
3.88
2.36
4.61
3.75
3.59
Fuente: CEPAL, sobre la base de cifras oficiales en: LC/MEX/L.539, agosto del 2002
En un estudio realizado por la CEPAL
18
, se estimaron los coeficientes de correlació n entre
la población ocupada y el PIB en Centroamérica y México.
Los resultados muestran que en el caso de Honduras esta correlación es muy elevada,
como se deduce del hecho de que el coeficiente en las distintas décadas se aproxima a
100%
CUADRO 17
1980-1999
1980-1999
1990-1999
HONDURAS : COEFICIENTES DE
CORRELACIÓN ENTRE EL EMPLEO
Y EL PIB
0.99
0.95
0.97
Fuente: CEPAL, sobre la base de cifras oficiales. p31
El efecto anterior desaparece cuando se calcula la variación porcentual entre las tasas de
crecimiento del PIB y del Empleo, y en este segundo caso se hace evidente que no existe
una asociación significativa entre el coeficiente de empleo y el PIB y que incluso esta
asociación ha resultado negativa en el caso de Honduras en el período entre 1990-1999.
CUADRO 18
1980-1999
1980-1999
1990-1999
HONDURAS : COEFICIENTES DE
CORRELACIÓN ENTRE LAS TASAS DE
CRECIMIENTO DEL EMPLEO Y DEL PIB
0.16
0.40
-0.43
Fuente: CEPAL, sobre la base de cifras oficiales. p33
De acuerdo con el análisis de la CEPAL:
"La disociación entre estas tasas de crecimiento parece estar expresando el proceso
de expansión de la informalidad en las economías regionales. En vista de que los
movimientos del PIB no reflejan el tránsito de la población hacia el empleo informal
cuando la actividad económica pierde impulso. Lo anterior parece sugerir que ante
una caída del producto la tasa de crecimiento del empleo puede elevarse (incluso
rápidamente) sin que ello se exprese en las cifras del empleo formal. En este sentido,
podría plantearse que la ocupación no sigue fielmente la evolución cíclica del
producto debido a la existencia de un sector informal que opera como un
estabilizador automático del ciclo laboral y que, por consiguiente, la variabilidad del
empleo formal sobrerreacciona a los movimientos de la producción."
19
18
CEPAL, Estilos de Desarrollo y Mutaciones del Sector Laboral en la Región Norte de América Latina,
LC/MEWX/L.539, agosto del 2002.
19
CEPAL, IBID, LC/MEX/L.539

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34
Esta hipótesis es consistente con la inestabilidad e insuficiencia del PIB en los años
noventa y el acelerado crecimiento del sector informal en Honduras que actúa como un
mecanismo de absorción de toda esa fuerza de trabajo que no encuentra empleo en el
sector formal. Este mecanismo de absorción es a su vez un mecanismo de reproducción de
la pobreza, en tanto que son mínimas las actividades que se desarrollan en el sector
informal capaces de generar excedentes de acumulación de capital y por ende de
crecimiento económico. La naturaleza de la mayoría de las actividades del sector informal
y en forma más acentuada, en las que se inserta la fuerza de trabajo femenina son
estrategias de sobrevivencia, insuficientes incluso para adquirir los bienes de la canasta
básica alimentaria.
20
Una tendencia notable por su magnitud en Honduras y que va más allá de un fenómeno
económico porque involucra una tendencia hacia la transformación social y cultural en el
ámbito de las relaciones sociales y laborales, es la acelerada incorporación de las mujeres
al mundo laboral. Independientemente de la precariedad de la situación laboral y de los
impactos físicos y emocionales negativos de la doble jornada de trabajo (productivo y
reproductivo), las mujeres están viviendo, sobretodo las más jóvenes, complejos procesos
de autonomía que son imprescindibles para el ejercicio de una ciudadanía plena.
5.1 Tendencias en la distribución del ingreso por sexo en Honduras.
La relación entre los niveles de ingreso de mujeres vis a vis los ingresos de los hombres es
un indicador síntesis de la brecha de género y expresa tanto el grado en que ellas acceden
al mercado laboral, a la propiedad y a las transferencias, como los niveles monetarios que
obtienen en relación con la situación de los hombres. El valor del indicador tenderá a 100
en la medida en que los ingresos de las mujeres sean equivalentes a las de los hombres en
la misma condición ocupacional, ya sea por rama de actividad, tipo de ocupación o sector
de la economía.
21
En el Cuadro 19, se observa el comportamiento de las tendencias a nivel agregado:
a) En el período considerado (1995-1999) La brecha de ingresos muestra una tendencia a
disminuir para todas las trabajadoras, independientemente de su nivel educativo.
20
Ver del Cid Miguel, OP.CIT, 2000
21
Ingreso global por mujer / ingreso global por hombre
Definición ingreso global por sexo: ingresos generados por mujeres (o por hombres) dividido por el número total de
mujeres (o de hombres) de todas las edades.
Indicador: relación porcentual entre el ingreso global por mujer y el ingreso global por hombre.
Concepto de ingreso: ingreso distribuido a los hogares, que proviene de las encuestas de hogares y que incluye las
remuneraciones del trabajo, las rentas y las transferencias. Se excluyen los ingresos por arriendo imputado de la
vivienda propia habitada. CIET, Ginebra 2002.

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35
b) La excepción, que llama la atención es la brecha de ingresos de las mujeres con tercer
nivel educativo NO universitario en su primera fase, o dicho de otra forma: mujeres que
han recibido algún tipo de capacitación, cuyos ingresos son poco menos que la mitad de
los de los hombres con el mismo nivel educativo.
Surgen aquí dos preguntas, para las cuales se tratará de encontrar respuesta a lo largo del
Estudio:
a) ¿ Cuál es el real significado de la disminución de estas brechas de ingresos, en términos
de superación de los sesgos discriminatorios por género?.
b) ¿ En qué medida se relaciona esta disminución con la participación en el ingreso total
del país de los hogares, desagregado por sexo y diferenciando el nivel nacional, el urbano
y el rural?
CUADRO 19
Honduras: Brechas de Ingresos Promedio de las Mujeres con respecto a los Hombres a
nivel nacional de la población que trabaja 40 horas o más por semana por nivel educativo y años
seleccionados
Ingresos promedio en lempiras y brechas en porcentajes
Año
Sexo y
Brecha
Menos de
Primer Nivel
Primer
Nivel
Secundari
a
1 Fase
Secunda
ria 2
Fase
3er Nivel,
No Univers
1° Fase
3er Nivel
Universr, 1°
Fase
3er Nivel
Univers,
2° Fase
Hombres
314
761
1138
1973
2245
4595
4671
Mujeres
192
607
685
1535
1831
2813
2293
1995
Brecha %
61.2
79.7
60.2
77.8
81.6
61.2
49.1
Hombres
451
814
1051
1848
3757
5719
5680
Mujeres
639
593
2240
1356
3409
4351
5178
1996
Brecha %
141.6
72.8
213.2
73.4
90.8
76.1
91.2
Hombres
434
797
1101
1971
2483
5403
6379
Mujeres
342
644
940
1666
3390
4307
4871
1997
Brecha %
78.7
80.8
85.4
84.5
136.6
79.7
76.4
Hombres
506
967
1645
2445
5134
4901
5060
Mujeres
445
792
1165
2071
3611
4697
5132
1998
Brecha %
87.9
81.9
70.8
84.7
70.3
95.8
101.4
Hombres
577
1079
1893
2841
8881
5429
5117
Mujeres
517
955
1263
2417
4376
5364
4158
1999
Brecha %
89.6
89.3
66.7
85.1
49.3
98.8
81.3
Fuentes: OIT/ETM -SIAL; OIT/LABORSTA DE LA OIT; OIT/ICMT : Base de Indicadores Clave del Mercado
de Trabajo; REGADM: Registros Administrativos del País; OFF: Publicaciones Oficiales de las Encuestas de
Honduras.
Notas: Menos de Primer Nivel: Educación Primaria incompleta; Primer Nivel: Primaria completa; Secundaria 1 Fase:
Terminada la 1 fase de secundaria (CINE, cat 2); Secundaria 2 Fase: Terminada la educación secundaria ( CINE, cat 3)
Tercer Nivel no universitario 1 fase; Universitario 1 fase; Universitario 2 fase:

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Proyecto Género, Pobreza y Empleo, OIT
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5.2 La sincronía entre nivel educativo y pobreza
En el Cuadro 20, se observa, como tendencia general, que la mayoría abrumadora de los
hombres y de las mujeres con menos de un año de estudios, con educación primaria o con
estudios a nivel de secundaria incompleta ganan menos de lo necesario para cubrir el costo
de la canasta básica alimentaria.
Pero aun en estos niveles de magnitud, las mujeres muestran mayores porcentajes de
inaccesibilidad a la canasta básica alimentaria en todos los años seleccionados y para esos
niveles bajos y relativamente bajos niveles educativos.
CUADRO 20
HONDURAS: TASA DE OCUPADOS TRABAJANDO 40 HORAS O MÁS POR SEMANA, GANANDO MENOS
DE LO NECESARIO PARA CUBRIR LA CANASTA BASICA ALIMENTARIA POR NIVEL EDUCATIVO Y
SEXO PARA LOS AÑOS 1995 -1997- 1999
(porcentajes a nivel nacional)
Año
Sexo
Menos de
un año
Primer
Nivel
Secundar
ia 1
Fase
Secundar
ia 2
Fase
3er
Nivel,
No
Univers
1° Fase
3er Nivel
Universr,
1° Fase
3er
NivelUni
vers, 2°
Fase
Desconoc
ido
Total
98
93.4
81.3
59.5
27.6
27.7
27.9
48
Masc
97.6
91.5
78.8
56
23.1
31.6
26.5
42.7
1995
Fem
99.6
98.2
86.4
63.8
35.1
21.2
33.3
64
Total
98.1
94.5
87.7
70.2
44.1
25.3
40.5
74.9
Masc
97.7
92.9
84.6
68
47.4
28.9
41.8
72.9
1997
Fem
99.3
98.1
93.3
72.3
29.4
20.4
36.1
81.3
Total
96.6
90.8
77.4
52.6
18.8
37.9
41.9
53.3
Masc
96.2
89
72
50.2
14.5
38.8
50.5
41.2
1999
Fem
98
94.5
86.5
55
28.6
36.5
24.9
100
Fuente: OIT, Base de Datos Laboral, Indicadores Trabajo Decente, San José
Notas:
Total : todos los ocupados; Menos de un año: con menos de un año de educación; Primer Nivel: terminado el primer nivel
Secundaria, primera fase: segundo nivel primera fase; Secundaria, segunda fase: segundo nivel segunda fase; Tercer Nivel
No Universitario: Terminado el tercer nivel, grado no universitario; Tercer Nivel Universitario Primera Fase;
Tercer Nivel Universitario, Segunda Fase; Desconocido: No se conoce el nivel educativo
Como es previsible, a nivel general existe sincronía entre un mayor nivel educativo y el
mayor acceso a la canasta básica alimentaria. Pero incluso en los niveles educativos más
altos se encuentra un importante porcentaje de personas que no logra cubrir el costo de la
canasta básica alimentaria, lo que refleja que esa población está afectada por el subempleo
invisible y que en Honduras ya no es suficiente un mayor nivel de estudios, sino que
probablemente determinados tipos de estudio, porque en otros se puede estar dando una
sobreoferta laboral. De cualquier forma los porcentajes de poblacion, como veíamos al

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37
principio de este estudio con mayores niveles educativos son pequeños en comparación
con el resto.
En todos los niveles educativos pre-universitaarios, es mayor el porcentaje de mujeres
que no gana lo suficiente para cubrir sus necesidades básicas alimentarias, pero está
relación se torna inversa para los hombres con estudios universitarios incompletos.
Resulta por lo demás impactante que el 100% de las mujeres que trabajan 40 o más horas
por semana con nivel educativo desconocido, no logran ganar lo suficiente para cubrir el
costo de una canasta básica de alimentos.
Los indicadores analizados, revelan que en situaciones de aguda exclusión social ligada a
la pobreza, la disminución de las brechas de ingreso entre ambos sexos, no es un indicador
suficiente para comprender la dinámica de la exclusión social y de la exclusión por razones
de género. Es necesario además conocer el cuantum de esos ingresos en relación,
mínimamente, con la satisfacción de necesidades básicas y es además importante conocer
la participación de la población en el ingreso total del país.
5.3 Concentración y distribución del ingreso
El Cuadro siguiente, permite observar las tendencias en la distribución del ingreso como
parte del Ingreso Total. El 10% más rico de la población percibe en 1999 un 36.5% del
total de los ingresos, porcentaje que muestra una disminución de 6.6 puntos porcentuales
con respecto a 1990, lo que puede estar indicando que por la via del incremento de los
salarios mínimos se ha logrado algún avance en la distribución del ingreso. En el otro
extremo se encuentra el 40% de la población más pobre que solo percibe un 11,8 % del
total de los ingresos en 1999, lo que representa una mínima mejoría de 1.7 puntos
porcentuales, en términos de captación del total de ingresos, en relación con 1990.
CUADRO 21
HONDURAS : NIVEL Y DISTRIBUCIÓN DEL INGRESO DE LOS HOGARES POR PARTICIPACIÓN
EN EL INGRESO TOTAL
(PORCENTAJES)
Participación en el Ingreso Total del:
Año
Ingreso
Promedio
40%
más pobre
30%
siguiente
20%
anterior al
más rico
10%
más rico
1990
4.3
10.1
19.7
27.0
43.1
1997
4.1
12.6
22.5
27.3
37.7
1999
3.9
11.8
22.9
28.9
36.5
Fuente: CEPAL, Extracto Anexo Estadístico del Informe Social para América Latina, Cuadro 23,
2002, Santiago, Chile 2002
Teóricamente puede considerarse que la disminución de 6.6 puntos porcentuales del 10%
más rico entre 1990 y 1999 es un indicador de redistribución del ingreso total. Pero
asimismo es evidente que esta redistribución sigue siendo apenas un "goteo" para ese 40%
de hogares más pobres.

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Si relacionamos la distribución del ingreso total con los indicadores de las brechas de
ingreso por sexo, se hace evidente que las mujeres pobres se reparten en condiciones de
inequidad ese 11.8% de ingresos totales con los hombres en su misma situación de
pobreza. En el próximo punto veremos que las mujeres que trabajan en el sector informal
ganan, aproximadamente un 50% de los ingresos de los hombres en ese mismo sector.
5.4 Brechas de ingreso por género y por edad.
El análisis desagregado por edad de las brechas de ingreso, permite evidenciar otras
forma de exclusión laboral de las mujeres. En el siguiente Cuadro se observan las
siguientes tendencias:
CUADRO 22
HONDURAS: RELACION ENTRE INGRESOS PROMEDIO MUJER/HOMBRE
POR HORA SEGUN TRAMOS DE EDAD EN LOS SECTORES NO
AGRICOLAS. 1990-1999 (área urbana)
Sector Público
Total
Informales
Total
Formales
Total no agrícola
1990
20-24
1.27
0.46
1.06
0.69
25-39
1.03
0.44
0.98
0.61
40-60
1.40
0.42
1.03
0.55
1999
20-24
1.12
0.61
0.94
0.82
25-39
1.04
0.52
0.91
0.71
40-60
1.07
0.53
0.90
0.63
Fuente: OIT, con base en tabulaciones especiales de las Encuestas de Hogares de los
países.
a) Las mujeres que trabajaron en el sector público en los dos años considerados, recibieron
mejores ingresos promedio por hora, que los hombres ocupados en ese mismo sector,
aunque la tendencia parece indicar que la relación tiende a homologarse.
b) Las mujeres que trabajaron en el sector informal, ganaron en promedio por hora el 50%
de sus pares masculinos y las mujeres que trabajaron el sector formal tanto público como
privado ganaron un ingreso promedio en 1999 de entre un 90 a un 94 % del de los hombres
en ese mismo sector.
c) La relación entre los ingresos promedio mujer/hombre en todos los sectores es inferior
para las mujeres entre 40 y 60 años en relación con las mujeres entre 20 y 39 años.
d) A nivel del total del empleo no agrícola, las diferencias se observan con mayor claridad
tanto en la distancia de puntos porcentuales entre el ingreso promedio por hora
mujeres/hombres, como en la diferencia de puntos de las mujeres de mayor edad en
relación con las mujeres más jóvenes, siendo la relación desfavorable para las mayores de

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40 años.
Estos datos nos permiten vislumbrar la doble exclusión de las mujeres: por sexo
y por edad.
22
5.5 Brechas en los ingresos promedio en los sectores no agrícolas
En el Cuadro 23, se observan las brechas de ingresos promedio mujeres/hombres por hora
, por sector y por edad.
CUADRO 23
HONDURAS: RELACION ENTRE INGRESOS PROMEDIO MUJER/HOMBRE POR HORA SEGUN
TRAMOS DE EDAD EN LOS SECTORES NO AGRICOLAS. 1990-2000 (área urbana)
Total
Asal.
Privados
(nd)
Sector
Público
Total
Asal. (nd)
(priv.+
Público)
Cuenta
Propia
Patronos
Total
Informale
s
Total
Formales
Total no
agrícola
1990
20-24
1.00
1.27
1.12
0.55
0.24
0.46
1.06
0.69
25-39
0.77
1.03
0.97
0.43
0.56
0.44
0.98
0.61
40-60
0.96
1.40
1.26
0.42
0.34
0.42
1.03
0.55
1999
20-24
0.93
1.12
0.96
0.95
1.24
0.61
0.94
0.82
25-39
0.87
1.04
0.96
0.54
0.59
0.52
0.91
0.71
40-60
0.80
1.07
1.01
0.54
0.65
0.53
0.90
0.63
Fuente: OIT, con base en tabulaciones especiales de las Encuestas de Hogares de los países
a) La brecha de ingresos para los asalariadas en el sector privado muestra una tendencia a
crecer en la última década, lo que se manifiesta en las mujeres más jóvenes
(20-24
años)
y
en las de mayor edad
(40-60 años).
Esta brecha disminuye para las mujeres entre 25-39 años.
b) En el sector público, si bien los datos reflejan que los ingresos de las mujeres son
iguales o ligeramente mejores que los de los hombres, también se percibe un ligero
deterioro relativo entre 1990 y 1999, para las mujeres de mayor edad, aun cuando sus
ingresos promedio por hora, están levemente por encima de los de los hombres.
c) En el sector informal total, incluídas las trabajadoras por cuenta propia, la situación
cambia radicalmente : la brecha de ingresos fue en 1999, de un poco más de un 52% en
todos los grupos de edad. Esto significa que los ingresos promedio por hora de las mujeres
que trabajan en el sector informal son prácticamente la mitad de los que obtienen los
hombres en ese mismo sector. Además, en este caso : a mayor edad, mayor brecha.
22
Información estadística detallada sobre la relación entre ingresos promedio mujer/hombre : en el
Cuadro....del Anexo Estadístico.

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40
6.
Las brechas de participación de la fuerza de trabajo.
La tasa de participación de la fuerza de trabajo se define como la relación entre la fuerza de
trabajo y la población en edad de trabajar, expresada en porcentajes. La fuerza de trabajo
es la suma del número de personas ocupadas y el número de personas desempleadas.
La tasa de participación de la fuerza de trabajo permite determinar la parte
económicamente activa de la población en edad de trabajar de un determinado país, es en
síntesis una suma tanto de la población empleada como de la desempleada e inactiva.
CUADRO 24
HONDURAS TASAS DE PARTICIPACIÓN POR SEXO Y POR TRAMOS DE EDAD
PARA EL PERÍODO 1995-2001
(PORCENTAJES)
Año
Sexo
15 años y más
15-24
15-64
25-54 a/
55-64
65 y más años
Masc
86.4
77.3
88.0
96.1
86.3
71.0
1995
Fem
34.7
27.8
36.1
43.0
26.6
17.4
Masc
87.8
83.5
88.1
92.3
86.9
76.0
1996
Fem
40.1
33,5
40.8
48.7
35.9
17.1
Masc
87.6
83.6
88.0
92.2
86.4
75.7
1997
Fem
41.3
34.2
42.0
49.6
37.7
18.0
Masc
87.5
80.3
89.3
96.5
86.4
69.2
1998
Fem
42.3
35.1
44.0
51.4
34.0
22.1
Masc
88.0
79.5
89.8
97.6
91.2
66.0
1999
Fem
45.8
38.7
47.7
55.0
39.4
22.9
Masc
84. 8
73.4
86.7
95.7
---
62.8
2001
Fem
42.5
35.3
44.7
52.4
---
16.5
Fuente: OIT/SIAL Base de datos Laboral
Nota: Para el año 2001 los datos correspondientes al rango 25-54 han sido reestandarizados a 25-34. Los datos excluyen el
área en que se concentra la población indígena.
En el Cuadro anterior se presentan los datos desglosados de la población activa, según el
sexo y el grupo de edades, lo que permite un primer acercamiento a las características de
la distribución porcentual de población económicamente activa en edad de trabajar.
a) Se observa que la tasa de participación de las mujeres de 15 años y más se ha
incrementado de un 34.7% que representó en 1995 a un 42.5% en el 2001, lo que significa
un incremento de casi 8 puntos porcentuales en el período considerado, situación que se
repite en el grupo de edad 15-24 años.
b) Paralelamente y para el mismo período se observa un ligero decremento de la tasa de
participación masculina en 3 puntos porcentuales.
c) Como un dato relevante, llama la atención el incremento de la tasa de participación de
ambos sexos en el rango de edad 55-64 años en el quinquenio 95-99. En el caso de las
mujeres este incremento es de 13 puntos porcentuales, superior al del grupo de jóvenes
entre 15 y 24 años, lo que podría estar señalando la necesidad de las mujeres de generar
ingresos, independientemente de su edad.

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41
d) La tasa de participación de las mujeres mayores de 65 años es notablemente inferior a
la de los hombres en ese mismo rango de edad que siguen teniendo un notable 63% de
participación el 2001. Esta situación refleja la precariedad de los sistemas de pensiones en
el país, a la que ya hicimos mención, por un lado y por otro - que no es excluyente - puede
estar indicando la persistencia de pautas culturales muy arraigadas en las que resulta más
aceptable que las mujeres de la tercera edad sean mantenidas por sus familias, que los
hombres en esa misma condición.
7.
Las brechas de empleo en el sector formal y el sector informal de la economía
Analizando el crecimiento del empleo por rama de actividad y sexo se obtienen las
siguientes evidencias:
a) El empleo creció a una tasa de 4.8% entre 1990-1999. Por ramas de actividad ese
crecimiento fue mayor en los establecimientos financieros, el comercio y la manufactura
en porcentajes que van entre el 7 y el 10 por ciento, dicho de otra forma estas ramas
crecieron entre 2 y 5 puntos de por ciento por encima del promedio. La agricultura creció
en un 2.4 por ciento, lo cual está por debajo del promedio del crecimiento total del empleo.
b) Al analizar el crecimiento del empleo para el período 1990-1999, por rama de actividad
y sexo resulta que el empleo para los hombres creció a nivel general en un 3.4% en
contraste con el crecimiento del empleo de las mujeres que fue de un 7.6%, lo que más que
duplica, el crecimiento del empleo masculino.
En orden de importancia y por sexo:
El empleo masculino creció de la siguiente forma: en los establecimientos financieros
(9.3%), seguido en orden de importancia por el empleo en la manufactura, los servicios
y el comercio, (
entre un 5.5% y un 5.3% en cada rama)
. En concordancia con la tendencia
total del PIB agrícola, el empleo masculino en la agricultura creció solo un 2.1%.
Por su parte el empleo femenino creció en orden de importancia en los
establecimientos financieros
(casi un 12%)
, seguido por la manufactura, el comercio y el
transporte
(casi un 9%
) y como dato interesante se dio en el período un significativo
crecimiento del empleo de las mujeres en la agricultura (8.5%).

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Proyecto Género, Pobreza y Empleo, OIT
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42
CUADRO 25
HONDURAS EMPLEO POR RAMA DE ACTIVIDAD: DISTRIBUCIÓN, CRECIMIENTO Y CONTRIBUCION 1990-
1999 A NIVEL TOTAL Y POR SEXO
(porcentajes)
Tota
l
Agricul
tura
Minas
Manuf
actura
Servici
os
público
s
básicos
Constr
ucción
Comer
cio
Transp
orte
Estable
cimient
os
financi
eros
Servici
os
TOTAL
Distribución 1999
100 35.1 0.1
16.8
0.3
4.6
20.9 2.4
2.1
17.7
Crecimiento 1990-
1999
4.8 2.4
-17.0 7.2
-0.4
4.1
7.3
4.7
10.1
5.2
Contribución 1990-
1999
100 19.7 -0.6
23.0
-0.0
4.1
29.0 2.4
3.6
18.9
HOMBRES
Distribución 1999
100 51.3 0.0
12.3
0.4
7.2
11.8 3.3
2.1
11.6
Crecimiento 1990-
1999
3.4
2.1
-16.2
5.5
-1.9
4.1
5.3
4.3
9.3
5.3
Contribución 1990-
1999
100 33.3 -1.2
18.0
-0.3
8.3
16.9 4.0
4.4
16.6
MUJERES
Distribución 1999
100 6.2
0.0
25.0
0.2
0.3
36.9 0.7
2.2
28.5
Crecimiento 1990-
1999
7.6 8.5
-0.0
8.8
7.2
4.1
8.7
8.6
11.7
5.1
Contribución 1990-
1999
100 6.7
-0.1
27.7
0.2
0.1
40.6 0.8
2.8
21.2
Fuente: OIT, Del Cid, José Rafael; Ordóñez, Fidel, Trabajo decente y pobreza en Honduras. Hacia un pacto social para un
crecimiento económico con equidad y el combate de la pobreza extrema. Honduras, Oficina Internacional del Trabajo, 2002.
ISBN 92-2-313335-1
La estructura del empleo no agrícola para 1999 en Honduras refleja por un lado el fuerte
peso del sector informal (60.7%), vis a vis un 39.3% de empleo en el sector formal.
El sector formal da empleo a una tercera parte de las mujeres, y a casi la mitad de los
hombres, ambos sexos trabajan en un porcentaje similar en el sector público de alrededor
de un 10%, más de una tercera parte de los hombres trabajan en el sector privado en
empresas de diferente tamaño y menos de una cuarta parte de las mujeres encuentran ahí su
nicho de empleo.
7.1 Las brechas en el sector informal
En el sector informal, el empleo es altamente feminizado, siendo la fuente de empleo
para dos terceras partes de las mujeres y un poco más de la mitad de los hombres, pero
además la mayoría de las mujeres se desempeñan como trabajadoras independientes (casi

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Proyecto Género, Pobreza y Empleo, OIT
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43
un 50%) del total que laboran en el sector, seguido de lejos por el empleo en el servicio
doméstico y en las microempresas de hasta un máximo de 5 trabajadores.
CUADRO 26
HONDURAS ESTRUCTURA DEL EMPLEO NO AGRÍCOLA. 1999
(porcentajes)
Sector informal
Sector formal
Años
Total
Trabajador
independiente
a/
Servicio
domestico
Microempres
as b/
Total
Sector
público
Pequeñas,
medianas y
grandes
empresas
privadas c/
1999
Total
60.7
39.6
5.5
15.6
39.3
10.1
29.2
Masc
53.3
28.6
0.7
23.9
46.7
9.4
37.3
Fem
67.6
49.8
9.9
7.9
32.4
10.6
21.7
Fuente: Elaboración OIT, en base de Encuestas de Hogares
a/ Incluye trabajadores por cuenta propia (excepto los administrativos, profesionales, y técnicos) y trabajadores familiares
b/ Ocupados correspondientes a establecimientos que cuentan con hasta 5 trabajadores
c/ Incluye a empresas con 6 o más ocupados
En el Cuadro anterior se observa la preeminencia del sector informal en la estructura del
empleo no agrícola a nivel total
(60.7%),
vis a vis el aporte del sector formal al empleo de
un 39% y del sector público de una 10%.
Los datos revelan que, las mujeres trabajadoras que generan sus ingresos en el sector
informal, representaron en 1999 el 67.6% del empleo femenino. Este porcentaje está
constituido en un 50 % por el cuentapropismo o dicho de otra forma, por trabajadoras
independientes; casi un 10% como trabajadoras asalariadas en el servicio doméstico
23
y
casi un 8% como microempresarias.
Los datos de los que se dispone no permiten tener una aproximación de la magnitud del
trabajo por subcontratación o contratos atípicos, que se realiza en los hogares o en
pequeños talleres con la intermediación de subcontratistas. El tipo de subcontratación más
frecuente en Centroamérica tiene que ver con la maquila de vestuario. La subcontratación
en condiciones de precariedad laboral es parte de la flexibilización derogatoria de la
normativa laboral. La OIT analiza de la siguiente forma este fenómeno en el marco del
avance hacia el trabajo decente:
24
... conciliar las tendencias a la desregulación laboral que conlleva al fomento de
contratos atípicos y que con el argumento de los altos costos laborales (que suelen
señalarse más desfavorablemente en contra de las mujeres), tienden a afectar las
condiciones de trabajo decente de la mujer. Otra línea de desafíos y de énfasis de
políticas se presenta en relación a la necesidad de asegurar el cumplimiento efectivo
de las normas que estipulan la equidad de género en el mercado laboral, pero que
23
El trabajo doméstico asalariado es considerado como un empleo "atípico".
24
Trejos Solorzano Juan Diego, El trabajo decente y el sector informal en los países del istmo centroamericano
(Documento Preliminar), San José, Costa Rica, Oficina Internacional del Trabajo, 2002.

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Proyecto Género, Pobreza y Empleo, OIT
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44
requieren en muchos casos de una adecuada reglamentación y, sobre todo, una
efectiva supervisión de la autoridad competente para hacerlas a la realidad."
25
De acuerdo con un estudio realizado por la OIT, sobre el sector informal en
Centroamérica; el empleo femenino en los micronegocios en Honduras
(1999)
lo realizan
las mujeres en un 73% como trabajadoras independientes. Por estratos de concentración el
94% de las mujeres en Honduras se ubica en los estratos de baja productividad y dentro de
este se ha calculado que un 68% se concentra en el estrato de subsistencia.
26
El porcentaje
de mujeres asalariadas en los micronegocios es de un escueto 7%, que está incluso, muy
por debajo del porcentaje de trabajadoras familiares no remuneradas en los micronegocios
que para 1999 alcanzaba el 20% del empleo en este tipo de actividades.
Los tamices del mercado de trabajo para las mujeres con menor nive l educativo y con
menores oportunidades por su origen socioeconómico, comprimen las oportunidades
ocupacionales a los estratos menos productivos de los micronegocios y la informalidad o
sea aquellos estratos de "acumulación simple" que a duras penas permiten la
supervivencia.
CUADRO 27
HONDURAS: EMPLEO DE LAS MUJERES EN LOS MICRONEGOCIOS NO AGRICOLAS POR
ESTRATO PRODUCTIVO Y POR TIPO DE ESTABLECIMIENTO.1999 1/
( Cifras Absolutas y relativas en porcentajes)
Por Estrato Productivo
100
Moderno
6
-De Baja Productividad
94
- De Acumulación Ampliada
10
- De Acumulación Simple
6
- De Subsistencia
68
Por tipo de Establecimiento
100
- Microempresas
12
. Cuentapropismo o autoempleo
88
Fuente : OIT, Trejos Juan Diego, El Sector Informal en Centroamérica..............
1/ : Cifras preliminares.
2/ Establecimientos privados no agrícolas de 1 a 4 trabajadores
En los tres Cuadros siguientes se pueden observar las diferencias entre mujeres y hombres,
en la participación en el empleo informal por ramas de actividad, a nivel nacional, urbano
y rural.
25
IBID
26
IBID, Ver Cuadro 23 América Central : Papel de las Mujeres dentro de los micronegocios no agrícolas por
país en 1999.

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Proyecto Género, Pobreza y Empleo, OIT
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45
a) En las brechas a nivel nacional se observa fundamentalmente que:
-en la agricultura, para el quinquenio analizado
(1995-1999),
la brecha de participación por
sexo se redujo y que cada vez más mujeres se desempeñan en el sector agrícola urbano en
tareas informales;
27
- en las ramas de la industria, los servicios y las actividades no agrícolas, las mujeres
continúan estando sobrerepresentadas en el sector informal y se mantiene una tendenc ia
constante durante los años considerados a que el porcentaje se incremente paulatinamente.
b) En las brechas a nivel urbano entre el empleo de mujeres y hombres, las primeras están
fuertemente sobrerepresentadas en casi todas las ramas de actividad, con excepción de la
agricultura, - pero con una disminución sensible de la brecha durante el quinquenio- lo que
evidencia una creciente participación de las mujeres en actividades agrícolas en
condiciones de informalidad en el sector urbano.
c) En las brechas a nivel rural, el fenómeno es similar que a nivel urbano, con una
sobrerepresentación de las mujeres en todas las ramas de actividad, excepto la agricultura,
en la que sin embargo se observa una reducción sostenida de la brecha entre ambos sexos.
CUADRO 28
HONDURAS: SECTOR INFORMAL BRECHAS DE EMPLEO COMPARATIVAS ENTRE
MUJERES Y HOMBRES A NIVEL NACIONAL POR RAMA DE ACTIVIDAD Y SEXO
(TASAS DE EMPLEO POBLACIÓN MAYOR DE 15 AÑOS POR AÑO)
Ramas de
Actividad/Sexo
1995
%
1996
%
1997
%
1998
%
1999
%
Total
Hombres
65
66
66.2
66.1
66.6
Mujeres
61.5
64.1
63.5
62
64.2
Brechas %
94.6
97.1
96
93.7
96.5
Agricultura
Hombres
83.3
84.1
83.7
83.2
85.9
Mujeres
40
59.3
51.8
53.2
67.3
Brechas %
48.1
70.6
61.8
64
78.3
Industria
Hombres
40.6
43.7
42.7
44.8
41.4
Mujeres
60.5
60.5
60
52.8
55.3
Brechas %
148.9
138.5
140.4
117.9
133.5
Servicios
Hombres
48
47.7
51.1
51.4
51.3
Mujeres
63.6
66.2
66.2
66.4
67.3
Brechas %
132.5
138.8
129.6
129.2
131.3
Act No Agrícolas
Hombres
44.8
46
47.7
48.7
47.2
Mujeres
62.7
64.5
64.4
62.6
64
Brechas %
140.1
140
135.1
128.7
135.6
Fuente: OIT, Base de Datos Laboral, ETM, San José, Costa Rica

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Proyecto Género, Pobreza y Empleo, OIT
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CUADRO 29
HONDURAS: SECTOR INFORMAL BRECHAS DE EMPLEO A NIVEL URBANO POR RAMA DE
ACTIVIDAD Y SEXO - (TASAS DE EMPLEO POBLACIÓN MAYOR DE 15 AÑOS POR AÑO )
Ramas de
Actividad/Sexo
1995
%
1996
%
1997
%
1998
%
1999
%
Total
Hombres
45.3
45.4
47.8
47.9
47.1
Mujeres
55
54.2
55
54
55.3
Brechas %
121.5
119.3
114.9
112.7
117.6
Agricultura
Hombres
73.8
68.5
73.5
69.4
70.6
Mujeres
9.7
14.2
25
22.7
35.8
Brechas %
13.2
20.7
34
32.7
50.8
Industria
Hombres
35.7
39.2
36.4
38.3
36.1
Mujeres
48.2
44.2
46.3
42.9
46.3
Brechas %
134.9
112.9
127.1
112.2
128.4
Servicios
Hombres
45.1
43.7
48.6
49.1
48.1
Mujeres
58.3
59
58.8
58.5
59.3
Brechas %
129.5
134.9
120.9
119
123.1
Act No Agrícolas
Hombres
41
41.9
43.7
44.8
43.5
Mujeres
55.7
54.9
55.4
54.4
55.7
Brechas %
135.7
131.1
126.7
121.3
128.1
Fuente: OIT, Base de Datos Laboral, ETM, San José, Costa Rica.
CUADRO 30
HONDURAS: SECTOR INFORMAL BRECHAS DE EMPLEO A NIVEL RURAL POR RAMA DE
ACTIVIDAD Y SEXO - (TASAS DE EMPLEO POBLACIÓN MAYOR DE 15 AÑOS POR AÑO )
Ramas de
Actividad/Sexo
1995
%
1996
%
1997
%
1998
%
1999
%
Total
Hombres
78.4
80.1
79.3
79.4
80.7
Mujeres
72.7
79.1
76.6
74.7
77.9
Brechas %
92.8
98.7
96.5
94.1
96.5
Agricultura
Hombres
84.3
85.9
85
84.7
87.8
Mujeres
47
66.2
55.8
57.2
74.7
Brechas %
55.8
77.1
65.7
67.5
85.1
Industria
Hombres
53.7
56.5
59.3
61.3
52.9
Mujeres
78.4
83.1
79.5
69
70.8
Brechas %
145.9
147.1
134.1
112.5
133.8
Servicios
Hombres
57.1
58.9
58.6
59
61.3
Mujeres
75
80.5
80.7
82
81.1
Brechas %
131.3
136.6
137.8
139
132.3
Act No Agricolas
Hombres
55.6
57.9
58.9
60.1
57.3
Mujeres
76.1
81.4
80.3
78.1
78.3
Brechas %
137.1
140.5
136.4
130
136.8
Fuente: OIT, Base de Datos Laboral, ETM, San José, Costa Rica.

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Proyecto Género, Pobreza y Empleo, OIT
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47
Las tendencias en el empleo al interior del sector informal de las mujeres, demuestran sin
lugar a dudas la afirmación de que el sector informal es por excelencia la "esponja" que
absorbe el empleo femenino y además esta absorción, no permite superar los límites de la
pobreza y la indigencia, que se derivan de la brecha de ingresos en este sector.
Como ya ha sido analizado, las mujeres trabajadoras del sector informal perciben en
promedio la mitad de los ingresos que perciben los hombres en ese mismo sector, aun
cuando la brecha tiende a reducirse ligeramente en la última década, lo que debe ponerse
en perspectiva con la muy baja participación en el ingreso global que tiene la población
más pobre.
8.
Las brechas por ocupación a nivel urbano y rural
En los dos Cuadros siguientes puede observarse la distribución por rama de actividad y
por categoría ocupacional de las mujeres ocupadas tanto en el área urbana como en el área
rural.
De la comparación de la ocupación en área urbana y rural se deducen las siguientes
evidencias:
a) Las asalariadas a nivel urbano representan casi un 60% y las asalariadas a nivel rural
un 37%. Las cuentas propias a nivel urbano son un 40% y un 63% a nivel rural. Dicho de
otra forma es mucho más extendida la relación laboral salarial en el área urbana que en la
rural.
b) Las asalariadas que laboran en el sector privado, prácticamente duplican
porcentualmente a las asalariadas que trabajan en el sector privado, en el sector público y
en el servicio doméstico.
c) Las trabajadoras por cuenta propia son porcentualmente más en el área rural que en el
área urbana, con una diferencia de 22 puntos porcentuales.
d) El empleo femenino asalariado agrícola tiene un gran peso (38%), en contraste el
empleo en la agricultura por cuenta propia no alcanza al 10%, lo que podría estar
revelando un fuerte proceso de descampesinización del trabajo femenino pagado. En este
sentido y considerando la tasa de crecimiento de las mujeres en la agricultura en la década
del 90-99, se hace evidente que este crecimiento se ha dado preferentemente como
trabajadoras de empresas agrícolas, pecuarias y pesqueras. Faltaría contestar la pregunta
sobre el carácter de la triple jornada de trabajo de la mujer rural en relación con el
desarrollo de las relaciones salariales, la atención de la esfera reproductiva familiar y el
trabajo en las economías de subsistencia campesinas e incluso en las pequeñas unidades de
producción agropecuaria que venden sus productos en el mercado interno.

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Proyecto Género, Pobreza y Empleo, OIT
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06/11/03
48
La mujer rural, desempeña, hoy como ayer, una serie de tareas de producción y de
seguridad alimentaria; trabaja jornadas dobles; supera crisis económicas, programas de
ajuste estructural, conflictos armados y sequías, y forma parte del fenómeno de
feminización de la pobreza. Desempeña actividades no retribuidas que no se consideran
para la planeación y elaboración de políticas y programas de desarrollo.
El empleo para las mujeres rurales en el sector formal es claramente menor que para las
mujeres en el sector urbano, lo que fomenta el trabajo por cuenta propia, en la gama de
actividades relacionadas mayoritariamente con el comercio y los servicios de comida
(fondas, sodas, etc.)
28
CUADRO 31
HONDURAS MUJERES OCUPADAS EN EL AREA URBANA POR RAMA DE ACTIVIDAD Y CATEGORIA
OCUPACIONAL 1998 en cifras y porcentajes
Total
%
Asalariadas
Empleadas
privadas
Empleadas
Publicas
Empleadas
domésticas
Cuenta
propia
Total empleo femenino
412,566
100.0
40.5
13.8
4.3
41.4
Agricultura
8,353
2.0
3.7
0.0
0.0
1.3
Minas y canteras
748
0.2
0.4
0.0
0.0
0.0
Ind. Manufacturera
85,364
20.7
36.8
0.0
0.0
13.9
Electricidad, gas, agua
69
0.0
0.0
0.0
0.0
0.0
Construcción
1,371
0.3
0.6
0.0
0.0
0.2
Comercio, hoteles, restaurantes
164,004
39.8
27.7
0.0
5.2
68.3
Transporte, almac. comunic
5,185
1.3
2.1
1.8
0.0
0.4
Est. Financieros y Seguros
17,588
4.3
8.8
1.4
0.0
1.2
Adm Publica y Defensa
53,917
13.1
0.0
95.0
0.0
0.0
Serv. com, sociales y
personales
75,967
18.4
19.8
1.8
94.8
14.7
Fuente: Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH), 1998 Honduras
Existe una visión estereotipada al analizar el trabajo de las mujeres en las áreas rurales, que
consiste en seguir otorgando un peso excesivo a las actividades agrícolas y pecuarias, ya
sean estas remuneradas o actividades por cuenta propia dentro de las economías
campesinas. Esta visión, es necesario cuestionarla para poder avanzar en la definición de
políticas de empleo para la población pobre y muy pobre en esas áreas, que en el caso de
Honduras alcanzó en el 2001 un 73.8% de hogares rurales en pobreza, de los cuales un
60.5% califican como "muy pobres".
29
Al contrario de la sabiduría tradicional, que supone que “rural = sector primario", la
composición del empleo de las mujeres en las áreas rurales permite deducir que existe una
creciente y fuerte diversificación de los ingresos rurales. Esto adquiere particular sentido
en el caso de la población campesina sin tierra, o con tierra pero sin acceso a otros
28
Debe recordarse que las mujeres campesinas no están incluídas en el sector informal, sino en el empleo en
la agricultura.
29
Honduras, Encuesta de Hogares y Propósitos Múltiples, mayo, 2001.

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Proyecto Género, Pobreza y Empleo, OIT
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06/11/03
49
factores productivos; que al enfrentar la realidad de la precariedad de los ingresos
provenientes de las actividades agropecuarias, se ven "empujados" a diversificar las
fuentes de generación de ingresos.
La vulnerabilidad en la que se encuentra la mujer rural depende de la evolución del
mercado de trabajo e implica condiciones de riesgo, inseguridad e indefensión. Entre la
multiplicidad de causas están las siguientes:
Dificultades en el acceso a la propiedad y al crédito.
Desarrollo tecnológico inapropiado y dificultades en el acceso a la información.
Deterioro progresivo de la base ambiental y productiva.
Precariedad en las posibilidades de protegerse de las catástrofes naturales, tales como
sequías, terremotos, inundaciones, etc.
Precariedad e insuficiencia de los servicios del Estado en salud, alfabetización,
educación/capacitación, caminos, luz eléctrica, agua potable, teléfonos, etc.; que se
expresa en aislamiento geográfico, y sin embargo permite la filtración masiva de la
sociedad de consumo por medio de la radio o de la televisión.
Precariedad en los servicios de transporte público.
Fragmentación del tejido social tradicional de organización social.
Dificultades en las microemprendimientos para lograr generar excedentes que les
permitan una mayor proyección económica y social.
Ruptura del tejido familiar por la migración interna de las mujeres hacia zonas en que
existen puestos de trabajo y altas tasas de fecundidad, por encima del promedio
nacional.
Persistencia a nivel de los gestores de políticas de una visión del mundo rural ligada al
sector agropecuario y/o la pesca, a pesar de la evidencia empírica que demuestra la
profundización de las relaciones salariales y del sector informal en el mundo rural.

Page 50
Proyecto Género, Pobreza y Empleo, OIT
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50
CUADRO 32
HONDURAS MUJERES OCUPADAS EN EL AREA RURAL POR RAMA DE ACTIVIDAD Y
CATEGORIA OCUPACIONAL 1998
Asalariadas
Total
%
Emplea
das
privada
s
Empl
eadas
Publi
cas
Emple
adas
domés
ticas
Cuenta
propia
Total empleo
femenino
237,135
100.0
27.5
7.2
2.0
63.3
Agricultura
37,464
15,8
37.8
0.0
0.0
8.5
Minas y canteras
0
0.0
0.0
0.0
0.0
0.0
Ind. Manufacturera
37,638
15,9
21.7
0.0
0.0
15.7
Electricidad, gas,
agua
0
0.0
0.0
0.0
0.0
0.0
Construcción
0
0.0
0.0
0.0
0.0
0.0
Comercio, hoteles,
restaurantes
107,661
45.4
13.3
0.0
0.0
66.0
Transporte, almac.
comunic
2,102
0.9
2.0
0.0
0.0
0.5
Est. Financieros y
Seguros
903
0.4
1.4
0.0
0.0
0.0
Adm Publica y
Defensa
16,161
6.8
0.0
95.0
0.0
0.0
Servicios
comunales, sociales
y personales
35,307
14.8
23.8
5.5
100.0
9.3
Fuente: Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH), 1998 Honduras
8.1 Las características de las mujeres ocupadas
En el apartado correspondiente veíamos que la tasa de participación de las mujeres de 15
años y más, alcanzó en 1999 un relevante 45.8%. Al complementar este dato con la tasa de
ocupación de las mujeres entre la población en edad de trabajar para ese mismo año se
observa que ésta represento un 36.4% de la (Población en Edad Trabajar -PET-).
La tasa de ocupación fue más alta para las mujeres entre 15 y 24 años de edad, seguida en
orden de importancia por las que se encuentran entre 55 y más años. Se observa asimismo
que las niñas/adolescentes entre 10 y 14 años de edad representan casi un 10% de las
mujeres ocupadas, porcentaje que parece haberse incrementado cerca de 6 puntos
porcentuales con relación a 1990, pero que aun así está muy por debajo del 23.6% en 1999
de niños/adolescentes varones, cuya tasa también se ha incrementado en 5 puntos para el
período en consideración. Estas tasas de ocupación de los muy jóvenes de ambos sexos,
es un indicador más de la precariedad de los hogares y de los servicios educativos.

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Proyecto Género, Pobreza y Empleo, OIT
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CUADRO 33
HONDURAS TASA DE OCUPACIÓN Y DESOCUPACIÓN, POR SEXO Y GRUPOS DE EDAD
TOTAL
HOMBRES
MUJERES
Años y
grupos de
edad
Tasa
ocupa-
ción
1 *
Tasa
ocu-
pación
2**
Tasa
deso-
cupa-
ción+
Tasa
Ocupa-
ción
1 *
Tasa
Ocupa-
ción
2**
Tasa
deso-
cupa-
ción+
Tasa
ocupa-
ción
1*
Tasa
ocupa-
ción
2**
Tasa
deso-
cupa-
ción +
1990
46.6
95.8
4.1
69.2
96.3
3.7
25.2
94.8
5.2
10-14
años
11.3
97.5
2.5
18.5
97.5
2.5
3.6
97.6
2.4
15-24
años
47.5
93.0
7.0
74.0
94.3
5.7
23.1
89.3
10.7
55 y más
47.1
98.2
1.8
74.0
97.8
2.2
21.5
99.7
0.3
1994
47.8
97.2
2.7
68.8
97.4
2.1
28.1
96.9
3.1
10-14
años
10.5
99.1
0.0
15.5
98.9
1.1
5.2
99.6
0.4
15-24
años
49.2
95.0
5.0
72.3
95.7
4.3
27.1
93.1
6.9
55 y más
45.8
98.8
1.1
73.4
98.6
1.4
19.0
99.9
0.1
1999
53.1
96.7
3.3
71.5
96.7
3.3
36.4
96.7
3.3
10-14
años
16.2
99.0
1.1
23.3
98.6
1.4
9.2
99.4
0.6
15-24
años
53.4
94.3
5.7
73.8
94.8
5.2
34.0
93.4
6.6
55 y más
50.7
98.7
1.3
75.0
98.4
1.6
28.7
99.5
0.5
Fuente: OIT/SIAL /ORG/PAN
* Tasa de ocupación 1 = Número de ocupados entre la PET
** Tasa de ocupación 2= Número de ocupados entre la PEA
+ Tasa de desocupación: Número de desocupados entre la PEA.
En el siguiente Cuadro se ofrece una visión resumida de la distribución del empleo por tipo
de ocupación y por categoría ocupacional para cada sexo durante 1999. Los hombres por
tipo de ocupación trabajan en más de un cincuenta por ciento en la agricultura, seguido de
lejos por el trabajo como artesanos y operarios y en tercer lugar como comerciantes y
vendedores. Estos tres tipos de ocupación aglutinan a más de dos terceras partes de los
hombres ocupados en 1999. La fuente principal de ocupación continua siendo la
agricultura.
Las mujeres ocupadas se desempeñan en orden de importancia como comerciantes y
vendedoras, trabajadoras de los servicios, obreras y jornaleras y artesanas y operarias.
Estas cuatro tipos de ocupación aglutinan a más de la tercera parte de las mujeres ocupadas
en 1999. La fuente principal de ocupación es el comercio, y los servicios.
Analizando el empleo por categoría ocupacional, se observa que casi un 40% de los
hombres trabajan como empleados privados, lo que al relacionarlo con el alto porcentaje
de ocupados en la agricultura, nos está señalando que se trata principalmente de empleo
asalariado a nivel agricola. Un 36% de los hombres trabajan por cuenta propia.

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Proyecto Género, Pobreza y Empleo, OIT
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Las mujeres por categoría ocupacional trabajan mayoritariamente por cuenta propia y
como empleadas privadas, en el caso de los hombres la relación se invierte y la mayoría
trabaja como empleados privados, seguido en orden de importancia por los cuenta propia.
La participación de las mujeres en el sector público representó en 1999 un 10% en la
distribución del empleo femenino.
CUADRO 34
HONDURAS EMPLEO POR OCUPACIÓN Y CATEGORÍA OCUPACIONAL (CIUO-68) Y SEXO
Total
Hombres
Mujeres
Distribución 1999
Distribución 1999
Distribución 1999
Empleo por Ocupación
Total Empleo/Ocupación
100.0
100.0
100.0
Profesionales y técnicos
6.3
4.5
9.6
Gerentes y administrativos
2.4
2.3
2.6
Empleados de oficina
4.1
2.8
6.4
Comerciantes y vendedores
16.9
9.4
30.4
Agricultores
34.8
51.1
5.7
Trabajadores del transporte
2.2
3.5
0.0
Artesanos y operarios
14.3
16.2
11.0
Obreros y jornaleros
5.7
2.6
11.4
Otros artesanos y operarios
2.1
2.6
1.3
Trabajadores en servicios
11.1
5.2
21.7
Empleo por categoría ocupacional
Total empleo/ categoría
100.0
100.0
100.0
Empleado público
6.6
4.6
10.0
Empleado privado
39.8
41.6
36.4
Cuenta propia
36.1
35.1
37.9
Patrono o socio
4.6
5.5
3.0
Familiar no-remunerado
13.0
13.3
12.6
Fuente: OIT/ETM, Base de Datos Laboral, San José
8.2 La brecha de ingresos por tipo de ocupación
En términos relativos y para 1999 el 67% de las mujeres trabajadoras por cuenta propia y
el 91% de las trabajadoras en servicio doméstico se ubicaron en los grupos ocupacionales
de mayor pobreza. Esos indicadores no dicen mucho si no se relacionan con la
contribución al empleo de las diferentes categorías ocupacionales, porque realmente tiene
muy poco significado estadístico el que un 89% de los hombres trabajadores domésticos se
ubiquen en los perceptores de menor ingreso, si la cantidad de hombres en esa ocupación
1999 es de apenas un 0.7%, frente al 9. 9 % que representa el empleo de las mujeres en
esta actividad.
Visto desde cualquier vertiente el empleo de las mujeres en las ocupaciones por cuenta
propia y en el trabajo doméstico asalariado, es claramente mayor en el decil de ingreso
que corresponde al 40% y más bajo; dicho de otra forma son mujeres, como hemos venido
reiterando en condiciones de pobreza y por ende de exclusión social.

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Proyecto Género, Pobreza y Empleo, OIT
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CUADRO 35
HONDURAS EMPLEO POR GRUPO OCUPACIONAL Y DECILES DE INGRESO, 1999
Total
Hombres
Mujeres
40% y
más
bajo
Median
o
20%
más
rico
40% y
más
bajo
Media
no
20%
más
rico
40% y
más
bajo
Median
o
20%
más
rico
Empleado
público
3.4
39.7
52.8
2.9
39.5
54.1
3.7
39.9
51.6
Empleado
privado
22.0
38.2
12.4
24.8
39.1
13.0
15.5
36.3
10.8
Servicio
doméstico
88.6
10.6
0.3
60.5
35.9
3.6
91.2
8.2
0.0
Cuenta
propia
51.4
26.2
14.7
41.7
29.4
18.0
66.9
21.1
9.5
Patrono o
socio
6.3
21.0
70.3
4.6
20.4
73.2
13.1
23.3
58.7
Fuente: OIT; Del Cid, José Rafael; Ordóñez, Fidel, Trabajo decente y pobreza en Honduras. Hacia un
pacto social para un crecimiento económico con equidad y el combate de la pobreza extrema., Oficina
Internacional del Trabajo, San José 2002. ISBN 92-2-313335-1
NOTA: Los porcentajes no suman exactamente 100 porque no se están incluyendo a los empleados con
ingresos ignorados.
8.3 Las brechas por horas semanales de trabajo
CUADRO 36
HONDURAS OCUPADOS SEGÚN HORAS SEMANALES DE TRABAJO
1990
1999
1-20
21-40 41-48 49
horas
y más
Total
1-20
21-40 41-48 49
horas
y más
Total
Empleo no-
agrícola
16.8
24.6
24.8
33.5
100
11.7
33.1
31.0
24.2
100
Asalariados
formales
3.7
32.0
36.1
28.1
100
3.6
29.0
31.6
35.8
100
Hombres
1.3
11.1
15.5
14.3
100
2.6
23.6
33.7
40.1
100
Mujeres
5.0
43.9
34.8
16.2
100
4.0
37.9
30.3
27.8
100
Asalariados
informales
30.0
11.3
21.1
37.5
100
5.5
17.0
33.1
44.3
100
Hombres
21.3
13.9
35.0
29.6
100
5.0
15.7
41.6
37.7
100
Mujeres
36.9
9.2
9.9
43.8
100
6.1
18.9
21.4
53.6
100
Cuenta
propia
informales
21.2
26.6
15.3
36.6
100
29.0
26.7
17.9
31.5
100
Hombres
8.4
21.1
26.6
43.7
100
11.4
24.8
20.8
43.0
100
Mujeres
28.8
29.9
8.6
32.4
100
39.0
27.8
8.2
24.9
100
Fuente: OIT, Del Cid, José Rafael; Ordóñez, Fidel, Trabajo decente y pobreza en Honduras. Hacia un pacto social para
un crecimiento económico con equidad y el combate de la pobreza extrema, Oficina Internacional del Trabajo, San
José, 2002. ISBN 92-2-313335-1 NOTA: Los porcentajes no suman exactamente 100 porque no se están incluyendo a
los empleados en condición no determinada.

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Proyecto Género, Pobreza y Empleo, OIT
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La medición estadística del cuantum de horas de trabajo es un indicador que permite
relacionar al cuantum de personas ocupadas con las horas que laboran remuneradamente
por semana.
En el Cuadro anterior se observa:
a) Que entre 1990 y 1999 se duplica el porcentaje de hombres que trabajaron tiempo
completo en el sector formal
(entre 41 y 48 horas por semana
), así como de los hombres que
trabajaron 49 horas y más.
b) Para el mismo período disminuyó el porcentaje de las mujeres en el sector formal que
trabajaron tiempo completo y casi se duplicó el porcentaje de las que trabajan 49 horas y
más.
c) En el sector informal, se incremento tanto el porcentaje de hombres como el de mujeres
que trabajaron, bajo una relación salarial en pequeños micronegocios, tanto a tiempo
completo como en sobrejornadas de más de 49 horas. Sin embargo, para 1999, las mujeres
que trabajaron sobrejornadas, superan en 16 horas a las de los hombres en la misma
situación.
Estos indicadores señalan un deterioro de las condiciones de trabajo de ambos sexos, pero
sobretodo de las mujeres: Las que trabajan en el sector formal, al disminuir sus jornadas
de trabajo y en consecuencia sus ingresos.
Las que trabajan en el sector informal bajo relación asalariada
(54% del 100% en 1999)
, lo
hicieron trabajando, jornadas de 49 o más horas por semana.
8.4 Las brechas en la estabilidad laboral
Los indicadores de duración en el empleo, nos permiten visualizar la estabilidad en el
empleo y sus diferencias por razones de género, lo ideal sería contar con datos por ramas
de actividad y por tipo de ocupación, pero también es útil un acercamiento más grueso por
sectores de la economía. La hipótesis usualmente utilizada en los estudios sobre el mercado
de trabajo es que una mayor duración en el empleo es reflejo de una mayor estabilización
en el mercado de trabajo. El complemento de este indicador es el indicador de la rotación
en el empleo por rama de actividad, pero no contamos con datos confiables al respecto.
En el siguiente Cuadro se observa la duración media en el empleo de hombres y mujeres,
tanto en el empleo formal como en el empleo informal.

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Proyecto Género, Pobreza y Empleo, OIT
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CUADRO 37
HONDURAS OCUPADOS, SEGÚN DURACIÓN MEDIA EN EL EMPLEO TOTAL, FORMAL E INFORMAL NO
AGRICOLA-(porcentajes para 1990 y 1999)
1990
1999
Menos de 1
año
1 a 3 años
3 años y
más
Menos de 1
año
1 a 3 años
3 años y
más
Empleo total
22.7
16.6
60.2
29.6
18.1
52.2
Hombres
20.0
15.1
64.4
28.4
16.0
55.6
Mujeres
29.4
20.3
50.0
31.1
22.7
46.2
Empleo formal
27.0
19.6
53.0
34.4
23.3
42.2
Hombres
29.0
20.8
49.7
35.2
23.3
41.4
Mujeres
23.0
17.3
59.5
33.1
23.4
43.4
Empleo informal
32.2
20.3
47.2
31.9
20.5
47.6
Hombres
33.0
18.2
48.6
34.2
18.0
47.8
Mujeres
31.7
21.7
46.2
30.1
22.4
47.4
Fuente: OIT; Del Cid, José Rafael; Ordóñez, Fidel, Trabajo decente y pobreza en Honduras. Hacia un pacto
social para un crecimiento económico con equidad y el combate de la pobreza extrema., Oficina Internacional del
Trabajo, San José, 2002. ISBN 92-2-313335-1
NOTA: Los porcentajes no suman exactamente 100 porque no se están incluyendo a los empleados en condición
no determinada. Fuente: Con base a EHPM, mayo 1990, marzo 1999
Se observan las siguientes tendencias:
a) La duración en el empleo total de ambos sexos, muestra un deterioro en los dos años
seleccionados, al incrementarse el porcentaje de los ocupados que permanecen empleados
durante menos de un año.
b) A nivel del sector formal, es donde se observan las mayores diferencias: el incremento
de la inestabilidad es más marcado para las mujeres - 10 puntos porcentuales las ocupadas
por un período de un año o menos, lo cual está 6 puntos por encima de los hombres
ocupados- Se observa también que las ocupadas mujeres, por tres años y más, entre 1990
y 1999 disminuyeron en 16 puntos porcentuales, muy por encima de la disminución de los
9 puntos del porciento de sus pares hombres.
c) En contraste con la alta inestabilidad de la duración en el empleo formal, la duración en
el empleo informal no presenta cambios sustanciales y los porcentajes para los ocupados
de ambos sexos, como tendencia permanece con muy pequeñas variaciones.
9.
Las brechas de desempleo y subempleo
La tasa de desempleo en Honduras es relativamente baja, aun cuando se incrementó en el
2001, afectando mayormente a las mujeres, tal y como se observa en el siguiente Cuadro.

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CUADRO 38
HONDURAS : DESEMPLEO POR SEXO 1990-2001
1990
1991
1992
1993
1994
1995
1996
1997
1998
1999
2000
2001
Total
6.9
7.1
5.1
5.6
4.0
6.6
6.6
5.2
5.8
3.7
...
4.2
Hombres
9.6
13.1
9.8
5.9
5.9
10.7
11.8
5.9
6.3
3.7
...
4.0
Mujeres
5.2
4.1
3.0
5.1
3.1
4.1
4.4
4.3
5.1
3.8
...
4.8
Fuente: OIT, Base de Datos Laboral con base en Encuestas de Hogares
Nota: Excluye los Departamentos de Gracias a Dios e Islas de la Bahía
Es un hecho aceptado por los analistas del mercado de trabajo que una tasa de desempleo
baja, en países con altos niveles de pobreza, - en los que además no existe la protección
del seguro de desempleo - significa que las personas no pueden permitirse estar
desempleadas, y en consecuencia generan sus medios de subsistencia en el sector
informal de la economía.
En general, las definiciones nacionales del desempleo se han diseñado para capturar datos
en las Encuestas de Hogares, que reflejen una situación de total carencia de trabajo. En este
sentido la Comisión Internacional de Estadígrafos (CIET), definen como personas
empleadas a todas las que en la semana anterior a la Enc uesta, desempeñaron un trabajo
pagado, aunque fuera por solo 1 hora.
30
Dos indicadores que ofrecen una visión más completa del fenómeno del desempleo, son
el subempleo visible que refleja la insuficiencia de horas de trabajo para aquellos que
desean trabajar más, y el subempleo invisible que refleja al conjunto de personas que
trabajan la jornada semanal legal e incluso más y ganan menos de un salario mínimo en
relación con su categoría profesional.
La jornada diurna normal en Honduras es de 8 horas diarias y 44 horas a la semana,
pagadas como si fueran 48 horas.
31
Sin embargo el límite de horas que se utiliza para definir en las estadísticas la condición de
subempleado visible, está referido a todas aquellas personas que trabajan menos de 36
horas por semana, lo que evidentemente está por debajo de la jornada normal de trabajo en
el país.
30
Resolución sobre estadísticas de la población económicamente activa, del empleo, del desempleo y del
subempleo, adoptada por la decimotercera Conferencia Internacional de Estadígrafos del Trabajo (octubre de
1982) : Se considerará como "personas con empleo" a todas las personas que tengan más de cierta edad
especificada y que durante un breve período de referencia, tal como una semana o un día hayan
desempeñado algún trabajo pagado. Por razones practicas, la noción "algún trabajo" debe interpretarse
como una hora de trabajo por lo menos.
31
Ver : OIT, Cuadro Comparación de condiciones de Trabajo prevalescientes en Centroamerica y República
Dominicana, En Del Cid Miguel. Productividad y Salarios en Tres Países del Istmo Centroamericano: Costa
Rica, Honduras y Panamá, OIT/ETM, San José, Marzo 2000.

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Proyecto Género, Pobreza y Empleo, OIT
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57
La consecuencia de esta diferencia entre la jornada normal de trabajo y el límite de horas
que se utiliza para generar los datos estadísticos es una subvaloración de la real magnitud
del subempleo visible. Al respecto una especialista en estadística de la OIT, afirma:
32
El límite utilizado para excluir a personas del subempleo por insuficiencia de horas suele representar
un nivel de empleo a tiempo completo tal como lo fija la ley o la práctica corriente de los
establecimientos. Los trabajadores que ya trabajan las horas correspondientes al límite de tiempo
definido, o un poco más, se consideran ocupados a tiempo completo, y por tanto no son incluidos en
las estadísticas como subempleados por insuficiencia de horas, aun cuando estén deseosos o tengan
disponibilidad para trabajar horas adicionales. Desafortunadamente en muchos países el límite
escogido no refleja el empleo de tiempo completo... El nivel de tiempo completo para esos trabajadores
es superior al límite que escogen quienes hacen las políticas."
De acuerdo con datos de la Encuesta de Hogares y Propósitos Múltiples, en Honduras para
mayo del 2001 el comportamiento del subempleo fue el siguiente:
CUADRO 39
Honduras: Tasas de desempleo Abierto, Subempleo Visible e Invisible
2001
Por área
Tasa desempleo abierto
Tasa subempleo Visible
Tasa subempleo Invisible
Nacional
4.2
3.3
23.1
Urbano
6.3
3.5
13.3
Rural
2.1
3.1
32.9
Fuente: Encuesta de Hogares, mayo 2001, INE, Honduras.
Como es previsible, de acuerdo con los datos previos que ofrece este Estudio, el
subempleo invisible se duplica en las áreas rurales en comparación con las áreas urbanas y
está por encima del porcentaje a nivel nacional. Esto significa que prácticamente un 33 %
de la población rural no logra ganar el salario mínimo,
33
trabajando 36 o más horas por
semana.
9.1 Las brechas por duración en el desempleo
El tiempo de duración, en condición de desempleo, es también un indicador importante
que permite medir y proyectar la precarización de las condiciones de vida de la población
trabajadora.
En el siguiente Cuadro, se observan las tendencias para la década del noventa:
a) En términos generales la duración de hasta seis meses en condición de de desempleo se
redujo para hombres y mujeres. No obstante es mayor en términos relativos, el número de
mujeres que padece esta condición en comparación con los hombres.
32
Mata Greenwood,Adriana, Incorporación de las cuestiones de género a las estadísticas laborales,
Revista Internacional del Trabjo,Vol.118, No 3, OIT, Ginebra, 1999.